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GUATEMALA.- ¿100 años de AEU?

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Por Hercilia Cáceres y Joseph Manuel Herrera

La otrora y ya desparecida Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), máxima dirigencia de la clase media radicalizada en el pasado, heroica vanguardia de los estudiantes que se opusieron a la impronta del cierre de los diferentes espacios políticos de la democracia en Guatemala, sobre todo después de establecido el interregno militarista de ocupación extranjera, liberacionista primero y corporativo anti-insurgente después, ya no existe; esta AEU quedó en el pasado y el actual movimiento estudiantil demuestra la desconexión con la tradición de lucha de aquella vieja organización política del estudiante universitario, pues el más formidable estudiantado del istmo centroamericano se mantiene descabezado casi 25 años después de la firma de los Acuerdos de Paz.

Las siglas son las mismas, entre la AEU que nació a la vida política el 22 de mayo de 1920 en el entonces barrio popular de Gerona en el centro de la Ciudad de Guatemala, en donde una silenciosa placa guarda las los meses, los años y las décadas del plomo y la represión que pesan aun sobre la conciencia de los estudiantes; la vorágine popular que resultará en la caída del Pericles tropical Manuel Estrada Cabrera y su dictadura oligárquico- liberal de más de 20 años, eclosionó en la necesidad de un órgano dirigente del estudiantado y de la clase media, pujante por la economía de sustitución causada por el final de la Primera Guerra Mundial. Esta clase media hizo suyo el llamado demócrata liberal del Wilsonismo norteamericano, para dar al traste con una dictadura que se mostraba ya como traba para el libre desenvolviendo de una sociedad que estaba entrando en profundos cambios en su permanente e inacabada modernización.

También son las mismas siglas de la que después nutrió las filas de los grupos revolucionarios desde la caída del régimen democrático burgués del Coronel Jacobo Árbenz Guzmán y de la efímera primavera guatemalteca. Pero la AEU actual se parece mucho más al grupo desmovilizado y aplastado por la realidad adversa de un estudiante desconcientización y apático, que se vivía previo a las jornadas populares de junio y julio, que conllevaron a la caída del último caudillo del Partido Liberal, Jorge Ubico Castañeda.

Manuel Galich lo cuenta con claridad en su esencial Del Pánico Al Ataque, como al interior de la única universidad pública de aquel entonces y de hoy, el movimiento estudiantil oficial estaba dominado por los hijos y los esbirros de la dictadura ubiquista o por sectores reaccionarios de esa misma clase media, que en el pasado y en el presente sigue nutriendo el privilegio que es la educación pública en nuestro pobre país.

Es por eso que la propia AEU se encontraba ilegalizada como una organización que el régimen disponía era comunista y no existía ante la inminencia del levantamiento militar del 20 de octubre de 1944, que descolló para la propia suerte del movimiento al interior de la Guardia de Honor en una insurrección popular con movilización de masas contra el último baluarte del ubiquismo, el poncismo; fueron los estudiantes sin organización los que acompañaron por iniciativa propia el alzamiento de esas clases medias politizadas por un régimen en descomposición y un mercado nuevamente en trasformación, en una nueva sustitución de exportaciones, por eso en esta etapa los estudiantes son la expresión izquierda de la oficialidad patriótica del ejercito personificada por Árbenz y Arana y la pequeña burguesía comercial citadina encabezada por los Torriello. Fueron esos estudiantes sin organización, que funcionaban en las sombras que dejaba el anticomunismo de las organizaciones oficiales del ubiquismo en la USAC, las que heredando las banderas y la tradición de la AEU de los 20s, dándose a la tarea de una nueva alborada popular.

De estos mismos jóvenes saldrán los primeros contingentes intelectuales del partido magisterial Renovación Nacional (RN) al centro con la candidatura de Arevalo, y a la izquierda con el combativo Frente Popular Libertador (FPL) el partido de los estudiantes y de la U, con la candidatura el joven Galich. Con el tiempo esta clase media se volverá a incidir hacia la derecha con los hermanos Mendez Montenegro de vocación aranista, socialdemócrata y de reconocido anticomunismo; y a la izquierda con el germen del que después será el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) y su también Juventud Patriótica del Trabajo (JPT) articulada en los 70s y 80s alrededor del Frente Estudiantil de Oliverio Castañeda de León –su líder más icónico– y también del más radicalizado Frente Estudiantil Revolucionario Guatemalteco (FERG) de vocación trotskista entre sus dirigentes más reconocidos al mártir Robín Garcia y desaparecido por el Estado, “El Indio” Alejandro Cotí.

Una cíclica tradición de lucha

En el caso de Ubico se repiten las ansias progresistas de la clase media por trasformar el régimen cerrado de la oligarquía liberal, en una moderna democracia burguesa, acoplándose a la declaración emanada de la Carta del Atlántico, promovida por el gobierno de los Estados Unidos contra los regímenes fascistas prontos a desmoronarse en Roma y en Berlín, regímenes a los cuales era adicto el propio Ubico y un sector importante de la fracción Progresista del Partido Liberal en el gobierno.

La AEU surgió en 1920 como la máxima representación estudiantil, en defensa de los estudiantes y de los intereses democráticos del pueblo guatemalteco, siendo un referente de lucha generacional dentro de la conservadora Guatemala. Esta representación llegó a reunir en sus filas personajes, intelectuales y grandes oradores, que producían fervor entre las masas populares, con consignas en contra de las desigualdades generadas por los gobiernos de turno. También, el movimiento estudiantil tuvo una fuerte carga de consciencia social, además de claridad política, ya que tuvo el valor de pronunciarse contra la intervención yanqui y los abusos por los gobiernos serviles de la oligarquía. Por la reunificación de la patria centroamericana, pues en sus estatutos trastocado hoy, se logró aún conservar el llamado a la unidad de los pueblos centroamericanos y de nuestra nación despedazada por la necesidad del imperialismo, de mantenernos atomizados, balcanizados.

Al ver en retrospectiva la historia del movimiento estudiantil en Guatemala y específicamente el papel que a lo largo de una historia convulsa, unas veces desconectada de la tradición de lucha callejera, popular y hasta insurreccional del estudiantado, tomado la batuta de la lucha popular y otras veces pujante y representativa del sentir de las mayorías, la Asociación de Estudiantes Universitarios, Oliverio Castañeda de León, llegó con justeza en varias situaciones claves de la historia nacional a ser la voz del pueblo, tal como lo recuerdan muchos contemporáneos de las luchas más enérgicas durante el siglo pasado que dejaron cientos de estudiantes asesinados y desaparecidos, por fuerzas militares y dictatoriales. A tal punto que en los momentos más encarnizados de la guerra de clases (1960-1996) en Guatemala el estudiante era un sujeto caracterizado por los regímenes dictatoriales como subversivo.

Hay un lazo histórico entre la AEU de los 20s y la de los 70s, pues ambas agrupan a los hijos de las clases medias urbanas, democratizantes y radicales, mientras otras organizaciones como las del Ubiquismo, la de los usurpadores de los 90s hasta el 2017 e incluso algunos voceros actuales de un movimiento sin base social real, caracterizan a esta organización como una élite privilegiada sin poder efectivo ante el estudiante y desacreditadas por décadas de manejos sectarios y oportunistas sobre el común del estudiantado. Es por eso que es justo plantearnos a que AEU se conmemora 100 años después de aquella sublime reunión de matasananos –estudiantes de medicina– y güisachines –estudiantes de derecho– que dio vida a una de las primeras expresiones políticas de las clases medias urbanas.

El fetichismo de vivir en “todo tiempo pasado fue mejor”

Pero esas luchas quedaron atrás por parte de la máxima representación estudiantil, cuando el asesinato de líderes estudiantiles dejó un grave vacío intelectual, la aniquilación de cientos de estudiantes que estaban llamados a dirigir de manera coherente la política de trasformación del país, se vio truncada por el terrorismo estatal encaminado a detener cualquier opción posible de poder y trasformación de la vieja sociedad finquera que hasta nuestros días perdura, dando lugar todo esto a que el espacio fuera ocupado y años más tarde usurpado, por mafias que estuvieron en el poder por 19 años.

En este periodo también fue secuestrada la Huelga de Todos los Dolores, anterior brazo armado del estudiantado y de la AEU, que pasó de ser convertida en una protesta contra las injusticas a un desfile burdo sin conciencia y con la enajenación del alcoholismo hecha consigna y bandera del movimiento huelguero desacreditado, por los que aun hoy solo defienden sus intereses sectarios, lleno de violencia y enriquecimiento de parásitos Que han sabido convivir como herederos de la reacción que ha hecho que la universidad vaya perdiendo su razón de ser ante la sociedad, perpetuando adentro de la ciudadela social que es las contradicciones de una revolución derrotada y de un país que no se ha trasformado y colapsa ante un estado de permanente crisis.

La cooptación del espacio estudiantil produjo que diversos sectores estudiantiles se agruparan en lo que se denominó “la recuperación de la AEU”, que culminó en 2017 cuando la planilla Frente Estudiantil ocupó el cargo. Con muy a pesar de las personalidades reaccionarias que emanaban de la clase media chapina actual, este ensayo de renovar la AEU tratando de tomar las banderas del pasado, se han saldado con la perdida toda de credibilidad que toda la población le dio a una transición bastante anhelada, por viejos dirigentes estudiantiles y por el complejo entramado de la sociedad civil orgánica y la de paga en las oneges.

La nueva representación estudiantil era un reto para cualquiera de los aspirantes, ya que tenían un gran peso histórico y erróneamente muchos se dieron la tarea de creer que la histórica AEU estaba de regreso, pues hay muchas personas mayores que se han dado por el fetichismo de enaltecer la derrota y martirio del guerrillerimo, en vivir creyendo en el pasado sin poder constituir un trabajo serio en el presente, para hacer de las derrotas de la AEU anterior a 1996 la victorias de las nuevas generaciones; derivado de esto la AEU actual en realidad es otra, pues esta desconectada en sus llamamientos, en sus intereses y en la falta de un programa coherente para agrupar a la población y a los estudiantes, como el sector más acomodado de esta en las reivindicaciones populares.

En todo caso representa junto a muchos dirigentes estudiantiles que han sufrido la derrota permanente abierta con los Acuerdos de Paz y la onegerizacion de todas las expresiones de izquierda al final del siglo pasado y en lo que va de este, un vaciado de un programa que sea capaz de hacer que la AEU actual pueda colocar a la población tras de sí en la lucha por la trasformación del país, como en el pasado lo hiciera la AEU en la revolución de 1924 contra Estrada Cabrera y la revolución de 1944 contra Ubico.

El mismo estado derivado de una clase media que esta equidistante, vinculada más a hacerse de un nombre para catapultarse del oportunismo de la reducida dirigencia universitaria actual sin base social efectiva, hacia los descreditados puestos de la democracia burguesa en decadencia, causó la despolitización de los estudiantes universitarios desde la época de Jorge Mario García (Guilligan), desclasado al servicio del partido patronal y derechista Unionista; así como los titiriteros de los cooperantes de todos los signos y colores, desde la socialdemocracia europea (FES) hasta llegar a las reaccionarias políticas de la AID y de la USAID, mientras de atomiza más aún al estudiantado separándolo en capsulas cada vez más insignificantes, la misma táctica que se utilizó en los 90s y en los 2000 para demonizar y balcanizar la unidad del movimiento obrero internacional, para seguir vaciando ciegamente con la venia de sus patrocinadores la que fuera la más potente organización estudiantil de la patria centroamericana, dejando enterrada la tradición de lucha de las AEUs históricas.

Aunado a esto, la velada privatización de la USAC desde 2005 –exámenes de ingreso– ha producido que los sectores de la educación media estatal no continúen con los estudios universitarios, por lo que la conciencia social se ve reducida a pequeños sectores que en muchas ocasiones no pueden aspirar a asumir representaciones gracias a la carga laboral o la imposibilidad de poder acceder a la universidad “del pueblo”, llenando los viejos cargos de la dirigencia estudiantil con las capas de la clase media alta y la mediana pequeña burguesía, que se ha manifestado en consignas y políticas moderadas, reformistas vinculadas a las agendas del “progresismo burgués” tutelado por los demócratas norteamericanos, la cooperación de USAID y de tantos otros financistas, por no decir políticas abiertamente reaccionarias, antipopulares y anticomunistas –por ejemplo semilla–, que nada tiene que ver con las voces de fuego que en el pasado se encarnaron en líderes de la clase media radicalizada del talante del propio Oliverio Castañeda de Leon.

La AEU desde su recuperación hasta la actualidad, ha producido desilusión en estudiantes y la población en general, ya que sus representantes se dedicaron a pronunciarse por medio de comunicados sin ninguna acción. Además, como ha sido tendencia dentro de la mayoría de asociaciones estudiantiles producido por la extracción de clase de esta nueva dirigencia sin base social, buena parte de los estudiantes que buscan asumir lo hacen únicamente por llenar un curriculum y más adelante tener un puesto en el estado o terminar trabajando en una ONG’s para terminar lucrando con los derechos y el hambre del pueblo guatemalteco. Ninguno esta como nuestros héroes de la libertad, muertos en las montañas o silenciados en los cuarteles militares, emparentado al espíritu y la vocación de libertad que corre por la sangre del pueblo

Haciendo retrospectiva de lo que significaron las representaciones estudiantiles del movimiento estudiantil en el siglo pasado y en la actualidad, la dialéctica nos enseña nuevamente que son dos cosas completamente distintas. En ningún momento Oliverio Castañeda de León, se hubiera sentado como invitado de alguno de los oligarcas como Dionisio Gutiérrez en un frente ciudadano sin cuídanos y con burgueses, o mucho menos invitar a la embajada de los Estados Unidos a realizar actividades dentro de la sede de la asociación que perdió a muchos de sus líderes a manos de militares pagados por el Departamento de Estado de EU, ni aplaudirle a alguno de los presidentes por su mediocre actuación, tal como lo hizo el actual secretario general de la AEU hacia Alejandro Giammattei.

¿Qué sucedió después de la recuperación de la AEU?

A decir verdad, no mucho, más que la recuperación representativa del espacio, que ya no está ocupado por las mafias. Solo quedó la idea de aquella AEU histórica que levantaba la voz contra las injusticias, ya que la condición de muchos no les permite ver más allá su realidad. También quedó un movimiento estudiantil más atomizado, convirtiendo la lucha estudiantil en una pelea de egos entre grupúsculos bastante alejado de las premisas que demanda la realidad inmediata del estudiantado y del pueblo.

La AEU hoy está conmemorando a otra AEU, que es por su naturaleza irreductiblemente diferente a ella, pues quiénes en el pasado creyeron en la revolución guatemalteca hoy ha caído en el descredito del estudiantado, que vio con asco a los mafiosos que la usurparon casi 20 años, pero que miran con mofa a los líderes de la nueva política de la clase media y de la pequeña burguesía como hacen puntos ante sus amos, esperando darse a conocer para encumbrarse por sobre sus compañeros en una nueva desilusión en otro arlequín de la política nacional.

Si bien es cierto que la AEU no tienen 100 años genealógicos pues la tradición de lucha de esta potente organización fue desarticulada varias veces en el pasado, como un órgano de poder popular peligroso para el modelo finquero imperante, también es cierto que como en 1920 o como en la reunión de la mas de la docena de estudiantes que apoyo el asalto de los cuarteles militares del Ubiquismo en 1944, la realidad ante una nueva crisis humanitaria, social que será profundamente atizada por la crisis económica exigirá la articulación de un nuevo órgano de dirección del estudiantado radicalizado de la USAC.

Esta nueva expresión bien puede ser bajo las siglas de la AEU –eso poco le importa a la realidad– o puede ser bajo nuevas formas de lucha que constituyan un nuevo organismo de dirigencia del estudiantado, que responda a la necesidad de un estudiante clase media que antes de la emergencia del Covid-19 ya se empobrecía y que seguirá deslizándose hacia la revolución, por eso creemos que es esencial conmemorar a la AEU, pero esto no debe hacerse como lo plantean las expresiones de la ideología de oneges que hoy impera en un sector importante de la dirigencia estudiantil acomodada, sino la impronta que los propios estudiantes, las miles de cabezas y corazones que en silencio han estado dormidas y desperanzadas hasta tomar bajo su propias manos el destino de sus vidas y el de la patria, como en el pasado lo tomaran los máximos dirigentes del estudiantado sancarlista.

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