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GUATEMALA: En memoria de los estudiantes asesinados en 1989

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Leonardo Ixim

 

Después de haber vivido una época (fines de los 70s) de auge de la lucha de masas, en que la universidad y la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) jugaron un papel importante denunciando las injusticias del sistema capitalista dependiente y su régimen militar terrorista, el primer lustro de los 80s se caracterizó por la contraofensiva del poder militar y burgués para desarticular el movimiento de masas y la lucha político-militar para derrocar a la dictadura.

 

La universidad en su conjunto y el movimiento estudiantil fueron descabezados por la dictadura con la intención de destruir la intelectualidad progresista y crítica. Con la llegada de Vinicio Cerezo a la presidencia por medio de elecciones formales, como parte de una estrategia del imperialismo de suavizar su política guerrerista y apostarle a regímenes “democráticos”, el movimiento estudiantil cae en una fragmentación una apatía generalizada estancándose organizativamente y alejándose de las luchas populares.

 

En ese contexto un grupo de estudiantes lanza un manifiesto que entre sus puntos más importantes reconoce el estado de crisis de la universidad producto la crisis del país, llamando a la unidad y convoca a todas las organizaciones a puntos de encuentro como la articulación con la lucha popular y la lucha por la democracia y los derechos humanos. Para eso convoca a la construcción de una coordinadora político-estudiantil.

 

Entre los principios de esta coordinadora estaban: la unidad en la acción, su carácter democrático, amplio, pluralista, identificado con las problemáticas estudiantiles y académicas e identificado con las luchas del pueblo para una mejor vida. Los métodos de trabajo y el funcionamiento de esta coordinadora tendrían que estar guiados por estos principios. Se reivindicaba el papel de las asambleas como órganos de representatividad estudiantil.

 

Esta coordinadora estaría al margen de cualquier lucha electoral dentro de las asociaciones, pero apoyaba a grupos que tuvieran las mismas características. Se pedía una orientación del papel de la AEU, con la lógica de que la AEU son todos los estudiantes. El rescate del movimiento estudiantil partía de la reorientación del máximo gobierno estudiantil.

 

Esa reorientación debería partir del desarrollo del movimiento estudiantil retomando su papel histórico y debería tener dos niveles: a nivel general del movimiento estudiantil y el que corresponde a la lucha política de los grupos estudiantiles. Dentro del primer nivel postulaban el fortalecimiento y la legitimidad de las asociaciones estudiantiles como espacio para la lucha reivindicativa y particular del estudiantado y la autonomía de los grupos estudiantiles. En el otro nivel se plantaba una búsqueda de puntos en común para llevar a cabo la tarea de la unidad, fortalecer la discusión y las propuestas de los grupos progresistas.

 

Dicha propuesta tenía un programa que se convertiría en el germen de una reforma universitaria que tendría como elementos: una reforma académica que promueva la investigación de la realidad nacional, la lucha contra la corrupción y la deficiencia burocrática, la autonomía universitaria, la unidad del movimiento estudiantil, la participación estudiantil, la recuperación del papel histórico de AEU, la autonomía de las asociaciones, el respeto de las corrientes internas, la denuncia contra la represión y la integración del movimiento estudiantil con el popular.

 

Este movimiento que prometía cambios y el rescate del movimiento estudiantil que de hecho relanzó a la AEU como un referente de la luchas populares hasta su derechización en 1999, se volvió un peligro para los sectores de poder, que contestaron desapareciendo y asesinando a sus lideres, Iván Ernesto Gonzáles Fuentes, Carlos Contreras Conde, Hugo Leonel Gramajo López, Silvia Maria Uzurdia Utrera, Víctor Hugo Rodríguez Jaramillo, Aarón Ochoa Ramírez, Mario Arturo de León Méndez, Carlos Leonel Chuta Camey, Carlos Humberto Cabrera Rivera y Eduardo López Palencia. Esto sucedió entre agosto y septiembre de 1989; cinco fueron encontrados muertos y del resto nunca se supo. Meses antes, la AEU había apoyado la huelga general de maestros y otras demandas sindicales, campesinas y populares. Previamente habían recibido amenazas de los grupos paramilitares “Jaguar Justiciero” y “Ejército Secreto Anticomunista”.

 

A 19 años de su vil crimen seguimos reivindicando sus nombres y el programa de lucha y rescate del movimiento estudiantil que ellos propusieron. Pues la situación actual de la universidad es de crisis, su papel es afín a los ricos y explotadores, su población apática, el poco movimiento estudiantil está dividido y con posiciones sectarias salvo algunos grupos.

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