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El Plan Biden para Centroamérica no solucionará las oleadas migratorias

La humanidad atraviesa por una crisis sin precedentes. A las crisis crónicas del sistema capitalista debemos añadir ahora los efectos devastadores del cambio climático y la pandemia del coronavirus.

Estados Unidos, la potencia imperialista más poderosa del planeta, está de rodillas ante la crisis económica y la peste del coronavirus, registrando casi medio millón de muertes. Esta tragedia ocurrió, debido no solo a las estupideces de Donald Trump, sino por el hecho que en Estados Unidos la seguridad social y la atención medica están en manos privadas.

La victoria electoral de Joe Biden significó, en gran medida, un triunfo democrático contra el proyecto bonapartista y neofascista que representaba Donald Trump. Ha despertado ilusiones en algunos, que las cosas pueden mejorar en Estados Unidos y también en Centroamérica.

Un día antes que se produjera el cambio de administración en Estados Unidos, el gobierno de Guatemala, presidido por Alejandro Giammattei, ordenó reprimir salvajemente la marcha migrante que días antes había salido de San Pedro Sula, Honduras, rumbo a Estados Unidos, huyendo del desempleo y el hambre. El gobierno del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), actuó en el mismo sentido desplegando tropas de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala, para capturar y deportar a los migrantes centroamericanos.

Estos acontecimientos impactaron al mundo entero. Por ello, tres días después AMLO declaró, algo que no hizo el propio Biden, lo siguiente:  "No creo cometer ninguna indiscreción diciendo que me dijo el presidente Biden que va a destinar 4.000 millones de dólares en apoyo a los tres países a los que hice referencia de Centroamérica. Esto va a ayudar mucho".

Efectivamente, en el documento de la campaña electoral titulado “El Plan Biden para construir seguridad y prosperidad en asociación con la gente de Centroamérica”, el entonces candidato Biden se comprometió a  “desarrollar una estrategia regional integral de cuatro años y $ 4 mil millones (de dólares) para abordar los factores que impulsan la migración desde Centroamérica; Movilizar la inversión privada en la región; Mejorar la seguridad y el estado de derecho; Abordar la corrupción endémica; Priorizar la reducción de la pobreza y el desarrollo económico”.

Las mismas promesas de siempre. Al final de la administración de George Bush, en 2008, el gobierno de Estados Unidos concibió el “Plan Mérida”, como una forma de combatir el narcotráfico en México. Posteriormente, en 2010, bajo la administración Barack Obama, se creó la “Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana” (CARSI, en inglés) para combatir el crimen organizado, pandillas transnacionales y el tráfico de drogas. A finales del 2014, Obama impulsó el Plan de la Alianza para la Prosperidad (PAP) que, si bien mantenía como eje el fortalecimiento de los aparatos militares, pretendió detener la creciente oleada migratoria hacia Estados Unidos.

Muchos de estos planes no se aplicaron en su totalidad, siendo suspendidos definitivamente bajo la administración Trump. Sin embargo, en marzo del año 2018, salió de San Pedro Sula, Honduras, la primera “caravana de refugiados” rumbo a Estados Unidos, agrupando a unas 1,000 personas. Después, en octubre del 2018, salió la segunda caravana migrante, siempre desde Honduras.

La administración Trump no solo recortó las ayudas, sino que las condicionó al hecho de que los gobiernos del Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras) se encarguen de frenar las oleadas migratorias en las fronteras de sus propios países.

Ahora la nueva administración Biden se prepara para invertir 4,000 millones de dólares en los próximos cuatro años, para contener las oleadas migratorias, en los precisos momentos en que impulsará una reforma migratoria para abrir el camino a la ciudadanía norteamericana a los 11 millones de trabajadores que viven en el limbo.

El Plan de Biden correrá el mismo destino que los anteriores planes: concentrará esfuerzos en fortalecer los aparatos militares y policiales del Triángulo Norte, para que ellos se encarguen de reprimir a los migrantes. Las promesas de abrir fuentes de empleo seguirán siendo cantos de sirena. Los únicos empleos que se abren en Centroamérica provienen de las maquilas, con salarios de esclavitud industrial.

Biden no podrá solucionar los problemas de falta de empleo y de bajos salarios. Las próximas caravanas deberán estar destinadas a luchar contra los gobiernos cipayos de turno

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