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FRANCIA.- La Cumbre COP 21: el capitalismo conduce a la barbarie

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Por Ben Céspedes

En medio de un dispositivo de seguridad sin precedentes para una cumbre de este tipo, los presidentes y los ministros de casi 150 países del mundo se encuentran en Paris para discutir de la crisis ambiental en la que se encuentra sumida nuestro planeta.

La COP (por sus siglas en inglés, conferencia de las partes) es organizada por las Naciones Unidas

En los últimos diez años se han producido ya varias cumbres “ de la Tierra” para tratar de lograr un acuerdo y así disminuir las emisiones de CO2 y otros aspectos sin llegar a nada.. Esta cumbre parisina parece que levanta algunos entusiasmos pero de hecho la realidad es más compleja que pasar de cumbre en cumbre.

El capitalismo como modelo de producción anti- ambiente

En estas últimas cumbres, se ha producido un nuevo fenómeno donde las grandes transnacionales han copado el espacio para llevar adelante una estrategia de marketing y asi presentarse como una alternativa verde, sostenible, una capitalismo verde que podría resolver la crisis en la que se encuentra el ambiente.

Sin embargo nada más lejos de la realidad que la presión de estos lobbys de las transnacionales. Para dar un ejemplo de las contradicciones flagrantes de esta cumbre, entre los patrocinadores oficiales de la misma se encuentran los siguientes grupos industriales Engie (ex GDF Suez), EDF, Renault Nissan, Suez Environnement, Air France, ERDF, Axa, BNP Paribas, Air France, LVMH, Ikea. Todos estos grupos enfrentan serios cuestionamientos por su papel en la polución y el recurso a energías fósiles más contaminantes para mantener y aumentar sus márgenes de ganancia.

Los escándalos que han puesto en relieve los métodos fraudulentos con los cuales las compañías logran burlar los controles (controles que muchas veces han sido diseñados sobre medida por los mismos ) y así pasar mercaderías defectuosas y peligrosas para el ambiente y la salud de las personas. El caso de VW, con el cual lograron alterar los sistemas electrónicos de los automóviles para que las emisiones fueran menores a las reales, no es si no uno de muchos que se han venido produciendo desde hace siglos. Este caso como se vio luego, no fue el único dentro de la industria del automóvil.

Pero esto es solo un síntoma de la forma como el capitalismo traduce su relación con la naturaleza. Los datos que se tienen demuestran que, este modo de producción, no es compatible con la naturaleza. Lejos de esos, la reduce a una simple mercancía de la cual obtiene todo el beneficio posible hasta llevar al agotamiento del recurso y así mantener al máximo la tasa de ganancia.

El imperialismo impuso en sus diferentes estadios una explotación anárquica de los recursos en todos los continentes. Los recursos saqueados a los países coloniales y semi coloniales no se ha detenido, siendo el petróleo uno de los recursos vitales, junto con otros combustibles fósiles para mantener la producción de forma barata y sin tener que invertir en el desarrollo de otras formas de energía que impedirían su control hegemónico. El caso de la energía nuclear como fuente de energía y como fuente de poder militar refleja el estado de las relaciones de poder la burguesía y del imperialismo.

En el aspecto que corresponde a las emisiones de efecto invernadero, a la cabeza se encuentran los países que concentran el grueso de la producción industrial del planeta. En la primera posición se encuentran China, con un 25,4% de las emisiones, seguido por los Estados Unidos, con un 14,4% . En la tercera posición se encuentra la Unión Europea, con un 10,2% .

Pero cuando se ve las emisiones per cápita; la lista sufre ligeras modificaciones en el orden, siendo los Estados unidos los que encabezan la lista con un 19,9 toneladas por cabeza por año, seguido por Rusia, con 16,2; Japón con 10,5; Irán con 9,4 y la Unión Europea con 8,8 toneladas per cápita. (datos tomados del World Ressources Institute)

De estas emisiones los porcentajes que son relacionados con las actividades industriales del capitalismo no dejan lugar a dudas sobre su rol. Desde cerca ya tres siglos, estas emisiones no dejan de aumentar. El 76% de estos gases de efecto invernadero son del CO2 provenientes de la actividad industrial y comercial, ligadas principalmente al transporte y la quema de combustibles fósiles. En segundo lugar el metano representa el 16% de las emisiones. Estas son producidas por la agricultura industrial, la producción de petróleo y otros combustibles fósiles así como las boñigas y otros desechos animales.

Este hecho hace que las dudas sobre la efectividad de la COP21 se diluyan conforme la hora de firmar un acuerdo se acerca.

¿Es posible un capitalismo verde?

Muchas organizaciones dentro del campo ecologista presentan un plan reformista para solucionar el problema ambiental. Las multinacionales, los gobiernos de los países industrializados no dejan de enarbolar y tomar medidas en ese sentido, con tal de demostrar que son ecológicamente correctos. Sin embargo el núcleo del que parte todo este problema es el sistema de producción. No es de extrañar que en vista de la magnitud del problema, hasta el Vaticano se haya manifestado por medio de la Encíclica Laudato Si. En esta el papa Francisco concuerda con varios de los grupos que no ponen en cuestionamiento el modo de producción y cae en el discurso de “cambiar hábitos de consumo” y evitar el consumismo, además de apuntar otras generalidades sin llegar a la raíz del problema.

Por otro lado, el discurso oficial apunta al individuo y sus hábitos de consumo que lo convierten en un contaminador por sus escogencias. Esto revela el cinismo de la burguesía que aprovecha para crear mercados alternativos y etiquetar productos “bios” para satisfacer la demanda del mercado. En otros sectores, grupos organizados ofrecen alternativas “verdes” para el consumo. Sin embargo todo esto tiene un carácter elitista debido que los precios son determinantes para el acceso a ese tipo de productos mas amigables con el ambiente, sin que por eso lo sean totalmente.

En este discurso también existe el componente ideológico que hace que la burguesía siga empoderando su percepción de mundo en todos los aspectos de la vida. Marx decía que “no es cierto que el trabajo sea la fuente de toda riqueza, es solamente el padre, la naturaleza es la madre” (Crítica al programa de Gotha)

Para poder acceder a una planificación de la economía con base en las necesidades de la población y del respeto del ambiente para que este no se transforme en nuestra principal amenaza, es necesario entonces que la naturaleza, propiedad privada de la burguesía sea liberada también del yugo burgués. Esto nos deja de nuevo ante el dilema que ha sido esbozado desde hace tiempo pero que cada hora se hace más elocuente: socialismo o barbarie no es una consigna solamente, es el dilema que afrenta la humanidad cada día.

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