Por Marianela Alvarenga

El 31 de octubre es un día histórico para todos los trabajadores, donde conmemoramos el día del sindicalista salvadoreño, recordamos a todos los trabajadores que ofrendaron su vida por defender uno a uno nuestros derechos.

Conmemorar y denunciar

Es  lamentablemente que a tantas décadas de ese horrendo crimen de lesa humanidad, donde nunca hubo investigación ni castigo para los asesinos, nuestra lucha sigue siendo la misma, continuamos con salarios miserables, trato indigno para muchos trabajadores, explotación al máximo  donde por  ejemplo vigilantes de seguridad privada tienen salario mínimos con jornadas de hasta 72 horas continuas,  sin prestaciones, cobran por ellos los contratistas hasta 700 dólares por cabeza, mientras a ellos les pagan el nel mínimo, al igual que los trabajadores de las empresas de limpieza, cobran hasta 600 dólares por cabeza mientras a ellos les pagan el salario mínimo son maltratados humillados  despedidos por los supervisores y por empleados públicos que se enlazan con ellos esclavizándolos, tratándolos indignamente.

Defendamos lo conquistado

Este día denunciamos que estamos peor que nunca,  en nuestro país se criminaliza la labor sindical, nos aplican la ley anti terrorista, donde existen ordenes desde fiscalía de tratarnos como cualquier delincuente, incluso de apresarnos estando en labor sindical alegando desordenes públicos entre otras cosas, quiere decir que volveremos a la clandestinidad, a taparnos la cara, a lanzar anónimos para poder denunciar los múltiples abusos que se dan en contra de la clase trabajadora, ya sean públicos, privados, municipales, autónomos y semiautónomos.

No a la injerencia

Hay que mencionar también  que desde el gobierno siempre ha existido la injerencia y manipulación en líderes sindicales, en nuestras organizaciones, funcionarios que siempre meten las garras en el interior de las organizaciones, donde las quieren manipular y manosear a su antojo.

Denunciamos y combatamos a los traidores

Sindicalistas se venden y quieren manejar a otros, donde se prestan para someter ante el gobierno y ante la patronal las organizaciones, bajo amenaza que si no te sometes no te abrirán mesa de negociación, si no te sometes te anularan, si no te alias no te dará las credenciales el Ministerio de Trabajo, este tiempo donde hay una red desde el presidente Bukele y los funcionarios del ejecutivo incluyendo el Ministro de trabajo, la manipulación y persecución sindical desde los Diputados y sus partidos políticos, desde el Fiscal de la república, así mismo el procurador que no procura nada.

En  nuestro país en esta ocasión  se puede sentir más fuerte que nunca la amenaza constante, el acoso hacia los líderes, la amenaza si hablas, si denuncias, se puede sentir la persecución sindical, como esa red construida tan cuidadosamente nos amordaza a cada momento.

Derrotemos a la patronal: sigamos el ejemplo de nuestros héroes sindicales

Nosotros sabemos que estamos entrando a un momento donde seremos asesinados por hablar, por denunciar, es por eso que este día histórico elevo mi voz como trabajadora, como luchadora, como mujer esperando que este grito que se alza traspase no solo las fronteras, en mar que nos separa si no que también traspase el cerebro, el pensamiento, la inteligencia de este sufrido pueblo para que entienda que haremos  historia y seremos por siempre recordados como un pueblo que tontamente creyó en los políticos y que le dimos el poder total a una sola persona o familia, que piense el pueblo antes de cometer la peor de las decisiones.

Tarde será después cuando este yugo sea gigante, aumente su peso y no podamos elevar la mirada ni para ver el cielo. Que el mundo sepa y todos los salvadoreños que estamos bien jodidos que no es verdad que aquí es la isla de ll fantasía, estamos bien fregados pero que no nos damos cuenta porque siempre hay pan y circo para el pueblo, para mantenerlo a raya, para mantenerlo dormido, para que no piense ni razone, para que no analice, un pueblo paralizado por el miedo acostumbrado a extender la mano para que le den la limosna, a solo abrir la boca para que le pongan un mendrugo de pan.

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