NICARAGUA.- A 44 años de las huelgas hospitalarias y en la construcción contra la jornada de 60 horas semanales


Por Victoriano Sánchez

El pasado 11 de junio se cumplieron 44 años del inicio de la grandiosa huelga de obreros de la construcción de Nicaragua y de los trabajadores hospitalarios, que duro más de un mes, y que logró doblegar a la dictadura somocista.

El terremoto de 1972

El terremoto del 23 de diciembre de 1972 destruyó la ciudad de Managua, debido a que sus casas en su mayoría, después del terremoto de abril de 1931, habían sido construidas con taquezal (horcones de madera, reglas y piedras con argamasa).

El terremoto de Managua dejó cerca de 10,000 muertos, la capital destruida, la economía dislocada, siendo un fuerte golpe a la estabilidad económica del somocismo.

La reconstrucción de Managua abrió una crisis sin precedentes en el régimen somocista, porque el fabuloso negocio que implicaba la construcción de una nueva ciudad, generó la primera gran pugna interburguesa entre el somocismo que quería comerse todo el pastel, y otros sectores burgueses tradicionales, que sentían que Somoza les hacía competencia desleal.

Fortalecimiento de los obreros de la construcción

Pero, contradictoriamente, la destrucción de Managua trajo aparejada un enorme fortalecimiento del Sindicato de Carpinteros, Armadores, Albañiles y Similares (SCAAS), que tuvo sus orígenes en el Sindicato de Obreros de la Construcción, afiliado a la Central General de Trabajadores de Nicaragua-Independiente (CGT-i) (usaba esa sigla distintiva para diferenciarse de la otra CGT controlada por el somocismo), que a su vez era dirigida y controlada por el Partido Socialista Nicaragüense (PSN)

Los historiadores nunca han proporcionado la cifra exacta de afiliados al SCAAAS, mientras unos hablan de unos 6,000 obreros de la construcción, otros hablan de entre 30,000 y 40, 000. Esta última cifra puede resultar muy alta para la fecha.

La Junta Nacional de Gobierno

El general Anastasio Somoza Debayle fue elegido presidente para el periodo 1967-1972, después de la masacre del 22 de enero y de un descarado fraude electoral. Somoza no podía reelegirse para un periodo inmediato, por prohibición constitucional. Entonces, después de firmar el Pacto Kupia Kumi en 1971 con el Partido Conservador, liderado por Fernando Agüero Rocha, cedió formalmente la banda presidencial, en mayo de 1972, a una Junta Nacional de Gobierno (JNG) compuesta por dos representantes del Partido Liberal Nacionalista (PLN) y uno del Partido Conservador, quienes funcionarían como gobierno por un periodo de dos años, mientras se redactaba una nueva Constitución, que le permitiría postularse nuevamente como candidato presidencial

Esta JNG gobernaba formalmente el país, aunque el somocismo seguía siendo el verdadero poder, cuando ocurrió el terremoto de 1972. Esta aprobó el Estado de Emergencia, una versión del Estado de Sitio, que implicaba una mayor centralización del poder y restricción de las pocas libertades democráticas existentes.

Agravamiento de la crisis económica

A partir del terremoto de 1972 se acabó la bonanza económica que permitió la consolidación de la dictadura somocista, en los años 50 y 60. Este hecho particular coincidió con la primera gran recesión económica a nivel internacional, después de la finalización de la segunda guerra mundial. La situación cambio dramáticamente. La destrucción de Managua agravó el desempleo y elevó el costo de la vida.

Inmediatamente después del terremoto, Somoza Debayle, pasando por encima de la JNG, constituyó un Comité Nacional de Emergencia (CNE), convirtiendo a la Guardia Nacional nuevamente en el eje del poder. En enero de 1973, mediante el Decreto No 26, Somoza Debayle se hizo elegir presidente del CNE, dándole un golpe de estado a Fernando Agüero, quien se vio forzado a renunciar de la JNG:

La Ley No 86

Sacudiéndose el polvo del terremoto, la Asamblea Nacional Constituyente volvió a sesionar, y el día 10 de Enero de 1973, por instrucciones de Somoza Debayle, aprobó la Ley No 86, publicada en La Gaceta No. 8 de 16 de Enero de 1973, que extendía la jornada nacional de trabajo bajo el Estado de Emergencia. La jornada de trabajo fue extendida de 48 horas a 60 horas semanales, aboliendo de un solo golpe una conquista histórica de los trabajadores.

De esta manera se facultó al Ministerio del Trabajo autorizar a la patronal que lo solicitara, el aumento de la jornada de trabajo semanal a 60 horas. Esta medida estaba destinada fundamentalmente a expoliar a los trabajadores de la construcción, por la enorme demanda de obras de construcción que generaba el incipiente proceso de reconstrucción de Managua

El artículo 3 de la Ley No 86 estableció que “Cuando el salario no sea por hora tal salario deberá ser aumentado proporcionalmente a las horas que en el período haya trabajado. Cuando el salario sea por hora el trabajador devengará el que corresponda a las horas trabajadas”.

En el sector urbano no se trabajaba por horas sino por días. Lo anterior implicaba que no se pagarían horas extras, es decir, doble salario, como contemplaba el Código del Trabajo de la época, sino que serían pagadas de manera sencilla, lo que significaba en el fondo una reducción del salario global por más trabajo.

Incluso, se reformó el inciso segundo del artículo 57 del Código del Trabajo, “quedando como únicos días de descanso obligatorio para los trabajadores: el uno de Enero, el uno de Mayo, el catorce y quince de Septiembre y el veinticinco de Diciembre”. Este era otro duro golpe, que reducía los feriados nacionales. La respuesta de Somoza y los empresarios a la destrucción de Managua, fue ordenar más trabajo por menos salario

Malestar en los empleados públicos

A inicios de marzo de 1973, se produjo una huelga de médicos internos y residentes en las ciudades de Jinotepe, Matagalpa, Granada y otras, contra las condiciones deplorables de trabajo en los hospitales públicos y por aumento de salarios. También se sumaron las enfermeras del Hospital Fernando Vélez Paiz, en Managua, repudiando el miserable aumento de salarios del 15% que ofrecía la Junta Local de Asistencia Social que administraba los Hospitales. Médicos y enfermeras exigían un aumento de salario del 100% y también luchaban contra la jornada de 60 horas semanales. La huelga fue declarada ilegal por el Ministerio del Trabajo.

Pero el paro hospitalario permanecería activo, intermitente, hasta la entrada en la lucha de los obreros de la construcción.

La huelga del SCAAS

La celebración del 1 de Mayo de 1973 reflejaba un ascenso de las luchas de los trabajadores, y una mayor crisis del somocismo.

Un reportaje del diario La Prensa nos indica que, en el club universitario de la ciudad de León, "Los oradores responsabilizaron de la crítica situación a la Junta de Gobierno, al Comité de Emergencia, a los opositores pactistas y a los obreros indiferentes con la lucha que debe interesar a todos los trabajadores por el mejoramiento de su clase". Consideraron "monstruoso el decreto de las 60 horas" y pronunciaron su solidaridad con los obreros de la construcción. Por otra parte, "redactaron un telegrama al presidente del Comité de Emergencia, General Anastasio Somoza Debayle, solicitando la libertad de los detenidos". Habló el delgado de la CGT (i), Porfirio Hernández, quien demandó la unidad de los obreros, estudiantes e intelectuales. César Estrada dijo que: "la meta de los trabajadores es luchar porque se implante una jornada de 40 horas"

El 11 de Junio, después de agitadas asambleas de los obreros de la construcción, y asediados por los jeep de la Guardia Nacional, los obreros de la construcción comenzaron una huelga que llegó a ser histórica, y un gran punto de referencia para el movimiento obrero nicaragüense.

Plantel tras plantel permanecían en paro, a pesar de las presiones ejercidas por la Cámara Nicaragüense de la Construcción, que reclamaba mano fuerte contra los obreros. El somocismo comenzó una represión selectiva, encarcelando a casi toda la dirigencia nacional del SCAAS y de la CGT-i. Entre ellos estaban Domingo Sánchez Salgado “Chaguitillo”, Domingo Vargas, Nilo Salazar, y Alejandro Solorzano, entre otros. Los que no fueron capturados permanecieron en la clandestinidad, siendo escondidos en la casa de los obreros de la construcción. Las cárceles se llenaron de dirigentes de base de la SCAAS. El somocismo presionaba para quebrar la huelga de obreros de la construcción, que ya había empalmado con la de los trabajadores hospitalarios.

La huelga de la construcción, al igual que la de los hospitales, tenían dos grandes consignas, la derogación de la Ley No 86 y el aumento de salarios.

Victoria total de la huelga

Las dos huelgas tenían en jaque al somocismo, a pesar de la represión. La burguesía de la construcción comenzó dividirse, y a plantear la necesidad de retroceder. El ambiente político era muy tenso en esa época. Se establecieron negociaciones con el SCAAS y Somoza tuvo que respetar a algunos delegados que salían por ratos de la clandestinidad para ir a la mesa de negociaciones, para regresar posteriormente a los planteles y nuevamente a la clandestinidad.

El 21 de Julio, la Cámara de la Construcción y el comité ejecutivo del SCAAS llegaron a un acuerdo salarial, el aumento seria del 30%. Finalmente, el 26 de Julio, la Asamblea Nacional Constituyente acordó derogar la Ley No 86, sepultando el intento de implantar las 60 de horas de trabajo semanal, también se restablecieron los feriados nacionales y locales contemplados en el Código del Trabajo, así como todo lo relacionado a las horas de descanso

Triunfan también los trabajadores hospitalarios

La lucha conjunta de médicos, enfermeras y trabajadores de los hospitales, combinada con la lucha de los obreros de la construcción, dio también los frutos esperados.

Para el 30 de Julio, el paro hospitalario casi había finalizado. Los aumentos salariales fueron del 18% para los trabajadores del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), 25%a 30% para las enfermeras y auxiliares.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la lucha de los obreros de la construcción, y la de los trabajadores hospitalarios, fue un ensayo embrionario de lo que pudo haber sido una huelga general contra el somocismo. Aunque pelaron de manera separada, las consignas eran las mismas: derogación de la jornada laboral de 60 horas y aumento de salarios. Y, a pesar de todo, lucharon y ganaron.

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