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NICARAGUA.- Necesitamos crear una nueva fuerza política

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Por Victoriano Sánchez

La crisis de la oposición se ha materializado, ya no se puede ocultar. Dos años y medio después de los acontecimientos de abril del 2018, que sacudieron al país, la oposición lejos de unirse se divide nuevamente. Esto no es nuevo, era algo previsible.

La unidad con los partidos zancudos

Después del aplastamiento de los tranques, comenzó una lenta campaña a favor de la “unidad” de la oposición. Se abandonó la consigna de elecciones anticipadas, y todos se acomodaron con la salida electoral hasta el 2021.

Mientras tanto, los mismos grupos que formaron la Coalición Nacional por la Democracia (CND) en 2015, una fracasada alianza electoral con el PLI de Eduardo Montealegre, son los mismos que hoy impulsan la llamada Coalición Nacional (CN). Estos grupos son el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), que tiene una expresión pública a través del fantasmal Frente Amplio por la Democracia (FAD) formado por disidentes del liberalismo.

El FAD-MRS  y la Articulación que dirige Mónica Baltodano, se aliaron al grupito de disidentes de Félix Maradiaga,  y es el bloque que controla actualmente al Consejo Político (CP) de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) y son quienes han impuesto la línea de concretizar la unidad con los partidos zancudos o colaboracionistas para supuestamente “sacar a la dictadura”. La confluencia de estos grupos dentro del CP de la UNAB tiene un origen social común: todos administran o están ligados a ongs, que son disfrazados de “movimientos sociales”.

Poco a poco la UNAB fue abandonado la denuncia contra los partidos zancudos y se ha convertido en la principal impulsora de la Coalición Nacional, en la que participan el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de Arnoldo Alemán,  el partido regional YATAMA y el desconocido Partido de la Restauración Democrática (PRD), que obtuvo su personalidad jurídica en 2017.

La Coalición Nacional esta formada por estos partidos, más el Movimiento Campesino (MC) que dirige Medardo Mendoza, la UNAB, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) y el llamado “sector juvenil y estudiantil”.

División por los Estatutos

Al momento de firmarse los Estatutos de la Coalición Nacional, se produjo una división. La ACJD expreso algunas dudas y se origino una crisis interna, que termino con la renuncia de José Pallais a esta organización. Los movimientos sociales que participan dentro de la ACJD han perdido su independencia y se han debilitado porque las cámaras empresariales ejercen el control e imponen la política a seguir. El nacimiento formal de la Coalición Nacional fue programado para el 25 de junio. Firmen o no el documento, la realidad es que hay división.

La última encuesta refleja desconfianza

El gran problema de los grupos de oposición es que creen que solo con juntarse van a tener la fuerza suficiente para derrotar a la dictadura en las próximas elecciones. La unidad no servirá para nada si antes no se hacen las reformas electorales que desmantelen el aparato que el FSLN ha logrado montar dentro del Consejo Supremo Electoral (CSE)

Los grupos de oposición se pelean por el control del membrete de la Coalición Nacional mientras el pueblo esta luchando por sobrevivir en medio de la pandemia. Debido a que la oposición no levanta las reivindicaciones mas sentidas de la población en la lucha contra la crisis económica, la última encuesta de CID Gallup reflejó que más del 70% de la población no se inclinaba por partido alguno, incluso la Coalición Nacional no obtuvo preferencia alguna.

La UNAB descendió del 30% en septiembre del 2019 a 5% en la actualidad. Y la ACJD se derrumbó también hasta el 1%. La anterior encuesta es una comprobación que la mayoría de la población desconfía de los grupos de oposición que impulsan la Coalición Nacional.

Todavía estamos a tiempo

A pesar de los pleitos y divisiones de la oposición, la mayoría de la población quiere un cambio real, y este comienza creando nuevos movimientos y partidos políticos, para que presenten sus propuestas transformadoras. No podemos confiar en los partidos zancudos que más temprano que tarde traicionaran la lucha democrática. Los trabajadores y el pueblo debemos crear nuevos instrumentos políticos para cualquier lucha electoral, que debe incluir primero la libertad de los presos políticos, la recuperación de las libertades, una reforma electoral democrática para crear las nuevas fuerzas políticas que el pueblo con su rechazo pasivo está reclamando.

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