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NICARAGUA.- Si tenemos un 50% de energía barata: ¿por qué suben los precios de la energía?

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Por Aquiles Izaguirre.

El novelista inglés Aldous Huxley solía decir: “Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. Por desgracia eso es lo que suele suceder en la triste historia de Nicaragua. Nuevamente están por dar una estocada a los bolsillos de los nicaragüenses. Infaliblemente en este mes de junio el gobierno discutirá un nuevo incremento en la tarifa energética y las perspectivas son, un nuevo subsidio o el aumento de la tarifa energética. Pero, ¿cómo es posible que suba la tarifa energética si los precios de los combustibles han bajado? La realidad es compleja y esconde los intereses económicos de algunos sectores burgueses de nuestro país.

Altos costos de la energía

Desde finales del gobierno de don Enrique Bolaños, el país sufre una embestida titánica. Los combustibles sufrieron el tsunami de la guerra y la especulación. Los precios de los hidrocarburos despuntaron a tal grado que las alzas en los precios de la energía no pararon de subir desde aquellos años hasta la fecha. Para rematar al pueblo, no solo los precios de los combustibles eran altísimos, sino que el crecimiento económico aumentó la demanda energética y los “ingeniosos” gobiernos neoliberales no impulsaron políticas para aumentar la producción de las generadoras de energía, eso sumado a que su “inigualable visión a futuro” hizo que el 80% de la energía se produjese por medio de petróleo.

El colapso estaba a la vuelta de la esquina. Así llegó el nuevo gobierno del FSLN que “trajo la luz” y terminó con los apagones. Pero la luz llegó a un altísimo costo, que actualmente estamos pagando. El país comenzó a producir energía con derivados del petróleo producto de la ayuda venezolana, a tal grado que las facturas de energía se han incrementado en más del 300% en los últimos 6 años.

Energía renovable

Pero en honor a la verdad, no podemos decir que todo el trabajo del gobierno sandinista es malo en lo que respecta a todas sus políticas energéticas. Desde que asumieron el control del Estado, tomaron las riendas de la producción de energía y planificaron la forma en que el país deje de depender de la producción de energía basada en los derivados de los combustibles.

El gobierno asumió la tarea de cambiar la matriz energética del país. Por ejemplo, el vicepresidente de la república Omar Hallesleven declaraba que Nicaragua: "estará generando a finales de este año el 60% de generación de energía con elementos renovables" (El nuevo Diario 08/06/12). Los éxitos son innegables, del 80% de matriz energética que se producía a través de derivados del combustible, al día de hoy por lo menos el 50% de la energía que se produce en el país es limpia.

Entonces, si ya no dependemos enteramente de la matriz energética de hidrocarburos ¿Por qué se anuncia un nuevo incremento? “En enero pasado, la tarifa de energía experimentó un alza del 9%, pero a la par de ese incremento, el Instituto Nicaragüense de Energía, INE, también anunció que el gobierno aprobó un subsidio de US$26.1 millones para los primeros seis meses del año, equivalente al 11%, porque se requería aumentar en 20% la factura.” (En Nuevo Diario 19/06/12). Los recursos para el subsidio vienen de Caruna, empresa privada de capital sandinista.

Nacionalización de la industria eléctrica

La triste historia de Nicaragua es que, aunque el país llegue a producir el 80% de energía limpia, esta energía tardará en ser barata, porque el país continuará pagando el subsidio dado por Caruna en estos dos años. El subsidio no será gratis, los trabajadores nicaragüenses seguirán pagando en estos años a Caruna. Y al mismo tiempo, a pesar de la demagogia del gobierno, la inversión para la construcción de las generadoras limpias viene de financiamientos nacional e internacional privados, con una gran cantidad de intereses. La mayoría de estas nuevas generadoras son de capital privado y de intereses de la burguesía sandinista emergente.

La generación de energía no debe estar en manos privadas. Pero al decir esto rechazamos a la vez la demagogia de la derecha del país, la cual si estuviese en el gobierno coparía las empresas energéticas con su capital. Las productoras deben ser propiedad del pueblo, supervisadas y manejadas por sus trabajadores de la industria, con la fiscalización del Estado y las sociedades de derechos de los consumidores como contra peso a cualquier gobierno.

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