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GUATEMALA: Las jornadas estudiantiles de agosto de 1977.

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Homenaje a Robin García

 

Por Leonardo Ixim

El segundo lustro de los 70s se caracterizó en Guatemala y en toda Centroamérica por un aumento de la lucha de masas, la movilización permanente de sindicatos de obreros y empleados públicos, de trabajadores agrícolas, de campesinos, de estudiantes, la organización de la iglesia católica de base, etc. Junto a eso, regímenes militares en crisis mantenidos en pie por el apoyo del imperialismo gringo pues eran los baluartes de sus intereses en la región.

A la acción popular, siguió la represión al movimiento de masas. Es la época que se registra la mayor cantidad de asesinatos selectivos, desaparecidos, masacres (aunque éstas se dan en su mayoría a inicios de los 80s) en contra del avance del movimiento de masas. Eso se responde con las acciones militares de las nacientes organizaciones guerrilleras que cristalizarían en el caso de Guatemala la URNG y del El Salvador el FMLN. Época también que el movimiento popular tenía un claro horizonte histórico, la revolución socialista y una clara ideología que lo guiaba el marxismo-leninismo muchas veces influenciado por el estalinismo otras veces no y otras vertientes del pensamiento marxista: maoísta, guevarista, etc; y en menor medida , aunque era mal visto en la subregión, el trotskismo.

 

La movilización por Robin

En ese contexto se dan las jornadas populares de agosto de 1977 contra la represión de la dictadura de Lucas García y los asesinatos, el 28 de julio del 77, de los lideres estudiantiles de educación media: vice-presidente de la Asociación de Estudiantes del Instituto Rafael Aqueche, Aníbal Leonel Caballeros; universitario, estudiante de primer ingreso de la Facultad de Agronomía Robin Myro García y ex dirigente de educación media. Así también de los dirigentes sindicales Dionisio Pascual Ramírez, los hermanos Pérez Vásquez, Antonio y Eusebio y Rodrigo García, éstos del sindicato de la fabrica Cordelería La Rápida.

Caballeros y García eran dirigentes que se caracterizaban por un radicalismo en contra de todo tipo de concesión a la dictadura, como manifestaba la organización que aglutinaba a las asociaciones de los institutos públicos, la CEEM.

Caballeros aparece muerto el 30 de julio, eso provoca una serie de de manifestaciones estudiantiles pidiendo que apareciera con vida Robin García. Desde el 1 de agosto se movilizó nuevamente el pueblo guatemalteco por el derecho a la vida. En las universidades e institutos hubo paros y asambleas; también ese mismo día en la noche se armó una caravana vehicular que salió de la universidad, convocada por la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), que terminó en una concentración frente al Palacio Nacional donde apresaron a varios compañeros liberándolos después.

El 2 de agosto se realizaron mítines en casi todas las instalaciones educativas media y superior y paros en empresas y dependencias gubernamentales, algo que el movimiento estudiantil consideró no viable porque desmovilizaría. Ese mismo día en la noche se organizó una marcha hacia el Palacio Nacional que salió del Instituto Central de Varones. Por su parte la familia de Robin inició una huelga de hambre, medida que fue acompañada por la declaratoria de huelga de 17 institutos.

El 5 de agosto la AEU convoca a una masiva marcha que salió desde Ciudad Universitaria hacia el Palacio Nacional. Ese mismo día apareció en el kilómetro 48 de la carretera Guatemala-Palin (hacia el sur) el cuerpo de Robin con señales de tortura. La organización paramilitar (fachada de las fuerzas represivas) Ejercito Secreto Anticomunista revindica el hecho.

Por su parte la AEU lanza un posicionamiento donde se exige a la dictadura detener la represión al movimiento social, la disolución de los escuadrones de la muerte, el respeto al derecho de manifestación y otras demandas siempre en función de denuncia al gobierno fascista.

La táctica a seguir de parte del movimiento estudiantil y las autoridades de la Universidad de San Carlos fue exigir al gobierno que investigara los crímenes cometidos contra miembros de las fuerzas democráticas, que el ejercito reconociera sus vínculos con los escuadrones de la muerte y que se desmovilizara estas fuerzas paramilitares. Para esto se planteó de parte de la dirigencia de AEU una reunión con el presidente, algo que fue mal visto por algunos sectores de las fuerzas democráticas y de izquierda, pero el objetivo era agotar todas las vías legales e institucionales para combatir el terror.

Estas jornadas muestran un movimiento estudiantil, universitario y de educación media, y en general popular amplio y bien organizada. Una buena parte de este movimiento dispuesto a combatir por medios pacíficos el terror de la dictadura probándose los canales institucionales y legales para ese fin, pero de parte del régimen se cierra todo tipo de espacios y se contesta con la más sangrienta represión.

La respuesta de la ultraderecha, que tenía el control del estado y de los grupos paramilitares no fue más que arrodillar a la sociedad guatemalteca a uno de los enfrentamientos más sangrientos de la historia de Latinoamérica.

Ruptura dentro del movimiento popular

El autoritarismo del gobierno provoca una ruptura dentro de una parte del movimiento popular y estudiantil en particular, porque varios sectores vieron cómo el régimen cerraba espacios y respondía con violencia, por lo cual se eligió la “autodefensa de las masas”. La opción fue trabajar en la clandestinidad como forma de defenderse del accionar de la inteligencia militar, volviéndose organizaciones mas pequeñas y menos amplias pero con una gran capacidad de trabajo, movilidad y defensa. Cada vez más se empezó a cuestionar los métodos del grupo FRENTE vinculado a la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT), organización de juventud del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista influenciado por el estalinismo) que era el que dirigía en ese momento la AEU.

Fueron apareciendo grupos en distintas unidades académicas que pedía convertir al movimiento estudiantil en un espacio más radical y beligerante, con actitudes de más confrontación al régimen represivo de la dictadura. Estos grupos se fueron uniendo y formaron el Frente Estudiantil Robin Garcia (FERG) con una vinculación orgánica al Ejercito Guerrillero de los Pobres (EGP), orientado bajo el planteamiento de la guerra popular prolongada y la incorporación de todo el pueblo a la guerra popular.

Se da un proceso de radicalización del discurso y del accionar político del movimiento popular teniendo una visión mas clara de la lucha política y la función de la lucha armada dentro de la lucha política y como forma de acceder al poder

Esta nueva forma de método dentro del movimiento popular tiene su aparecimiento público en la marcha conmemorativa del 20 de octubre de 1977, cuando estos grupos estudiantiles se ponen junto al Frente de Organizaciones Sindicales de Amatitlán, la Federación de Trabajadores de Guatemala y grupos de campesinos que darán vida al Comité de Unidad Campesina, en un solo bloque.

Esto dará pie a la creación de un nueva forma organizativa dentro del movimiento popular, mas vertical a veces con desviaciones militaristas, pero mejor organizada, con un planteamiento más claro hacia dónde debe ir la lucha y mejor preparado contra la represión de la dictadura. Se va vinculando al EGP y empieza acusar a otros sectores del movimiento popular (a nuestro punto de vista algo demagógico) de derechista.

Para un balance

Haciendo un balance de estas jornadas que se conmemoran en este periódico, podemos decir que se da en un ambiente de hostilidad de parte del régimen al accionar del movimiento popular y estudiantil en particular, pero que de igual forma el pueblo organizado no se detuvo a pesar de la represión existente, siguió creciendo y fortaleciéndose con un horizonte claro hacia donde ir. De igual forma el estudiantado san carlista, sus organizaciones y en general la universidad en su conjunto se convirtió en un referente de denuncia y acompañamiento a las demandas de las clases obreras y campesinas.

Es también un momento de ruptura con respecto a los métodos y a las concepciones de la lucha, aunque siempre hubo cierta unidad de acción en las coyunturas en contra de las políticas antipopulares. Se da la diferencia cuando un sector se vincula a la lucha armada como estrategia principal de lucha y el desgaste militar prolongado junto a posiciones del foquismo guevarista mezclado con la importancia de la lucha masas y el levantamiento popular, pero subordinada al accionar militar todo alrededor del EGP.

Y la otra la llevada a cabo por el PGT que planteaba la movilización de masas pero subordinada a la lucha electoral y a lo sumo buscar condiciones para un levantamiento popular pero dándole menor importancia a esto.

Revivir la memoria de estas importantes luchas nos debe inspirar para que los sectores populares, y en especial el movimiento universitario, que se encuentra en una etapa de retroceso y estancamiento político, luchemos por desalojar a las mafias corruptas que controlan la AEU y asumamos nuestro papel a la par de trabajadores y campesinos en el combate contra el capitalismo.

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