HONDURAS.- Algunas causas de la crisis en la UNAH


Por Olvin E. Rodriguez

Y no se trata de lavar culpas, sino de acompañar para que vuelva a sus orígenes un proyecto que empezó hace 12 años y que está patinando porque: a) el Partido Nacional y la derecha tradicional fue la única fuerza política estructurada que estuvo atrás del proceso; b) la izquierda tradicional se hizo la desentendida; c) la nueva derecha universitaria lo ha secuestrado y usufructuado; y, d) la nueva izquierda estudiantil aglutinada en el MEU apenas está dando esperanzadoras muestras de recuperar los espacios perdidos.

Imaginémonos que el proceso de reforma universitaria es como el largo viaje en un tren en el que vamos de Tegucigalpa hacia Puerto Cortés. Unos estuvimos en la partida, encendimos la locomotora al promulgar la nueva Ley Orgánica, trazamos el rumbo y la pusimos en marcha hacia su destino; por diversas razones, en alguna estación, nos tocó bajarnos. Nuevos ocupantes subieron, tomaron nuestros asientos, pero, a su vez, en alguna estación les tocará apearse. Cada cual, en su trayecto, hará seguramente aportes significativos, pues se trata de una construcción colectiva y no, como le ocurre al campeón de boxeo, que alcanza solo la medalla de oro. Para que todos los maquinistas avanzaran hacia el mismo objetivo y para que los relevos tuvieran una brújula, se aprobó una Ley, un Plan para la Reforma Integral de la UNAH y algunos reglamentos. Cada quien conserva la libertad de imprimirle a su gestión su estilo personal, pero siempre manteniendo el rumbo original.

Después de 4 años de gestión, la CT de Haddad Quiñonez, nos heredó una UNAH tocando fondo y con una imagen institucional deteriorada por el diario aparecer de noticias e imágenes negativas. Veámoslo: 1) Por un abuso de la paridad estudiantil la FEUH y las asociaciones estudiantiles desaparecidas del escenario y los procesos electorales estudiantiles para elegir autoridades o integrar los órganos de gobierno universitario totalmente deslegitimados; 2) unas autoridades, frentes estudiantiles y dirigencia del SITRAUNAH, que, en una especie de cofradía, usufrutuaban la institución y la habían llevado al desastre;  3) el  gobierno universitario coludido, había cedido la responsabilidad de dirección, gestión y conducción al sindicato, al grado que no se sabía dónde empezaba y terminaba la responsabilidad de la autoridad universitaria; 4) esa simbiosis fue gravísima porque deformó la relación con las autoridades  y dio un poder “excesivo” a la dirigencia del SITRAUNAH en detrimento de la gestión universitaria y que generaba una confrontación permanente con una dirigencia sindical que había perdido el rumbo; 5) el irrespeto a la autoridad, las suspensiones intempestivas y diarias de labores, la ingobernabilidad y la perdida de clases que provocaban la huida de los estudiantes hacia las universidades privadas; 6) el 6% constitucional del presupuesto, no alcanzaba porque no se sabía adónde iba a parar, al grado que en las últimas administraciones del FUUD, al no alcanzar para pagar la planilla, en los últimos 3 meses del año se solicitaban préstamos a la banca privada; 7) baja calidad de la enseñanza y divorcio total con las tendencias de la educación superior en América Latina y el Caribe; 8) denuncias de actos delincuenciales e inseguridad al interior de los predios universitarios; 9) las instalaciones universitarias abandonadas y convertidas en mercado; 10) el patrimonio de la UNAH y su planta física abandonada y deteriorada, como los casos del Proyecto Gol y los terrenos del CURLA; 11)  deudas con el IMPREUNAH y con otros acreedores; 12) la ADUNAH en oposición a la práctica de las pruebas de aptitud; 13) se había incrustado una cultura que pensaba más en intereses particulares que en la UNAH; 14) ni quisiéramos recordar aquella UNAH totalmente fuera de control, convertida en centro de preocupación de la sociedad; 15) Pero lo más importante era, y sigue siendo, el desafío por desarrollar los nuevos principios, las líneas de desconcentración, el acceso a los cargos mediante concurso público, la nueva filosofía de controles, interdependencia y complementariedad entre los nuevos órganos, pilares programados sabiamente en la Ley Orgánica y cuya aplicación era y sigue siendo lo esencial de la reforma.

Opino que los desencuentros y la crisis actual tengan probablemente como causas haber: a) partido  del criterio erróneo que con la autoridad coyuntural se inicia y termina la reforma, cubriendo con un sagrado manto de olvido los aportes de los predecesores; b) se cayó en deducciones intuitivas por no desentrañar los hechos y trabajos que precedieron y sucedieron a la emisión de la nueva Ley, sin entrar a su estudio científico, dialéctico y pormenorizado; c)  falta de tino al hacer la lectura de los movimientos sociales, al interpretar y aplicar las metas, objetivos, valores y principios que inspiran la reforma y sustituirlos por la intuición personal; d) se ha centralizado en vez de desconcentrar, aspecto que va contra la letra y espíritu de la Ley; se exige la sumisión de los órganos de control como la JDU y se ha impedido la integración plena y funcionamiento de los órganos de gobierno universitario (CU, Juntas Directivas de Facultades y Comités Técnicos de Carrera); e) la obra física, el tema de seguridad, el asunto del Hospital Escuela y la diaria presencia mediática, cuya importancia no se desconoce, han desplazado la atención de lo académico, de la investigación, la publicación científica y del interés superior del estudiante, así como de la imperiosa necesidad de preparar el relevo generacional docente; f) haber cambiado los semestres de una universidad pública por los trimestres de las fábricas de egresados de las universidades mercantilistas, sin reformar los planes de estudio y sin tener en cuenta que las asignaturas troncales de las diferentes carreras no pueden desarrollarse en un trimestre, mientras que otras sí; g) desde que se reeligió a Decanos y Directores sin una evaluación previa, solo bajo la condición que apoyaran la relección (dando y dando), el concurso público para acceder a los altos cargos quedó desacreditado, sumado a que las contrataciones de  docentes se hacen al margen del Estatuto del Docente, ayer era el nepotismo del SITRAUNAH, ahora es la endogamia académica que ha llevado a que la parentela de las autoridades haya acaparado las plazas; h) haber sustituido el dialogo, el arreglo directo y negociado en la solución de conflictos de todo tipo, por la confrontación, la judicialización, la criminalización, el acudir constantemente al Congreso Nacional para adaptar la Ley a los caprichos de la autoridad, los llamados a la policía para desalojar estudiantes, tácticas que dieron resultado frente a una dirigencia sindical y docente deslegitimada, pero que ha fracasado frente a conductores estudiantiles remozados en la fuente eterna de la juventud; i) es un contrasentido pretender realizar la reforma sin o contra los actores estratégicos: docentes y estudiantes, al grado que violando la autonomía estudiantil y contra nuestro parecer, desde el Consejo Universitario, se impuso un Reglamento Estudiantil, que afortunadamente los estudiantes nunca obedecieron; j) el haber reformado la Ley para satisfacer caprichos personales, lo que en su oportunidad no compartimos; k) en una universidad, dada la diversidad de intereses, el conflicto es inevitable, no se trata de suprimirlo, ignorarlo o diferirlo, si no de controlarlo, pero en una evidente incapacidad para manejar el conflicto interno se ha violado la autonomía universitaria al pedir la intervención de la policía, el ejército, la fiscalía y los órganos jurisdiccionales; l) se ha criminalizado una garantía constitucional y un derecho humano fundamental como lo es el derecho a la protesta, a la manifestación y a la reunión, persiguiendo a los estudiantes, tratándolos como enemigos,  como vulgares delincuentes y promoviendo contra ellos una costosa campaña mediática, como en las peores épocas de la doctrina de la seguridad nacional; m) donde todos piensan igual, nadie piensa mucho, no se respeta la diversidad, el pluralismo y el derecho a disentir; como no hay autocrítica, tampoco hay autoevaluación, ni evaluación académica y como no se acepta la crítica,  artículos como éste no aparecen en los medios universitarios, solo se publican los que signifiquen alabanza al equipo rectoral (como en las épocas de las monarquías).

Las instituciones, como las personas, tienen valores. Y no me refiero a valores morales, si no a valores institucionales. Para ser eficaces en una institución, los valores de las personas que la dirigen deben ser compatibles con los valores de dicha institución. No es necesario que sean los mismos, pero deben parecerse lo suficiente como para coexistir. De lo contrario, la persona no sólo se frustrará porque “no le sale”, sino que tampoco producirá resultados. Imagínense que al Zamorano llegue un Rector a suprimir el valor institucional de “aprender haciendo”, por su criterio personal.

Las instituciones ya no se construyen sobre la fuerza, sino sobre la comunicación y la confianza. La existencia de comunicación y confianza entre las personas no necesariamente implica que se agraden mutuamente. Significa que se comprenden mutuamente. En el Articulo 4 de la Ley Orgánica se recogen y visibilizan los valores históricos e institucionales de la UNAH, los legisladores los hicieron suyos y los convirtieron en la expresión de la voluntad soberana, pero la autoridad universitaria los torció, sustituyendo  la cultura y los valores institucionales, por los personales.

Poco a poco descubrí que los desencuentros con docentes, trabajadores y estudiantes, se producían por que los valores de la Rectora no son compatibles con los valores institucionales que, a manera de pilares, plasmamos en la Ley Orgánica.

Sus 8 años en el poder y las crisis generadas indican que JGCR no es capaz de tolerar diferentes puntos de vista. Muy a mi pesar, fui constatando su tendencia a distorsionar la realidad para adaptarla a su estado psicológico, así como a atacar a todo aquel que ponga en evidencia sus acciones punitivas y continuistas; fui viendo su incapacidad para empatizar con las ideas de otras personas; su oficina dejó de ser la instancia de dialogo en la solución de diferendos, donde en el pasado, moros y cristianos, acudíamos en busca de aquel tercero respetable; nunca se volvió a recibir al SITRAUNAH para negociar un contrato colectivo, a la ADUNAH para atender sus reclamos, o a la FEUH, por lo que los casos pasaban directamente a los juzgados; en vez de subordinarse a la Ley y cumplirla, constantemente tuvo que acudir al Congreso Nacional para que se la reformaran y adaptaran a sus caprichos; en vez de manejar el conflicto interno optó por llamar a la policía para dispersar, capturar y encarcelar a sindicalistas y estudiantes; en vez de establecer canales de comunicación internos, todo se llevaba a los medios de comunicación extrauniversitarios. Todo, pero todo este comportamiento, contribuyó a violar desde adentro lo que antes se defendía como un valor institucional: la autonomía universitaria.

Es incuestionable que la locomotora se descarriló (en vez de avanzar para Puerto Cortés, está a punto de llegar a Amapala); la Reforma se hizo pensando en una universidad pública, formadora de ciudadanos pensantes, libres y participantes, no en una fábrica de egresados según las prácticas de ahorro y acumulación de capital de las universidades de los trimestres en las que se quiere tener estudiantes y profesores obedientes y temerosos de ser castigados por ser creativos y rebeldes cuando la situación lo reclama.

 Es preferible perder un periodo, que perder el rumbo de la UNAH. Los estudiantes tienen la razón. La reforma debe ser reconducida, el tren debe retomar su rumbo: y no se trata de seguir destituyendo rectores, sino de hacer una profunda autocrítica y crítica (evaluación y autoevaluación de personal, planes y procesos institucionales tal como lo ordena la Ley) para que CU, JDU, rectoría, vicerrectorías, decanatos, direcciones de centros regionales, docentes y estudiantes, “den un golpe de timón”, “quemen las naves” y se reconduzcan aplicando  los principios y valores plasmados en la Ley de libertad de cátedra, universalidad de la ciencia, representatividad, pluralismo y tolerancia, participación democrática, responsabilidad, equidad, igualdad de oportunidades, transparencia, rendición de cuentas, pertinencia, solidaridad y subsidiariedad. Que en vez de la intuición personal, retomen la Ley y el Plan para la Reforma Integral de la UNAH y enaltezcan la función docente y de investigación. Nada más.

Esos valores institucionales son guías y verdades profundas, no cambian, no mueren, y podemos depender de ellos. No se divorcian de nosotros y se van con los mejores amigos. No están un día aquí para irse al día siguiente. Están a salvo de huracanes, terremotos, robos o secuestros. No están ansiosos por conquistarnos. Su validez no depende de los “trotskistas” (para quienes va mi respeto y a quienes mucho se les debería escuchar), ni de LIBRE, ni de los cachurecos, ni del clima, ni de la moda. Son hebras estrechamente entretejidas que deberían atravesar con exactitud, consistencia, belleza y fuerza la trama de la vida universitaria. La observancia de esos principios y valores,  convertirá a la UNAH en una institución autoconsciente, inteligente, proactiva, no limitada por las actitudes, conductas y acciones de quienes la dirijan, ni por las influencias gubernamentales o de los partidos políticos. En ellos está su filosofía y doctrina. Si los aplican les servirán de sostén en las adversidades y de aliento en los triunfos. Algo así como lo que representó el himno a la marsellesa para los soldados franceses en las guerras napoleónicas.

 ¿Por qué, ahora más que nunca, en esta crisis, tenemos que hablar de esos valores institucionales?. Porque el éxito de la reforma, en gran medida, será la suma de aplicar estos valores, esta declaración de principios, de ellos dependerá la clase de autoridades, docentes o estudiantes y no tanto de su cantidad. Ellas son como brújulas académicas que señalan los caminos de la reforma; constituyen un culto a la dignidad y sensibilidad del universitario; son los rasgos de carácter que deben impulsar la reforma. Sólo cuando esos valores y principios se conviertan en hábitos, en costumbres, en tradiciones, en estilo de gobierno, en cultura, autoridades, docentes y estudiantes estarán bien preparados para hacer vida universitaria y contar con una UNAH indestructible.

Ha comenzado a reconstruirse el tejido social universitario. Los estudiantes están convencidos de que ahora son dueños del destino del alma mater (luego lo estarán los docentes, que sumados, integran las dos terceras partes del gobierno universitario); los estudiantes saben que la tarea que se han impuesto es superior a sus fuerzas, pero también saben que las acometidas de la autoridad no están por encima de lo que ellos son capaces de soportar; mientras tengan fe en su causa, en sus metas y objetivos; mientras mantengan una indeclinable voluntad de vencer y se mantengan en aquellos valores y principios, la victoria estará a su alcance. Siempre respetando a la autoridad, cuidando del patrimonio institucional y cumpliendo la normativa universitaria.

Pero el poder de una dictadura, como el de todos los dictadores, está hecho, también de la debilidad de quienes se someten a su ley. Es cierto que el accionar de la derecha fue totalmente coherente. Pero también estoy obligado a decirlo: la izquierda se olvidó de la UNAH y muchos de sus cuadros (que ahora aparecen como grandes críticos) y otros por comodidad, oportunismo o cobardía, sólo llegaron a aceptar posiciones cuando ya la mesa estaba servida y, tan pronto degustaron las primeras migajas, se acomodaron. Ex dirigentes estudiantiles, aprovecharon su experiencia y conocimientos de los movimientos sociales para la cooptación y compra de conciencias de sindicalistas y estudiantes, incluso, financiándoles eventos desde la Rectoría, algo totalmente inaceptable en nuestra época estudiantil. ¡ Hay, si la reforma hubiera sido acompañada por un movimiento estudiantil como el del MEU, la historia seria otra.

Quien recoge una punta del palo, también recoge la otra. La lección es dura.  Fui detenido por la acción incesante de los enemigos del cambio. Esto no quiere decir que sea infalible. Nadie es perfecto y yo tampoco lo soy. Reconozco que, como mis compañeros de viaje, no estoy exento de culpas, yo también he cometido errores y soy corresponsable en más de alguna de las desviaciones que señalo. Sobre todo confieso que no fui capaz de encontrar una fórmula de romper el cerco. No obstante, me siento lleno de alegría, felicidad y gratitud; estoy agradecido por las experiencias vividas, por los logros alcanzados y por lo que poseo; estoy lleno de paz y esperando con serenidad el juicio de la historia; con los años aprendí a ser positivo y a preocuparme menos por “qué dirán de mí”. Con ese ánimo he escrito este himno a los valores contenidos en la Ley Orgánica. Albergo la esperanza que el movimiento estudiantil los recogerá como bandera, lo que traerá a la UNAH un nuevo día y la reconducirá por el camino de la Ley. 

Dando gracias por haber sobrevivido a una delicada operación de corazón abierto (trasplante de válvula aórtica), como una muestra de gratitud al ALMA MATER y a la vida universitaria, por haberme permitido participar: a) como estudiante en casi todos los espacios a que un dirigente podía aspirar en mi época (FRU, FEUH, FEUCA, CSUCA, OCLAE, UIE); b) haber ejercido como docente, investigador y extensionista durante cuarenta y dos años en trece carreras y, en la gestión y administración, como Presidente de la JDU; c) haber sido corredactor de la Ley Orgánica, el Estatuto del Docente Universitario, coordinador del Proyecto de Ley de Educación Superior ya en manos del CN; d) negociador de Contratos Colectivos; y, e) proyectista de varios de los reglamentos. Y, si me lo aceptan, con mis limitadas fuerzas, seguiré contribuyendo ad honorem.

En el ámbito de mis competencias y de mi devoción hacia la reforma, creí estar haciendo lo correcto y, aseguro, que nunca estuve al servicio de intereses particulares, que nunca perdí de vista a los enemigos de la reforma,  que no fui a sustituir a nadie en sus privilegios y jamás pedí, ni disfruté, de ningún tipo de prebenda por apoyar a Rector alguno. Nadie me sobornó, ni me manipuló, ni desde afuera, ni desde adentro. La única muestra de gratitud y recompensa que de la licenciada Julieta Castellanos Ruiz esperaba era que respetara la Ley, se ciñera a sus directrices y liderara la construcción colectiva de la reforma académica; desafortunadamente, la esperanza fue desplazada por el desencanto. Con la Constitución de la Republica y la Ley Orgánica sobre mis manos y bajo las de ella, un 24 de abril del 2009, sin pedirle nada a cambio, JGCR prestó un juramento que no cumplió. Si en el cumplimiento de mi misión, aun queriendo hacer el mayor bien posible, cometí errores, sin odio contra nadie y con respeto para todos, ahora, frente a la reforma que no fue, desde mi ostracismo voluntario, pido públicas disculpas a la comunidad universitaria por haber tenido solo una vida para ofrecerle.

Tegucigalpa 8 de Julio del 2017.

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