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De Fujimori a Micheletti:

Las características especiales de los nuevos golpes de Estado

Por Orson Mojica

La gradual y paulatina reforma de las dictaduras militares de America Latina y su transformación en regímenes democrático-burgueses, durante la convulsa década de los años 80 del siglo pasado, generó la ilusión de que ya no se producirían nuevos golpes de Estado. Sin embargo, la realidad ha sido diferente. Aunque los golpes de Estado han disminuido en America Latina, no han dejado de producirse. Por ello resulta importante para los socialistas centroamericanos estudiar las características especiales que adquieren los nuevos golpes de Estado.

1.- Cadena de golpes de Estado

Contrario a lo que se puede creer, en los últimos 20 años se han producido vario golpes de Estado en America Latina o intentonas de golpe de Estado. La mayoría de estos procesos triunfaron, derrocaron  a gobiernos débiles, pero la característica mas importante es que funcioanrio de manera transitoria, y fueron sustituidos por gobiernos electos democráticamente. En pocas palabras, no establecieron prolongadas dictaduras militares. Quizá la única excepción a esta regla general es Haití.

1.1.- Golpe contra Jean Bertrand Aristide

El 30 se septiembre de 1991, el general Raoul Cedras, apoyado por un coalición de partidos derechistas, perpetró un golpe de Estado contra el populista Jean Bertrand Aristide, presidente de Haití, enviándolo al exilio y estableciendo durante 3 años un sangriento régimen militar. Estados Unidos y la “comunidad internacional” condenaron el golpe de Estado, pero a pesar del aislamiento diplomático el régimen militar logró mantenerse en el poder hasta que la movilización de las masas haitianas logró imponer el retorno de Aristide el 15 de Octubre de 1994.

No obstante, durante su segunda presidencia, el 29 de febrero de 2004, Jean Betrand Aristide fue obligado a renunciar al cargo y enviado nuevamente al exilio, donde todavía se encuentra.

1.2.- Auto golpe de Alberto Fujimori

El 5 de abril de 1992, el presidente peruano Alberto Fujimori disolvió ambas cámaras del Congreso que se negaban a concederle amplios poderes, derogando la Constitución de 1979 y convocando a elecciones para elegir una Asamblea Constituyente. Aunque Fujimori podía disolver legalmente la cámara baja, no podía disolver el senado. Este es el más emblemático de los recientes golpes de Estado porque logró imponerse contra el aislamiento internacional creando un nuevo orden constitucional.

Posteriormente, el 29 de octubre de 2000, el mayor Antauro Humala organizó una intentona de golpe militar contra el gobierno de Alberto Fujimori. El 1 de enero de 2005 organizó un nuevo levantamiento militar contra el presidente Alejandro Toledo. Ambos intentos fueron derrotados.

1.3.- Golpe fallido contra Hugo Chávez

En 1992, en Venezuela se produjeron dos intentos de golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez, aliado incondicional de los Estados Unidos. El 4 de Febrero, el coronel Hugo Chávez y un grupo de militares nacionalistas intentaron derrocar al corrupto e inepto gobierno socialdemócrata, pero no triunfaron. El 27 de Noviembre de ese mismo año se produjo una nueva intentona de golpe de Estado, encabezado por Hernán Grüber Odremán, el cual también fracasó. Estas dos intentonas golpistas reflejaban el profundo descontento social y la bancarrota del sistema bipartidista. El descontento social fue aprovechado políticamente por Hugo Chávez, quien conquistó por la vía electoral la presidencia de la República en 1999.

Ante los cambios políticos e institucionales impulsados por el presidente Hugo Chávez, la oligarquía venezolana organizó un golpe de Estado, el 11 de abril de 2002, que lo mantuvo fuera del poder por algunos días, hasta que la poderosa movilización de masas derrotó la intentona golpista, logró rescatarlo de la prisión y reinstalarlo en el poder.

1.4.- Fallido autogolpe de Jorge Serrano Elías

El 25 junio de 1993, siguiendo el ejemplo de Alberto Fujimori, el presidente guatemalteco, Jorge Serrano Elías, dio un autogolpe de Estado, disolviendo el Congreso de la República, la Corte Suprema de Justicia, y otras instituciones. Sin embargo, la Corte de Constitucionalidad declaró inconstitucional el golpe de Estado, el ejército le retiró el apoyo y Serrano Elías se vio forzado a solicitar asilo político en Panamá. La crisis se resolvió dentro del marco constitucional cuando el Congreso eligió a Ramiro de León Carpio.

1.5.- Golpes de Estado contra Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad

El 5 de Febrero de 1997, en medio de una poderosa protesta social contra las políticas neoliberales, se produjo el golpe de Estado contra Jaime Bucaram, recién instalado presidente de Ecuador, iniciando un largo periodo de inestabilidad política y de constantes cambios de gobierno. El 21 de enero del 2000, Lucio Gutiérrez, antiguo edecán de Bucaram, encabezó un nuevo golpe de Estado que derrocó al presidente Jamil Mahuad, asumiendo Gustavo Noboa la presidencia de Ecuador

1.6.- Golpe de Estado contra Manuel Zelaya

El 28 de Junio del 2009, en Honduras, Roberto Micheletti, presidente del Congreso, encabezó una conspiración de todos los poderes e instituciones del Estado que culminó con un golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya, derrocándolo y desterrándolo.

2.- ¿Se acabaron los regímenes militares sangrientos?

De esta cadena de golpes de Estado debemos estudiar los casos de Perú y Honduras porque, a pesar de las aparentes diferencias, guardan muchos aspectos en común. Es mas, el análisis del autogolpe de Fujimori en 1992 nos puede ayudar a descifrar los alcances del golpe de Estado en Honduras y cuales son las reales intenciones de los golpistas.

Los golpes de Estado ejecutados por Pinochet en 1973 o por los militares argentinos en 1976, se caracterizaron por ser procesos sangrientos que implicaron la utilización de métodos contrarrevolucionarios, propios de la guerra civil, como el masivo aniquilamiento físico de los activistas de izquierda y de la dirigencia popular, la limitación de las libertades democráticas, etc.

El hecho de que los últimos golpes de Estado, salvo el caso de Haití, no tengan estas características tan brutales, no cambia la naturaleza contrarrevolucionaria de los mismos, ni es una generosa concesión de las burguesías o del imperialismo. La intensidad de la violencia de la burguesía contra las masas trabajadoras es directamente proporcional a la movilización de estas, a la crisis del aparato del Estado y el surgimiento de los organismos de doble poder de los trabajadores. Entre mas poderoso es el ascenso de las masas, mas violenta es la repuesta de la burguesía.

3.- Similitudes y diferencias entre Perú y Honduras

Cuando se produjo el autogolpe de estado de Fujimori en 1992, no había ascenso de masas en Perú. Todo lo contrario: Fujimori venía de ejercer una violenta represión contra la guerrilla de Sendero Luminoso, recortando las libertades democráticas, lo que afectó a las organizaciones de los trabajadores y a la izquierda en general. El autogolpe de Estado de Fujimori obedeció a la necesidad de concentrar el poder para terminar la labor de limpieza de la guerrilla maoísta y restablecer la autoridad del Estado burgués.

En este proceso, bajo el pretexto de combatir al terrorismo, Fujimori desató una represión selectiva contra los activistas de izquierda, torturándolos, realizando ejecuciones sumarias, etc. En cierta medida, el autogolpe de Estado contó con cierto apoyo popular. Este sentimiento reaccionario de un sector de masas fue producto de la prolongada crisis económica y social, de ahí surgió la necesidad de un “hombre fuerte” que impusiera el orden.

En Honduras, la situación es diferente. Las masas vienen de hacer la experiencia con la democracia burguesa y existe un sentimiento de decepción con el antidemocrático sistema bipartidista impuesto con la Constitución de 1982. Y aunque no había un poderoso ascenso de masas que pusiera en peligro la estabilidad del capitalismo neocolonial, los paros cívicos nacionales de los ultimos años eran un claro indicador del creciente descontento social. en esas condiciones, el discurso populista y reformista del presidente Manuel Zelaya comenzaba a calar entre las masas y confluía con ciertos sectores de la izquierda y del movimiento popular.

Por esta razón, en el ultimo periodo, unas semanas antes del golpe de Estado del 28 de Junio, todos los poderes e instituciones del Estado, controladas por el Partido Liberal y Nacional, cerraron filas y se reagruparon contra del presidente Manuel Zelaya. El detonante del golpe de Estado fue la consulta sobre la Cuarta Urna, una encuesta realmente inofensiva pero que de haberse realizado hubiera legitimado políticamente la reivindicación de convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Estamos, pues, ante un golpe de estado de carácter preventivo, con el objetivo de cohesionar a la burguesía en torno a un objetivo central: evitar la convocatoria de un Asamblea Constituyente que desmantele el sistema bipartidista instaurado en 1982. Mientras Fujimori golpeó la mesa para cambiar la Constitución, en Honduras los golpistas no quieren el más mínimo cambio constitucional.

Es importante recalcar que fue el golpe de Estado del 28 de Junio el que desencadenó la reacción y la movilización de masas, algo que los golpistas no esperaban y por ello han procurado manejar la represión a niveles muy puntuales o selectivos, para no provocar una mayor radicalización del movimiento de masas. Esta dialéctica entre represión selectiva y movilización de las masas puede romperse en cualquier momento.

En la mayoría de los casos, al menos en America Latina, los golpes de Estado buscan casi siempre derrocar al poder ejecutivo. Sin embargo, en el caso del auto golpe de Fujimori, el poder ejecutivo se mantuvo incólume, disolvió todos los poderes y creó una nueva legalidad por la vía de las elecciones. En el caso de Honduras, se mantuvo la tendencia general de extirpar del poder al presidente de la republica, pero con una novedad: el golpe fue organizado desde el Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía, la Procuraduría de los Derechos Humanos, es decir, fue una conspiración de todos los poderes contra el poder ejecutivo, quien se encontraba aislado dentro de la estructura del Estado burgués. Los golpistas se esforzaron por vestir de legalidad sus actos, por ello inventaron la ingeniosa definición de “sucesión presidencial”, cuando la Constitución de 1982 no contempla dicha figura.

4.- Punto común: legitimización del golpe de estado por la vía electoral

Pero a pesar de las incontables diferencias sobre la correlación de las fuerzas sociales entre Perú y Honduras,distintos personajes, complejas situaciones políticas y programas distintos, hay algo en común y sorprendente en ambos golpes de Estado: en ambos casos, la ruptura del orden constitucional pretende legitimarse a través de un proceso electoral controlado por los golpistas, contando con el solapado apoyo del imperialismo, y la colaboración hipócrita de la mayor parte de las burguesías de Latinoamérica.

Pero hay más similitudes asombrosas: el auto golpe de Fujimori fue condenado por el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), como ocurrió en el caso del gobierno de facto de Micheletti. En esa ocasión, Perú no fue expulsado de la OEA porque no existía la Carta Democrática de la OEA que fue aprobada en 2001. Cesar Gaviria, entonces secretario general de la OEA integró una misión de cancilleres que visitó Perú, promoviendo el diálogo y la reconciliación, de la misma forma que recientemente lo hizo José Miguel Insulza en Honduras. De igual manera, una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) realizó también una visita in situ en Perú para constatar las violaciones de los derechos humanos, a como ocurrió recientemente en Honduras. Y así sucesivamente, el guión parece ser el mismo

No cabe la menor duda que Micheletti ha utilizado el precedente del auto golpe de Fujimori para desarrollar el golpe de Estado del 28 de Junio, y borrarlo a través del proceso electoral a realizarse en Noviembre de este año.

5. La gran diferencia: la resistencia de las masas

El Pacto de San José, propuesto por el presidente Oscar Arias, por un lado, y el proceso electoral amañado, por el otro, son los dos brazos de una misma tenaza que pretende derrotar pacíficamente la resistencia de las masas contra el golpe de Estado.

Queda claro, pues, el origen de la conspiración y la estrategia de Micheletti de mantener en el destierro al presidente Manuel Zelaya y resistir hasta la convocatoria de las elecciones. El problema es que no contaban con la resistencia de los trabajadores y del pueblo de Honduras. ¿Hasta cuándo resistirán los golpistas? Es difícil preverlo. Las presiones de la llamada comunidad internacional no son lo suficientemente fuertes para derrocar a Micheletti, aunque les evita críticas de que están apoyando a las nuevas dictaduras.

Pero la lucha de las masas sufre avances y retrocesos, no presenta una continua radicalización. El mayor peligro en la actualidad es que el cansancio de las masas conduzca a la izquierda a la tentación de participar en el proceso electoral controlado y diseñado por los golpistas. Con ello se cerraría el ciclo fríamente diseñado por los golpistas y con ello las masas serían derrotadas pacíficamente. Y el presidente Manuel Zelaya sufriría el mismo destino de Jean Bertrand Aristide: el exilio eterno.

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