Por Leonardo Ixim

Con una alta participación se realizó la segunda vuelta electoral en Brasil, entre el actual presidente Jair Bolsonaro e Ignacio Lula Da Silva, en la que ha sido catalogada como una de las elecciones más reñidas en la historia política del gigante sudamericano.

El criminal gobierno del ex capitán del ejército y ex diputado Bolsonaro se caracterizó por una inflación alta, donde los precios al consumidor subieron un 8.3 por ciento en 2021 y mas de la mitad de los brasileños (125,2 millones) viven con algún tipo de inseguridad alimentaria y 33 millones enfrentan una inseguridad alimentaria severa; así como el crecimiento de los índices de pobreza y extrema pobreza.

 Pese a eso, el bolsonarismo muestra un apoyo considerable en parte de iglesias evangélicas pentecostales y, con ello, el fortalecimiento de una ideología conservadora a nivel de las capas populares, así como la influencia del lobby de la agro industria, lo cual se refleja en una fuerte bancada en el Congreso que representa los intereses de la industria agro exportadora de cereales y alimentos; estos generan en diversos territorios rurales hegemonía sobre diversas capas de la población.

Pero también muestra el apoyo de algunos sectores populares, pero sobre todo en las capas medias y la pequeña burguesía que en algún momento apoyaron al PT y quedaron defraudados por ciertas políticas de estos gobiernos. Con la pandemia, pese al negacionismo, Bolsonaro se dedicó a brindar medidas asistenciales como Auxilio Brasil, la Bolsa Caminhonero, el Vale Taxi, generando esa clientela; logró mantener estable el precio de los combustibles y otras medidas, usándolas como estrategia electoral.

Los resultados electorales

Estuvieron convocados para estas elecciones de segunda vuelta 124,252,796 votantes, participando 118,552,353 el 79.41 por ciento, casi el mismo número de votantes en la primera; los votos nulos ascendieron a 3,930,765 una cantidad levemente superior que en la primera vuelta y los votos en blanco fueron 1,769,678, un poco menos que en la primera vuelta.

El ex sindicalista y dos veces presidente, de la coalición Brasil de la Esperanza y del Partido de los Trabajadores (PT) y su candidato a vicepresidente, Gerardo Alkim, del Partido Socialista Brasileño (PSB) ex gobernador del estado de Sao Paulo, obtuvo 60,345,999 de votos, el 50.90 %, un poco más de dos millones de votos que en la primera vuelta. Mientras Bolsonaro  y su candidato a vicepresidente, el militar Walter Braga Netto, por la coalición Por el Bien de Brasil y su Partido Liberal (PL) obtuvieron 58,206,354, el 49.10 %, ocho millones de votos más que en la primera vuelta electoral.

Por otro lado, se disputó segundas vueltas en varias gubernaturas estaduales; de un total de los 26 estados en que se divide esta república federal, se celebraron elecciones en nueve entidades, de los cuales siete se disputaron en la segunda vuelta.

En el estado de Distrito Federal el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) se llevó la gubernatura; en Minas Gerais, por su parte, el partido Novo obtuvo la gobernación en la primera vuelta, quien se alió al lulismo para la segunda vuelta.

En Amazonia la disputa fue entre la coalición lulista y bolsonarista, llevándose el partido Uniao, de la segunda coalición, la gobernación. En Bahía, al noreste, también hubo una disputa entre ambas coaliciones, donde el candidato del PT obtuvo la gubernatura; en Mato Graso do Sul, situado al centro, la disputa fue entre el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), histórico partido vinculado a los grupos de la burguesía y otro partido afín al bolsonarismo, llevándose la gubernatura el primer partido.

Otro estado fue Rio de Janeiro uno de los más populosos, entre un candidato del partido de Bolsonaro, el PL, y el PSB de la coalición lulista, obteniendo el triunfo el candidato del bolsonarismo. En Rio Grande do Sul la disputa fue entre un candidato del PSDB y otro del PL (bolsonarista), llevándose la gubernatura el primero. En Sao Paulo, el estado más poblado de la federación, la disputa se llevó entre un candidato bolsonarista del partido Republicanos, y ex candidato presidencial del PT en la elección pasada, Fernando Haddad, logrando el triunfo el primero. Y para terminar, en el sureño estado de Santa Catalina, la disputa fue nuevamente entre un candidato bolsonarista del PL contra otro del PT, logrando el triunfo el primero.

Es decir, en el encuentro de la amplia coalición de centro derecha que se formó en torno a Lula para la segunda vuelta contra la extrema derecha bolsonarista, esta última se llevó cuatro gubernaturas mientras que la primera se llevó cinco gubernaturas, pero por lo menos tres son de partidos (PSDB, MDB y Uniao) burgueses que hicieron frente común contra el bolsonarismo.

Mientras que, a nivel del Congreso, el PL es mayoría en el Senado (14) y en diputados (99) a lo cual se suman los congresistas aliados. El PT en el Senado obtuvo 9 escaños y en la Cámara de Diputados 68 curules. A su vez, los partidos del llamado centrao, encabezados por el MDB y la derecha clásica PSDB y otros afines, serán la balanza del poder.

Reacomodos políticos

 Sobre el famoso centrao, ya lo mencionamos en el anterior artículo, caracterizado por la reproducción del caciquismo, y el clientelismo el MDB es el mejor ejemplo de esto. Este partido proviene de la lucha contra la dictadura y fue fundamental para lograr la llamada gobernabilidad a favor de los gobiernos del PT, hasta que el vicepresidente de Dilma Russef –en su segundo gobierno-, de ese partido, Michel Temer, se prestó a la destitución de ésta, y ahora en la segunda vuelta muestra su apoyo nuevamente Lula.

De hecho, el centrao está haciendo guiños a Lula; el actual presidente de la Cámara de Diputados saliente, Arthur Lira, del Partido Progresista (un reciclaje de políticos con origen en la dictadura militar), que en la primera vuelta apoyó a la coalición bolsonarista, mostró su apoyo al gobierno electo en aras de la gobernabilidad de la burguesía y hay un acercamiento con gobernadores, incluso que apoyaron a Bolsonaro, como el de Sao Paulo.

El lulismo y el bolsonarismo

El retorno de Lula a la presidencia en una amplia coalición donde sobresalen fuerzas políticas burguesas y el apoyo de sectores empresariales descontentos con Bolsonaro, es la reedición de las políticas de conciliación de clases promovidas por el PT -partido formado desde el sindicalismo combativo contra la dictadura- que desde finales de los ochenta fue moderando su programa, y cuando asumió por primera vez la presidencia en 2003, con la llamada Carta al Pueblo Brasileño mostró el compromiso con el gran capital.

Si bien los gobiernos del PT, sobre todo en el segundo gobierno de Lula, impulsaron una serie de medidas de bienestar social, como la mejora de los ingresos, el fomento al crédito a partir de una banca pública, una amplia reducción de la pobreza con programas asistenciales, garantizaron los intereses de los grandes monopolios como la agro-industria, la construcción y la industria, impulsando una política de reducción de las pensiones; y aunque no continuó con la privatización en la producción de petróleo, hierro, bienes de capital, etc., tampoco las revirtió.

Durante el primer gobierno de Dilma Russef, con la caída de los precios de los commodities y al calor de las grandes obras para los Juegos Olímpicos de Rio y el Campeonato Mundial de Fútbol en 2013, se realizaron fuertes protestas contra la poca inversión en infraestructura pública, sobre todo en la ampliación de las redes de salud y educación, en contraste con las obras para eventos deportivos.

Ante la falta de conducción de estas protestas por la izquierda, y el desprecio de las principales organizaciones de masas ligadas al PT como -la Central Unitaria de Trabajadores, el Movimiento de los Sem Tierra, la Unión Nacional de Estudiantes y otras- emergieron corrientes conservadores que se sumaron a las acciones contra la corrupción desde el Poder Judicial (impregnado por factores conservadores), que salpicó a los principales partidos, entre ellos al PT y al propio Lula, de lo cual demagógicamente Bolsonaro, en ese entonces diputado, se mostró como un abanderado. A la par de esto, se realizó la destitución de Russef en su segundo gobierno, por una coalición de fuerzas de los partidos del centrao; así como de la mayoría de fracciones de la burguesía que ahora se suman nuevamente al carro lulista. La apuesta de estos sectores era fortalecer al PSDB, pero el vendaval que reflejó Bolsonaro los obligó a mostrar su apoyo a éste.

El bolsonarismo como movimiento mostró su músculo desconociendo los resultados electorales, realizando tranques en las carreteras que contaron con el apoyo de las fuerzas policiales; posteriormente el mismo Bolsonaro pidió desmontarlos. Sin embargo, los hechos durante la campaña, con agresiones a simpatizantes de Lula, muestran que este movimiento reaccionario no puede ser detenido solo en las urnas. Durante la campaña, el PT y las organizaciones de masas afines impidieron la creación de un movimiento revolucionario.  Le corresponde al Polo Socialista, a partidos de izquierda como el PSTU, el PCB, UP, a diversas corrientes del PSOL, junto a las organizaciones de base populares y sindicales como Conlutas, el fortalecimiento de un movimiento antifascista y de independencia de clase.

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