“Y tú, desterrado:

Estar de paso, siempre de paso,

no tener sombra, sino equipaje,

brindar en fiestas que no son nuestras

compartir lecho que no es el nuestro,

lecho y “pan nuestro” que no es el nuestro,

contar historias que no son nuestras,

cambiar de casas que no son nuestras,

hacer trabajos que no son nuestros,

andar ciudades que no son las nuestras

y en hospitales que no son nuestros

cura de males que tienen cura,

alivio al menos, que no del nuestro,

que sólo sana con el regreso...”

Miguel Ángel Asturias

 

El pasado sábado 13 de octubre partió de San Pedro Sula, Honduras, la segunda y masiva Caravana de Migrantes –cerca de 5 mil personas– ingresando en mayor número por las fronteras con Guatemala, pero también se reportaron aumentos migratorios –grupos de más de 100 personas en las fronteras con El Salvador, incluso a través de Belice. Muchas de estas personas lograron cruzar la frontera mexicana, y ahora esta enorme caravana de desposeídos marcha rumbo a Estados Unidos. La primera caravana migrante salió rumbo a Estados Unidos en el año 2017.

Esta nueva Caravana de Migrantes centroamericanos, en su mayoría provenientes de Honduras, es una manifestación de protesta y un desafío a la política antiinmigrante de Donald Trump, que no solo pretende construir un muro para separarnos de nuestros hermanos que viven y trabajan en Estados Unidos, y que está destinada a que nos muramos de hambre, encerrados y sin poder salir, en nuestros   países condenados al hambre y la miseria por la expoliación imperialista.

Constante migración por las mismas causas

Este crecimiento del flujo migratorio ha vuelto a poner de manifiesto la enorme diáspora, no solo de los compatriotas hondureños, sino también la crisis crónica que sufren los artificiales Estados burgueses del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras).

Este constante desplazamiento de personas, buscando una mejor calidad de vida y dignidad humana, es una sangría permanente. En los últimos meses, nuestros hermanos y hermanas de Nicaragua han acrecentado el flujo migratorio hacia Costa Rica, Guatemala y México, derivado de la crisis política y económica producida por la derrota momentánea de la revolución de los tranques, iniciada en abril pasado, posteriormente aplastada a represión, sangre y fuego por la dictadura Ortega-Murillo en julio y agosto.

La migración de trabajadores centroamericanos no es nueva.  En el siglo pasado, la principal causa de migración fue la brutal represión de las dictaduras militares, y después es estallido de guerras civiles en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, en la década de los años 80.

Derrota de la revolución y neoliberalismo

Ahora los migrantes son otros, pero las causas son las mismas: la violencia de las maras y pandillas, el desempleo, los bajos salarios y la falta de oportunidades, originadas por las políticas neoliberales, entreguistas y de rodillas al capital transnacional, de parte de todos los gobiernos de Centroamérica.

Debido al fracaso de la revolución, en los años 1979-1996, los países de Centroamérica postergaron los profundos cambios democráticas que necesitaban, con resultados funestos: somos la región más violenta y con los más altos índices de criminalidad en el planeta. Todos los Estados están en crisis, agobiados por un crónico déficit fiscal. Los gobiernos neoliberales abrieron las puertas de par en par a las transnacionales, dejaron de cobrar impuestos con los tratados de libre comercio, y el resultado es que la “inversión extranjera” no contribuye al desarrollo industrial, sino que se concentran en explotar la mano de obra barata. La proliferación de maquilas demuestra que los trabajadores hemos retrocedido a niveles de esclavitud: trabajo intenso por un plato de mala comida.

Las reformas fiscales que aplican los gobiernos centroamericanos siempre pretenden sacar dinero de los bolsillos de la clase media y los sectores populares. El ejemplo más reciente es el intento de aprobar un Combo Fiscal en Costa Rica, donde los trabajadores del sector publico resisten con una huelga general, a pesar que es el país de menor índice migratorio.

Estas son las verdaderas causas de la migración masiva a Estados Unidos: desempleo masivo, bajos salarios, falta de oportunidades para los jóvenes, violencia y altos índices de criminalidad por las maras, pandillas y carteles del crimen organizado, y recientemente la represión de la dictadura orteguista en Nicaragua.

A pesar de la situación similar en los países de Centroamérica, con la excepción de Costa Rica y Panamá, que tiene los más altos índices de vida, la situación en Honduras es dramática. El año pasado fueron deportados de Estados Unidos, unos 32,000 trabajadores hondureños. En el año 2018, durante el primer semestre, esa cantidad fue superada con 36,500 deportados para el mes de julio del 2018. Aunque El Salvador experimento una reducción en la cantidad de deportados (el año 2018 lleva la cantidad de 16800 personas) en el periodo 2014-2017 la cantidad de deportados llego 182,638 trabajadores deportados. En el año 2017, fueron deportados 32 mil 833 trabajadores de Guatemala. Para el primer semestre del 2018, fueron deportados 25,000 trabajadores, lo que indica que la cantidad será superada en relación al año pasado.

Trump: es una invasión de delicuentes

Al conocerse la noticia del avance de la segunda caravana migrante, el presidente Donald Trump brindó declaraciones agresivas. “El asalto a nuestro país por su frontera sur (...) es mucho más importante para mí, como presidente, que el comercio o el USMCA (El País, 19/10/2018). En otro momento declaró. “"Muchas de esas personas, un porcentaje, un porcentaje bastante grande de esas personas son criminales. Quieren venir a nuestro país y son criminales. Y eso no sucederá en mi mandato. No sucederá"(La Prensa de Honduras, 19/10/2018)

Incluso, Trump llego al extremo de amenazar con usar, no a la Guardia nacional, sino al Ejército de Estados Unidos para evitar el ingreso de la segunda caravana migrante. La crisis que ocasiona la segunda y masiva caravana migrante se produce en el contexto de las elecciones legislativas o de medio periodo en Estados Unidos, y cuando se produce la transición de mando presidencial en México, un país con el cual Estados Unidos tiene muchas contradicciones a nivel de la revisión del NAFTA y sobre todo del tema migratorio.

Como era de esperarse, Trump no solo amenazó verbalmente a los migrantes centroamericanos, sino que concentró las presiones diplomáticas sobre los gobiernos cipayos de Jimmy Morales en Guatemala, Juan Orlando Hernández en Honduras y Salvador Sánchez Cerén en El Salvador, amenazando con el corte de la ayuda financiera. Todos los gobiernos se pusieron de rodillas.

En Guatemala, movilizó a la Policía Nacional Civil (PNC) para disuadir a los migrantes en su camino, pero no pudo detener a la caravana, por la existencia del Convenio Centroamericano de libre movilidad o CA-4, (Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua) que establece que los ciudadanos mayores de edad de estos cuatro países pueden movilizarse libremente sin otro requisito que su documento de identidad. Jimmy Morales, quien ha tenido roces con la política anticorrupción que Estados Unidos impulsa a través de la CICIG, respondió con un discurso nacionalista tardío: “No aceptamos condiciones, no ponemos condiciones… ninguna ayuda puede ser exigida”. Detrás de ese aparente nacionalismo se oculta el enorme descontento político y social contra el gobierno de Morales. A un año de las elecciones presidenciales, Morales no quiere ser mal visto por los electores.

Juan Orlando Hernández no vaciló en militarizar la frontera hondureña para contener el paso migratorio, así como culpar a la dirigencia del Partido Liberal (PL) y al opositor Partido Libertad y Refundación (Libre) del ex presidente Manuel Zelaya Rosales, de estar detrás de la organización de la caravana para manifestar ante el mundo la ruinosa administración de la dictadura cachureca en Honduras.

Esta crisis se produce una semana después de que los gobiernos del Triángulo Norte de  Centroamérica se reunieran en Washington para darle seguimiento al Plan Alianza Para la Prosperidad de Centroamérica, que tienen entre sus fines fortalecer la frontera sur de los Estados Unidos, usando a Guatemala, El Salvador y Honduras como su primera línea de defensa contra la migración ilegal masiva.

El presidente Salvador Sánchez Cerén guardo un mutismo absoluto, roto por los funcionarios de Migración de El Salvador, quienes afirmaron que un grupo de 415 migrantes hondureños atravesó el país rumbo hacia Estados Unidos.

¿Manipulación o realidad?

Algunas fuerzas derechistas, incapaces de explicar las causas de semejante oleada migratoria, juran que la segunda caravana de migrantes es un montaje prefabricado por Luis Zelaya del Partido Liberal (PL) de Honduras y del expresidente José Manuel Zelaya, del partido Libertad y Refundación (LIBRE). Incluso, algunos han llegado al extremo de afirmar que ha sido financiada por Daniel Ortega, para causar problemas a la administracion de Donald Trump en Estados Unidos.

Quienes ven conspiraciones inexistentes en los graves problemas sociales que afectan a los países del Triángulo Norte de Centroamérica, sencillamente están cerrando los ojos ante la dura realidad de miseria y explotación que soportan las masas populares, producto del saqueo  y empobrecimiento de nuestros países.

Defendamos el derecho de los migrantes, luchando por lo nuestro

El derecho a migrar es un derecho básico, fundamental, de cualquier ser humano que busca como mejorar los ingresos del sustento familiar. El imperialismo norteamericano en su decadencia, está amenazando esos derechos básicos: libertad para viajar y buscar un mejor empleo, etc. Los migrantes no son delincuentes como afirma Trump. Son personas que abandonan su país de nacimiento para encontrar seguridad y felicidad para su familia.

Mientras en Centroamérica prevalezcan las condiciones de hambre, desempleo, violencia y miseria, cualquier oleada migratoria hacia Estados Unidos está plenamente justificada, y por ello defendemos y apoyamos a la segunda caravana migrante contra las amenazas de Donald Trump.

Es conveniente aclarar que los migrantes centroamericanos en Estados Unidos realizan los trabajos más duros por salarios bajos, que pueden parecer altos en relación a los salarios de esclavitud de Centroamérica, pero que en realidad son inferiores a la media que prevalece en aquel país.

Demandamos al próximo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que brinde todas las facilidades para que la caravana migrante llegue a su destino. La frontera México-Estados Unidos se ha convertido en el eje de los ataques de la administración Trump contra los migrantes centroamericanos y latinoamericanos. EL gobierno de AMLO debe ser fiel a las tradiciones de la revolución mexicana que, en su momento, defendió la dignidad de América Latina.

Quienes nos quedamos soportando las condiciones existentes en Centroamérica debemos tener claro que, aunque defendemos el derecho a migrar, debemos impulsar la batalla en todos los países de la región, para que mejoren las condiciones de empleo y salarios, luchando contra el sistema capitalista neoliberal que nos oprime. Y eso lo lograremos cuando los trabajadores, del sector público y privado, desarrollemos la más amplia unidad de acción en la lucha, junto a los campesinos e indígenas, para lograr una nueva independencia política de Centroamérica, que nos libere definitivamente de las garras expoliadoras del imperialismo norteamericano.

Centroamérica, 20 de Octubre del 2018.

Secretariado Ejecutivo Centroamericano (SECA)

Partido Socialista Centroamericano (PSOCA)

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