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EUROPA.- Los juegos de poder y la crisis de migrantes

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Por Leonardo Ixim

El drama de la inmigración masiva que viene ocurriendo en el Mediterraneo y los Balcanes, con el niño sirio encontrado muerto en las costas italianas, los cuerpos de una decena de migrantes en una carretera austriaca o la violencia suscitada en la frontera húngaro-serbia cuando las autoridades del primer país cerraron esa frontera para detener el movimiento constante de refugiados, creando escaramuzas entre la policía y los refugiados, muestran la tragedia del capitalismo de nuestros días.

Ya desde hace años a través del Mediterráneo se dan oleadas de migrantes, y esta es solo una en el constante flujo, en la medida en que se agudizan los conflictos en Africa y Oriente Medio. Recordemos que hace tan solo unos meses, en los enclaves españoles de Ceuta y de Melilla hubo intentos masivos de migrantes africanos para entrar a ese territorio español enclavado en el norte de Marruecos. Posteriormente, con el conflicto libio comenzó otra oleada de barcos cargados de personas que naufragaban en las costas del sur de Italia, convirtiéndose el pequeño Estado insular de Malta, la isla italiana de Lampedusa y el lecho marino en territorios de paso, pero sobre todo en campos fúnebres para muchos migrantes que mueren en la travesía. Este año se calcula que entrarán 300 mil migrantes.

Los Juegos de Poder entre las Potencias

Las movilizaciones contra distintos gobiernos autoritarios en diversos países del Medio Oriente, desembocaron en los casos de Libia, Siria y Yemen en guerras civiles, y en el caso del primer país en la caída de Mahomer Gadaffi y la fragmentación de esta nación norafricana. La intervención de los imperialismos hegemónicos (EU, Francia y en menor medida Alemania, Reino Unido e Italia) en esas movilizaciones legítimas, espantaron tales conflictos o congelaron nuevamente el statu quo.

Estos movimientos se dieron contra gobiernos que en un momento de la historia post Segunda Guerra Mundial nuclearon una resistencia antiimperialista, pero que fueron degenerando en nuevas elites burguesas e implantando regímenes de terror. Este es el caso de los gobiernos de Gadaffi y Al Assad, que privatizaron las riquezas de estos países posteriormente a su nacionalización, por el primero y el partido Baash en el segundo, con las mismas trasnacionales imperiales que siempre desconfiaron de estos gobiernos y en el caso libio terminaron asesinando al primero. De igual forma descartaron, cuando ya no les sirvió, a Mubarak en Egipto y a los dictadores de Yemen y Túnez, y apoyaron la intervención militar Saudí en Bahrein y ahora en Yemen.

Tales rebeliones fueron cooptadas por distintos tipos de islamismo sunnita, primero moderados como la Hermandad Musulmana, al que los militares egipcios no toleraron al ser sus enemigos históricos y posteriormente por grupos más sectarios y violentos como Al-Qaeda, Isis, etc. Pero aquí hubo una falta de acoplamiento entre la política de la administración demócrata de Obama, que en un primer momento busco derrocar a Al Assad mientras se entendía con los chiitas iraquíes aliados de Irán, para después tolerarlo medianamente y combatir a los sectores sunnitas más sectarios, reafirmando su alianza con los chiitas iraquíes y con los sectores más moderados de Irán, logrando un acuerdo para la supervisión internacional del programa nuclear iraní

Decimos falta de acoplamiento, pues con los giros de la política exterior gringa, Francia, Arabia Saudita, Israel, Turquia y Catar, cada uno desde sus propios intereses en lo que respecta a reducir la influencia regional iraní, pasan de apoyar primero a la Hermandad Musulmana, apartarse de los dictados gringos -aunque estos en última instancia los tienen que acompañar- a apoyar los grupos más sectarios como Isis.

Y porque más allá de los relatos paranoicos de la creación de estos grupos por parte de los servicios de inteligencia occidentales, lo cierto es que Isis nace de una alianza entre generales del antiguo ejército de Sadam Hussein e islámicos financiados por la monarquía saudita y catarí sobre todo, con el beneplácito de Turquía, Israel y Francia para tratar de derrocar a Al Assad y a los chiitas iraquíes que controlan el gobierno en Bagdad.

El gobierno de Enrodgan en Turquía, por mucho tiempo sostén político de la Hermandad Musulmana y con la sombra de los servicios de inteligencia francesa, se vuelven en los principales sostenes de Isis y otros grupos sectarios. Provocando inestabilidad en Iraq por un lado y el entrampamiento de la guerra civil en Siria, el debilitamiento de sus respectivos gobiernos y el fortalecimiento del terror islámico, provocando olas de refugiados sobre todo sirios, que se establecieron en campamentos en Jordania, Líbano y Turquía primero, que ahora junto a flujos de afganos, paquistaníes, kurdos, yemenitas y turcos, migran hacia Europa. Se calcula que por lo menos de Iraq y Siria han emigrado más de dos millones de personas por las guerras respectivas.

Todo este juego de redefinición de las fronteras del Levante impuestas artificialmente en 1918 por el colonialismo europeo está provocando un drama humano que le pasa la factura a la Europa civilizada. Y las agresiones saudíes contra el pueblo yemenita y turcas contra los kurdos acrecentarán estas oleadas. Por su puesto que en esta tragedia, el sectarismo chiita de Bagdad y la represión del ejército sirio sostenido por Rusia contra su población, tienen una gran cuota de culpabilidad.

El doble discurso europeo

El discurso de la Europa civilizada está puesto a prueba, la Europa de acogida de migrantes, lo que fue siempre de forma, muestra su falacia. No solo por los sentimientos xenófobos explotados por la extrema derecha de parte de sectores atrasados del pueblo europeo, que obliga a los gobiernos socialdemócratas y conservadores a imponer políticas restrictivas a la inmigración. Sino también por la voracidad de los grandes monopolios trasnacionales que abogan por la entrada dosificada de trabajadores baratos para mantener sus cuotas de ganancias y mantener a raya los sindicatos y las exigencias de los obreros autóctonos o de origen migrante, y con ello conservar a las burocracias sindicales que encuadran las luchas obreras.

Las acusaciones de Bruselas y Merkel contra la represión desatada por Víctor Orban y la policía húngara contra los migrantes, son lágrimas de cocodrilo pues pese a que Orban es un nacionalista xenófobo y católico que chantajea a Bruselas con Moscú y se postula como la defensa de los

“valores cristianos ante la oleada islámica”, sus señalamientos hacia la UE y las naciones mas ricas, sobre su responsabilidad, es real.

Pero las muestras de solidaridad vienen del proletariado y pueblo europeo, manifestaciones en Viena, Budapest, Londres, Madrid, Berlín etcétera, contra las políticas restrictivas de asilo; la adopción de migrantes en hogares de la lejana Islandia; la vía libre de los mismos gobiernos de Grecia, Macedonia, Serbia o Croacia; la entrega de alimentos y agua de las poblaciones griegas, macedonias, serbias, croatas, húngaras, austríacas a los migrantes y de turistas en las islas griegas de Lesbos y Cos, como las que nuestros hermanos centroamericanos reciben de familias mexicanas pese a la represión de las autoridades de ese país. Todo esto obliga a Berlín a proponer una distribución equitativa a todas las naciones de la UE sin que se haya tomado aún una decisión al respecto; pero diferenciando arbitrariamente entre migrantes y refugiados. Sin embargo la apuesta es siempre por militarizar aún más las fronteras y con el pretexto de combatir las mafias de trata de personas, atacar lanchas en el Mediterráneo y bombardear las costas libias si es necesario; el gobierno alemán está a la espera de que el Bundestag apruebe el uso de anfibios militares para tales operaciones.

El Psoca llama a todas las organizaciones, partidos, sindicatos, clasistas, socialistas y revolucionarios de Europa a movilizarse para derrotar las políticas intervencionistas en Medio Oriente y África. Además de obligar a los Estados a permitir la libre entrada de migrantes, que se combata a los grupos y partidos neo nazis, que se generen mecanismos para posibilitar el acceso a servicios básicos a migrantes y empleo para la clase trabajadora autóctona como de origen migrante y los migrantes recientes, reduciendo la jornada laboral a seis horas, con escala móvil de salarios y con prestaciones sociales.

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