HAITI.- Haití: un Estado diluido en la barbarie

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diluido

Por Maximiliano Fuentes

Los sucesos ocurridos el pasado 12 de enero  en la Republica de Haití han sacudido la opinión internacional. No era para más, dado que  los efectos causados sobre el país más pobre del continente americano han sido devastadores. Se calcula que el terremoto ha producido más de 75.000 muertos y 250.000 heridos, quedando sin hogar más de un millón de personas. Es válido recalcar que lo acaecido ha sido calificado como una de las catástrofes humanitarias más graves de la historia.

Causas y Antecedentes

Es de hacer notar, que el terremoto fue registrado a las 16:53:09 hora local con un epicentro de 15 Km. de Puerto Príncipe la capital de Haití. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, el sismo habría tenido una magnitud de 7.0 grados en la escala de Richter y se habría generado a una profundidad de 10 kilómetros. También se ha registrado una serie de replicas, siendo las más fuertes las de 5,9, 5,5 y 5,1 grados.

Por otro lado, es importante recalcar que el terremoto se produjo en las cercanías del límite norte de la placa teutónica del Caribe, que se desplaza continua y lentamente hacia el este 20 mm... por año en relación a la placa norteamericana y atraviesa justamente por el medio de la isla La Española.

El sistema de falla de desgarre o transversal formada en la región, por cierto, parecido a la falla de San Andrés en California, Estados Unidos tiene dos ramas en Haití, el fallo septentrional en el norte y la falla de Enquirillo en el sur. Los datos sísmicos sugieren que el terremoto fue sobre la falla de Enriquillo, que estuvo bajo presión durante 240 años, acumulando mucha energía potencial la cual desató finalmente un gran terremoto liberando una energía equivalente a la explosión de 200 000 kilos de trinitrotolueno (dinamita).

Como hemos podido corroborar, las condiciones que determinaron el sismo tienen su origen en procesos estrictamente naturales. Sin embargo, lo que determino en gran medida la pérdida de vidas y la destrucción masiva de la infraestructura del país y del Estado fue la extrema pobreza y las condiciones precarias en las que históricamente ha vivido el pueblo haitiano. Es licito señalar, que desde sus inicios, los habitantes de la isla caribeña han sido invadidos y explotados por potencias europeas y en su historia más reciente por los Estados Unidos.

Haití tiene la renta Per cápita más baja de todo el hemisferio occidental, es decir, que puede considerarse el país más pobre de toda América. Los indicadores sociales y económicos colocan a Haití en puestos descendentes detrás de otros países en vías en desarrollo y de bajos ingresos. Es por ello, que Haití está en la posición 150 de 177 países en el Índice de desarrollo humano de la ONU (http://es.wikipedia.org/wiki/ONU).

Aproximadamente un 70% de la población vive en la pobreza y cerca del 70% de los haitianos depende de la agricultura, que consiste principalmente de agricultura de subsistencia a pequeña escala y emplea cerca de las dos terceras partes de la población económicamente activa. El país ha tenido muy pocos puestos nuevos de trabajo desde que el nuevo Presidente tomara posesión en febrero de 2006 (http://es.wikipedia.org/wiki/2006), aunque la economía informal está en crecimiento. El fracaso en el intento de lograr acuerdos con patrocinadores internacionales ha impedido que Haití obtenga asistencia para un presupuesto y programas de desarrollo.

La pobreza resulta extrema en gran parte de la población, tanto que sus ingresos no les alcanza para adquirir un poco de arroz u otros alimentos básicos, debiendo alimentarse para subsistir con una especie de galletas hechas de lodo (barro), manteca vegetal y sal, que es vendida a bajo precio, lo que acarrea secuelas de desnutrición y otros males físicos.

Una historia de ocupaciones y de inestabilidad política

Desde la llegada de Cristóbal Colon el 5 de diciembre de 1492, la isla paso a formar parte del imperio español. Antes de la llegada de los españoles, Haití  estaba habitada por las etnias arawak, caribes y tainos. Para ese momento, su  población estimada  era de unos 300.000 habitantes.

Con el tiempo, en las zonas despobladas de la parte oeste se fueron asentando los bucaneros,  hombres que vivían de la caza de reses y cerdos cimarrones, el comercio de pieles y el cultivo de tabaco, así como los filibusteros, ambos de origen francés. Primeramente ocuparon la Isla de la Tortuga, por cierto, territorios de la parte occidental que fueron reclamados por Francia. En el año de 1697 la corona española cedió a Francia esa parte de la isla por el Tratado de Ryswick, constituyéndose de esa manera el Saint Domingue francés.

A mediados del siglo XVIII, el Haití colonial ocupado por Francia bajo un férreo y cruel sistema esclavista, contaba con una población de 300.000 esclavos y apenas 12.000 personas libres, blancas y mulatos principalmente. Bajo el yugo y la explotación de los franceses se da el largo proceso emancipador que tiene por protagonista a Francois Dominique Toussaint- Louverture, quien entre 1793 y 1802 dirige la revolución haitiana con sagacidad, enfrentando a españoles, ingleses y franceses, hasta su captura, destierro y muerte en Francia.

En1803, Jean Jacques Dessalines vence definitivamente a las tropas francesas en la batalla de Vertieres y en 1804 declara la independencia de Haití, proclamándose Emperador. En 1822, las tropas haitianas invadieron la parte oriental de la isla de La Española –Republica Dominicana-, que recobraría su independencia en 1844. En los años posteriores, la gran inestabilidad política del país sirvió a Estados Unidos como pretexto para invadirlo en 1915 y ejercer así un control absoluto hasta 1934.

En la historia más reciente, en la segunda mitad del siglo XX,  concretamente en el año de 1957 fue elegido como Presidente Francois Duvalier, conocido popularmente como “Papa Doc”, que gobernó dictatorialmente con ayuda militar y financiera de Estados Unidos y que en 1964 se hizo proclamar presidente vitalicio. Su hijo Jean Claude Duvalier (Nené Doc) le sucedió en 1971.

En enero de 1986 una insurrección popular le obligó a exiliarse y el ejército se hizo con el control del poder, mediante la formación de un Consejo Nacional de Gobierno presidido por el general Henry Namphy.

En enero de 1988 ascendió a la Presidencia Leslie Francois Manigat, pero fue depuesto en julio del mismo año por Namphy, a quien derrocó Prosper Avril. Tras una presidencia provisional de Ertha Pascal Trouillot, depuesta por un golpe de Estado, Jean Bertrand Aristide fue presidente electo a partir de febrero de 1991, siendo también depuesto, tras una grave crisis interna en el año 2004, que incluyó violentos episodios, que culminaron con la ocupación de Haití por parte de los "Cascos Azules" de la ONU.  Esta historia de convulsiones sociales y de inestabilidad política es la que ha determinado el bajo desarrollo social y la casi inexistencia del Estado haitiano. Sumado a esto, la explotación despiadada de sus recursos y de su mano de obra por parte de los grandes consorcios internacionales y de los Estados imperialistas.

¿Qué hacer frente a la catástrofe?

Frente a la destrucción masiva y la muerte generalizada se hace necesario que los haitianos retomen el control y la organización de su economía. Ante las campañas “humanitarias” que favorecen la actitud rapaz de las compañías transnacionales, que por cierto son las que canalizan el dinero y la ayuda material que proviene de todas las naciones del mundo, es importante que sean las organizaciones obreras, campesinas, gremiales y de pobladores organizados las que recojan y canalicen la ayuda en función de sus propias necesidades.

De igual manera, alentamos a todas las organizaciones obreras, populares y gremiales a iniciar una campaña de solidaridad con el pueblo haitiano, se hace imperativo que sean los trabajadores que administren  la ayuda humanitaria y que no permitan que las grandes compañías se sigan enriqueciendo en función del sufrimiento y la tragedia humana. Alentamos a los trabajadores y pobladores de Haití para que inicien una lucha para la liberación definitiva de su patria, luchando por la expulsión de las tropas imperialistas, que mancillan la soberanía de Haití.

Se hace necesario iniciar la reconstrucción con la justa distribución de tierras y de los medios de producción. Parte de la ayuda debe ser utilizada para la construcción de puentes, carreteras, edificios públicos, en una palabra: el estado haitiano debe de iniciar con una campaña de empleo y de salud. De igual manera se debe fortalecer el sistema sanitario, erradicar todos los elementos contaminantes para evitar una pandemia y enfermedades que puedan iniciarse por el grado de descomposición y contaminación del ambiente.

La reconstrucción de Haití pasa por la transformación revolucionaria de su sociedad, de su economía y sistema político. La lección de Haití debe ser tomada por todos los trabajadores del mundo, ya que estamos ante un ejemplo claro de la involución producida por la crueldad y la explotación despiadada del capitalismo. De no alcanzar el socialismo, la humanidad retrocedería a estados barbáricos, es por ello que los socialistas revolucionarios levantamos la proclama de Rosa Luxemburgo:”socialismo o barbarie”.