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VENEZUELA.- crisis prolongada, decadencia y síntomas de barbarie

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Por Leonardo Ixim

Después del show montado por el imperialismo con respecto a la “ayuda humanitaria”, la crisis en Venezuela se hace más profunda, ahora con los apagones que ya duran tres días afectando 16 estados del país, mientras que en otros 17 es intermitente el servicio, golpeando infraestructura básica como hospitales, sumistro de agua y telecomunicaciones.

Con respecto a las responsabilidades, mientras el gobierno señala a Estados Unidos de meter un virus informático en el sistema central de distribución eléctrica, el auto-proclamado presidente Juan Guaidó señala como causa la falta de inversión en la distribución eléctrica y en el mantenimiento de centrales y torres de distribución. Lo cierto es que ambas teorías son posibles. Debido a la crisis el gobierno ha dejado de invertir en muchos aspectos relacionados a la infraestructura productiva  y de prestación de servicios (el Estado nacionalizó varias industrias básicas así como empresas de servicios durante el gobierno de Hugo Chávez).

Pero no se descarta que, viendo la debilidad del sistema eléctrico y lo fundamental que es para el aparato productivo la electricidad, el imperialismo estadounidense haya hecho esta acción como forma de justificar algún levantamiento del ejército contra Maduro o que la institución armada se pronuncie por su renuncia.

De hecho, el títere yanqui Guiadó anunció que pedirá a la Asamblea Nacional -de mayoría opositora-  declarar un estado de emergencia. La apuesta sería construir una institucionalidad paralela al gobierno de Maduro; para eso Guaidó anunció que está en pláticas con organismos financieros internacionales para montar tal institucionalidad con promesas de US$1500 millones, sin embargo hasta la fecha esta asamblea no ha logrado montarla y la articulación de partidos opositores, en su mayoría de derecha, que llevó al arrollador triunfo en 2015, se ha fragmentado. 

La debilidad opositora

Tras las elecciones de 2015, los partidos de la ex Mesa de la Unidad Democrática (MUD) empezaron a dividirse.  Existen en la actualidad diversas coaliciones como Soy Venezuela,  Concertación por el Cambio cercana al ex chavista Henry Falcon;  y más recientemente el Frente Amplio Venezuela Libre un espacio articulado por los principales partidos de la ex MUD con organizaciones de la sociedad civil anti-chavista, el apoyo de la jerarquía católica y la mayoría de iglesias protestantes y sectas evangélicas. 

Sin embargo, esta coalición reproduce las mismas diferencias que llevaron a MUD a su fracaso, en las formas de conducción entre los partidos que la conforman; por un lado los partidos con más raigambre histórica como Acción Democrática desplazados por el ascenso de chavismo, y por el otro los formados post-ascenso de este, en su mayoría escisiones de los partidos históricos burgueses; con perfiles más reaccionarios y base social organizada, como Primero Justicia y Voluntad Popular, del cual emerge Guiadó como un manotazo para imponerse sobre las otras agrupaciones.

Ahora, en términos reales el “decreto de emergencia” no tiene incidencia, pero busca seducir a los militares para respaldarlo. Esto después de que los personeros del Departamento de Estado cuestionaran a Guiadó por fallar en lograr el apoyo militar, y por el fracaso de la operación que ellos mismos montaron en la frontera entre Colombia y Venezuela, donde buscaron ingresar ayuda humanitaria, movilizando a opositores al gobierno de Maduro, detenidos por las fuerzas de seguridad venezolana en el puente fronterizo que une las ciudades de Cúcuta en Colombia  y San Antonio del Tachira en Venezuela. Esta operación, ejecutada por la USAID y con el respaldo británico, fue denunciada por el Comité Internacional de la Cruz Roja y la organización asistencial Cáritas adscrita a la Iglesia Católica como violatoria del derecho internacional humanitario. Con esto nuevamente buscaban que las fuerzas armadas se rebelaran contra Maduro.

El poder del ejército

Si bien podemos decir que la oposición y la oligarquía tradicional tienen responsabilidad  en la crisis económica con el acaparamiento de productos, la evasión fiscal y la expatriación de los dividendos, junto a las medidas restrictivas  de parte de Estados Unidos desde hace más de cinco años poniendo trabas a la entrada de inyecciones de capital -aunque existen inversiones de empresas gringas como Chevron que mantienen sus operaciones-  y más recientemente el bloqueo a utilizar los ingresos, dividendos y recursos que la filial de PDVSA en Estados Unidos produce, el gobierno también es responsable.

Esto no es producto de, como dicen los medios occidentales, la aplicación de políticas socialistas, las cuales no han sido tales. En el gobierno de Chávez y aún más en el de Maduro, se mantuvo el modelo rentista capitalista en torno a la exportación de petróleo y algunos otros bienes estratégicos, que implicó el ascenso de una nueva burguesía -formada desde las capas burocráticas del Estado, el ejército y algunos sectores aristocráticos de las organizaciones populares-, que le disputó en esa área las transferencias que la oligarquía usufructuaba. Porque en otras áreas el chavismo siguió vendiéndole divisas como históricamente ha recibido, para la importación de productos de consumo.

Pero la espiral inflacionaria, la falta de inversiones públicas y privadas, la disminución de divisas y baja en las reservas monetarias, entre varios factores más, provocaron esta situación de escasez, carencia, pobreza y retroceso de los índices de mejora social que el mismo chavismo logró, y con ello la migración masiva de personas.

Esto le generó que grandes sectores populares dejaran de apoyar al chavismo, pasándose algunos a la oposición, otros al desinterés y el lumpenaje y otros en menor medida a opciones de izquierda minoritaria. Quedándose el oficialismo con cierta base popular, pero sobre todo con el apoyo de las fuerzas armadas, cuyos altos mandos escalaron cada vez más posiciones dirección en el aparato estatal y en las empresas que controla.

En los hechos, el chavismo empezó a tener rasgos cada vez más autoritarios y el régimen político se volvió cada vez más militarizado, por  la represión de  la protesta contra el gobierno que se encargó -pese a los aumentos salariales comidos por la inflación-  de reducir las conquistas laborales, la pérdida del valor del Bolívar, a la disfunción de la capacidad de consumo y  el recorte de programas sociales. Por tanto ese llamado al ejército de parte de la oposición no implica que busque una voluntad democrática de los primeros sino que con  el respaldo de las fuerzas armadas  apliquen un programa neoliberal descarnado.

Las maniobras del imperialismo estadounidense

Si bien en algún momento el gobierno de Trump acarició la intervención militar, el desgaste que esto generaría a nivel mundial, la oposición de Rusia y China -que tienen importantes inversiones en Venezuela y son los mayores inyectores de capital para la supervivencia del gobierno de Maduro- y también la oposición al interior de Estados Unidos, que se reforzó tras perder los republicanos las elecciones legislativas de medio término, hicieron que los funcionarios de la diplomacia gringa se echaran  atrás.

El denominado Grupo de Lima, formado por la mayoría de países de la región  -gobernados por partidos de derecha-, sobre todo países como Colombia, Chile y Perú, acompañaron estas intenciones  guerreristas; pero a sabiendas del poder de fuego y la capacidad militar venezolana tuvieron que recular;  es más, en Brasil, pese a la postura del electo presidente Jair Bolsonaro, y el vice-presidente Hamilton Murao, ex militares ambos, el ejército ya mostró su negativa apoyar un intervención militar ejecutada con mayor o menor presencia latinoamericana y eso no por una conciencia antiimperialista, sino porque desde la dictadura militar en Brasil el ejército adquirió rasgos de mayor autonomía.

La iniciativa de diálogo promovida por México y Uruguay, a la cual se sumaron El Salvador, Bolivia, Nicaragua, Costa Rica y Ecuador con algún apoyo de la Unión Europea y El Vaticano y las acciones de rechazo en el Consejo de Seguridad de parte de los imperialismos emergentes Rusia y China,  además de que a nivel interno de Venezuela, una abierta intervención militar no granjearía apoyo en sectores descontentos con el chavismo, ha detenido por el momento esta opción.

Así que la presión es hacia el ejército venezolano con amenazas, chantajes y promesas, para que  desconozca a Maduro, protagonice alguna asonada militar o deserte en masa -ha habido algunas- para formar alguna facción belicosa, aunque esa posibilidad llevaría a una guerra civil imparable. De igual forma se busca ahogar a los aliados como Cuba al desempolvar un artículo de la ley Helms-Burton que vedaba a ciudadanos estadunidenses la capacidad de demandas por la expropiación de sus propiedades tras la revolución en 1959, una forma también de ganar votos en algunos sectores de cubano-americanos ideológicamente anti-comunistas.

La inexistencia de una opción socialista

El imperialismo gringo, y sobre todo la ala alrededor de Trump, buscaría o una salida del gobierno de Maduro o al igual que en Nicaragua, la presión diplomática para un acuerdo con algún sector del chavismo, que convoque a elecciones pero sin Maduro y sean ganadas por la derecha. Guaidó ya anunció de que en caso logre gobernar aplicaría un plan económico de privatización y despojo -claro haciéndole guiños al alto mando militar de que se quedaran con sus privilegios- y de apertura total al capital gringo, que no ha estado del todo ausente que se diga.

En esa disputa entre dos alas burguesas, el pueblo está siendo disputado y ha logrado que la mayoría de la Intersectorial de Trabajadores de Venezuela (ITV) -conformada en su mayoría por sindicatos de empleados públicos- se sume a la otra variante del accionar opositor, es decir una huelga de masas convocada por trabajadores. La ITV en los últimos meses ha llevado importantes huelgas ante la pérdida del poder de compra de los trabajadores, la limitación a las conquistas laborales y a los pactos colectivos que el gobierno de Maduro realiza, criticado por sectores de izquierda que apoyan a Maduro como el Partido Comunista Venezolano y la Corriente Marxista Internacional. Agrupaciones marxistas como el Partido Socialista y Libertad, la Liga de Trabajadores Socialista, Marea Socialista, el estalinista Partido Comunista Venezolano Marxista-Leninista y otros, críticos con el chavismo y que participan en la ITV, no logran que los trabajadores aglutinados en ésta se mantengan independientes de Guiadó y que sean una opción al falso socialismo de Maduro.

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