Pensamiento Crítico


Por Ernesto Fuertes

La respuesta más común que he escuchado entre dirigentes y militantes socialistas, acerca del surgimiento de Stalin dentro del Estado soviético, es el de las grandes presiones que trajo la guerra civil al gobierno soviético, la desmoralización y por lo tanto, una suerte de degeneración moral-política que propició la avanzada (sin crítica, o solo con la crítica trotskista como contraparte) del stalinismo. Pero ésta explicación es fuertemente de índole ‘subjetiva’: es decir, no explica la objetividad del órgano político (el aparato estatal) que permitió el surgimiento de Stalin; o en otras palabras: no explica cómo se dio la contrarrevolución stalinista en el seno mismo de la estructura estatal, sin que fuera necesario destruir ese aparato estatal, sino todo lo contrario, precisamente a partir de ese aparato; Stalin lograría adueñarse del Estado obrero 1) sin resistencia alguna, y 2) sin la necesidad de destruir en lo más mínimo ninguna de las partes que conformaban el Estado ruso. Todo lo contrario: 1) llega al poder de la mano de los mecanismos mismos del gobierno estatal soviético, e 2) inicia y ejerce su contrarrevolución a partir de ese aparato estatal tal y como lo deja en su lugar Lenin a la hora de su muerte.

Por supuesto, el primero argumento será que nuestra primera tesis es falsa: sí hubo resistencias al poder stalinista, y por lo tanto, fue necesario uno de los exterminios más grandes en la historia humana (de 10,000,000 de personas, según algunos estimados), entre los que se encontrarían, precisamente, toda la vieja guardia bolchevique y, por supuesto, las distintas formas de oposición de izquierda que se dieron desde 1918. Pero nosotros nos referimos al hecho de que Stalin inicia su contrarrevolución desde lo interno del aparato estatal, no contra él (lo que quiere decir que éstas resistencias son externas al aparato soviético, en lo que corresponde al aparato estatal por sí mismo, no existe resistencia alguna; al contrario, es a través de ese aparato estatal que Stalin llega tan siquiera al poder); en otras palabras, preguntamos: ¿desde dónde hizo Stalin éste verdadero exterminio, desde una contrarrevolución armada en contra del aparato estatal del gobierno soviético, o desde el aparato estatal del gobierno soviético mismo? Efectivamente, la respuesta es la segunda. Es decir, las grandes masacres de opositores y disidentes por parte de Stalin son un segundo momento, que tuvo como pre-condición la posibilidad misma de Stalin de tener el poder mismo para realizar esas masacres, poder que solo se le podía ser concedido desde el aparato estatal existente en el Estado soviético, no desde fuera, no desde otro aparato, no a través de la destrucción de la estructura estatal soviética, sino desde el gobierno bolchevique mismo.

Nuestra tesis es que a partir de ésta degeneración burocrática es que se da la contrarrevolución en el sistema soviético; más aún: que la degeneración está en el aparato de gobierno estatal tal y como lo dejó en pie el propio Lenin a su muerte, y en ese sentido, que lo que se formó en la Unión Soviética no fue un Estado obrero (o una dictadura del proletariado), sino un Estado burocrático, teniendo como consecuencia el formar un régimen ‘democrático burgués’ (o para ser más exactos: una democracia representativa, en vez de una democracia directa), y al mismo tiempo, una nueva forma de explotación del plustrabajo, ésta vez de la mano de la burocracia estatal (lo que llevaría a la contrarrevolución total del Estado soviético décadas después con la Perestroika). Pero para establecer estos puntos creemos que tenemos que empezar por 1) explicar cómo era ese aparato estatal soviético, 2) cuáles son sus diferencias con respecto a una dictadura del proletariado tal y como la propone Marx, y 3) porqué eso implica un nuevo régimen de explotación (y el surgimiento de una nueva burguesía en la forma de la burocracia soviética), en vez de la eliminación de las clases y la “extinción” del Estado socialista (recordando la tesis de Engels de que el Estado democrático burgués es destruido, el Estado socialista se extingue[1]). Para esto vamos a volver a las tesis sobre el Estado de Marx, además de Lenin mismo en su Estado y la revolución, y algunas críticas por parte de Rosa Luxemburgo.

Tal vez la diferencia más clara (y al mismo tiempo más paradójica) de la concepción marxista de la dictadura del proletariado, y del Estado soviético, sea ésta que vemos aparecer en Marx, en su texto La guerra civil en Francia: “La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo. En vez de continuar siendo un instrumento del Gobierno central, la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos, y convertido en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocable en todo momento. Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás ramas de la administración”[2] (el recalcado es nuestro). Es decir, los organismos de decisión no llevan a cabo una separación entre un poder ejecutivo y uno legislativo, sino que son la fusión de ambos elementos. ¿Cuáles son estos organismos de decisión, para Marx?: “Las comunas rurales de cada distrito administrarían sus asuntos colectivos por medio de una asamblea de delegados en la capital del distrito correspondiente y estas asambleas a su vez enviarían diputados a la Asamblea Nacional de delegados de París, entendiéndose que todos los delegados serían revocables en todo momento y se hallarían obligados por el mandato imperativo (instrucciones) de sus electores. Las pocas, pero importantes funciones que aún quedarían para un Gobierno central no se suprimirían, como se había dicho, falseando de intento la verdad, sino que serían desempeñadas por agentes comunales y, por tanto, estrictamente responsables. No se trataba de destruir la unidad de la nación, sino por el contrario, de organizarla mediante un régimen comunal...” (…) “En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar al pueblo en el parlamento, el sufragio universal habría de servir al pueblo organizado en comunas, como el sufragio individual sirve a los patronos que buscan obreros y administradores para sus negocios”. [3] (recalcado nuestro).

Es decir, que los organismos de decisión, son lo que Marx llama “comunas”, y que en el caso de Rusia, son los soviets, las asambleas de proletarios de toda Rusia, organizadas por localidad y lugares de trabajo hasta llegar al Congreso de los Soviets de toda Rusia. Ahora, ¿éste fue el único organismo de poder que se estableció en el Estado soviético? No.Desde 1917 se creó el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, órgano que detentaría el máximo poder de toda Rusia en los períodos entre congresos. La constitución de 1918 ratificó éste mismo Comité Ejecutivo, además de la creación del Consejo de Comisarios del Pueblo, y la subsecuente (en 1919) creación del Politburó, el Orgburó y el secretariado general a lo interno del Partido Comunista, etc. Es decir, que éstos organismos centrales y ejecutivos no serían ya revocables en todo momento (como lo plantea Marx), sino que solo serían revocables en los Congresos de todos los Soviets (cuya reunión pasó de ser de cada tres meses a cada seis meses, y subsecuentemente, a un período anual, restringiendo en los hechos la posibilidad de revocación de estos comités ejecutivos). Para nosotros esto significa que se levantó un poder ejecutivo separado del poder legislativo-ejecutivo de las asambleas de obreros y campesinos y su congreso (lo que vendría a ser el equivalente de la Asamblea Nacional de la Comuna, único organismo mencionado por Marx); un poder que no sería ya revocable en todo momento, sino que dependería de los ciclos electorales del Congreso de todos los Soviets para poder sufrir algún tipo de cambio por parte de las masas; un poder que sería el máximo poder de toda Rusia, por encima del Congreso de todos los Soviets, mientras éste Congreso no se reuniera (tal y como lo dice el artículo 30 de la constitución de 1918); un poder que no funciona por la vía de lo “ejecutivo y legislativo al mismo tiempo” (como lo plantea Marx), sino por la vía ejecutiva del decreto. Por lo demás, Marx no menciona ningún otro poder aparte de la Asamblea Nacional (que sería el equivalente del Congreso de todos los Soviets en Rusia), ni menciona ninguna función ejecutiva que no sea revocable en todo momento ni esté ligada al ejercicio legislativo de dicha asamblea o congreso.

Lo paradójico es que no encontramos ninguno de estos comités ejecutivos en la formulación de Lenin de El Estado y la revolución. Al contrario, Lenin incluso cita a Marx acerca del carácter legislativo-ejecutivo de los órganos de toma de decisión (tal y como nosotros lo hemos citado arriba), y agrega: “Pero a quien hay que subordinarse es a la vanguardia armada de todos los explotados y trabajadores: al proletariado. Se puede y se debe comenzar inmediatamente, de hoy a mañana, a sustituir el “mando jerárquico” específico de los funcionarios públicos con las simples funciones de “inspectores y administradores”, funciones que ya hoy son accesibles por completo al nivel de desarrollo de los habitantes de las ciudades y que pueden ser desempeñadas perfectamente por “el salario de un obrero”, y más adelante: “…expropiar a los capitalistas, transformar a todos los ciudadanos en trabajadores y empleados de un gran “consorcio” único, a saber, de todo el Estado, y subordinar por completo el trabajo de todo este consorcio a un Estado realmente democrático: al Estado de los soviets de diputados obreros y soldados.”[4] (subrayados en el original). Creemos que esta formulación, del propio Lenin, no fue cumplida por él mismo ni por el partido bolchevique, en cuanto las tareas no se subordinaron solamente a los soviets, sino que a su vez los soviets se subordinaron a una estructura ejecutiva separada del poder legislativo-ejecutivo de los soviets (de hecho Bujarín y los comunistas de izquierda usarían El Estado y la revolución contra el propio Lenin, precisamente para denunciar la falta de control obrero en la producción[5]). La tesis de Marx a partir de la Comuna de París, acerca de organismos que fueran “ejecutivos y legislativos al mismo tiempo”, “revocables en todo momento”, no fue concretada por el régimen estatal soviético, lo que llevó efectivamente a una temprana burocratización o supeditación de los soviets hacia éstos organismos puramente ejecutivos, en vez de lo planteado por Marx: “De hecho, los soviets poco a poco han ido perdiendo su actividad y sus componentes al mismo tiempo que la movilización de los militantes iba llegando a los sectores clave. Tanto el Ejército Rojo como la Cheka escapan por completo a su influencia, pues tales organismos, directamente vinculados con la autoridad central, cubren una parte muy importante de la actividad política y administrativa, limitando a los soviets a una competencia puramente local y ejercida en general por su Presidium, sus comités ejecutivos y su aparato técnico de funcionarios, heredado en general del antiguo estado zarista” (…) “Por otra parte, los organismos regulares sólo se reúnen en contadas ocasiones; las decisiones importantes referentes a la orientación general, se toman en el comité central y los organismos soviéticos se limitan a ratificarlas, a través de los miembros del partido, desde el comité ejecutivo hasta los soviets locales.”[6] Más tarde, con la fundación en 1919 del Politburó, el Orgburó y la secretaría general, el poder del partido se afianzaría todavía más sobre el sistema de soviets (o más específicamente, sobre el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y sus Comisariatos –o ministerios-, y desde ellos, sobre los soviets). No solo no había una separación oficial (constitucional) entre el partido y el poder soviético (medida que menciona Broué, pero que nos parece más formal-jurídica que concreta), sino que la existencia de los comités ejecutivos y su funcionamiento por vía de decreto hizo más sencilla la integración al poder de partido único del mando bolchevique, ya que simplemente necesitaba de la interrelación de facto de los respectivos comités ejecutivos (“Las directivas políticas referentes a aspectos más específicos elaborados directamente por Svérdlov y Lenin, que son los únicos en mantener contacto con los responsables que la guerra ha dispersado por toda la geografía del país, son transmitidas, preferentemente por Svérdlov a través de la red de soviets o, en realidad, a través de la red de miembros del partido que trabajan en los soviets.”[7]).

No estamos, por lo tanto, criticando la centralización (por ejemplo, la decisión de establecer el mando individual en la producción industrial, o la necesidad de establecer líneas de mando entre los distintos soviets, yendo de la localidad hasta un poder central, etc), o la influencia del partido bolchevique dentro del aparato soviético (ya que existían tendencias –entre ellas las del propio Lenin- de hacer del estado soviético una pugna, un debate y una rotación pacífica entre las distintas tendencias, partidos y programas para ser turnados y experimentados dentro el poder soviético, etc), sino por el distanciamiento de las formulaciones de Marx al respecto de la Comuna de París: la revocabilidad en todo momento, y la simbiosis de lo ejecutivo y lo legislativo (relacionadas como están la una con la otra: la revocabilidad solo puede ser de mano de los diputados a los soviets, y los diputados de los soviets solo pueden revocar mientras no se separen los poderes ejecutivo y legislativo; se ve entonces la brillantez de la formulación de Marx, en vista de que ambas nociones dependen la una de la otra). Criticamos el que ese mando, desde la localidad hasta el poder central, no puede ser intervenido por las masas (más que en los escasos períodos de congreso, que llegaron al punto de reunirse una sola vez al año, lo que implicaba tanto jurídica como materialmente que, en los hechos, ¡la revocabilidad pasaba a ser un asunto de una vez al año, lo diametralmente opuesto a la fórmula de Marx y de la Comuna de París de la revocabilidad “en todo momento”!), y no funciona de otro modo más que por el decreto ejecutivo de un comité central, en vez de funcionar a través de la unión entre lo legislativo y lo ejecutivo (que es la única forma en la que puede haber intervención por parte de los diputados locales en los asuntos que se deciden por parte del gobierno revolucionario, la única forma que pueden tener injerencia las masas sobre lo que decide cualquier organismo ejecutivo, y la única forma efectiva de revocabilidad en todo momento).

La mayoría de comentadores acerca de la burocratización del Estado soviético (entre ellos contamos a Pierre Broué y E.H. Carr) creemos que plantean la burocratización en el momento en que se fundan el Politburó, el Orgburó y el secretariado general del partido bolchevique (en 1919) y en la posterior eliminación de las fracciones dentro del partido (1921), haciendo un fuerte hincapié en la elección de Stalin como persona (esto último lo cual nos parece es un aspecto más del lado de lo ‘subjetivo’ que de la ‘objetividad’ que permite materialmente a Stalin desarrollar su política burocrática). Nosotros planteamos que la burocratización de la estructura partidista no implica necesariamente la burocratización de la estructura estatal; es decir, si bien es cierto que hay una relación estrecha entre esas estructuras paralelas (tal y como lo acabamos de mencionar), no dejan de ser precisamente eso, una interrelación de estructura paralelas. Creemos que por más que se hubiera burocratizado el partido bolchevique a lo interno, eso no hubiera implicado necesariamente la burocratización del aparato estatal: creemos más bien que la pre-condición para que se burocraticen ambas instancias está en la susceptibilidad misma del aparato estatal para su burocratización: el que no exista control legislativo sobre los comités ejecutivos soviéticos, y por lo tanto, imposibilidad de revocación, lo que lleva a la política por decreto de arriba a abajo sin su complemento dialéctico: la votación y revocación democrática de los funcionarios de abajo hacia arriba. O dicho en otras palabras: nuestra tesis es que sea lo que sea que hubiera pasado a lo interno del partido bolchevique o de cualquier otro partido, habría sido indiferente para la estructura estatal, si ésta hubiera tenido revocabilidad en todo momento y unión de lo legislativo y lo ejecutivo (la formulación original de Marx). Más aún, no es simplemente un tema superestructural ni jurídico solamente, como lo veremos a continuación: es esa estructura estatal la que dio paso, creemos nosotros, a la explotación del plustrabajo por parte de la camarilla stalinista.

Creemos que ésta explotación no se dio en épocas de Lenin, ni afirmamos tal cosa, pero sí afirmamos (tal y como lo hemos expuesto) que el aparato estatal que iba a hacer posible esa explotación sí lo dejó en pie el bolchevismo y el leninismo, y que fue la estructura estatal desde donde, como decíamos al inicio, toma el poder Stalin. Hay que recordar que Trotsky defendía el carácter de “Estado obrero” del Estado soviético basándose en la eliminación de las relaciones de propiedad burguesas; es decir: en el hecho de que se había eliminado la propiedad privada. Pero el problema con esta definición, como lo han señalado otros,[8] es que es una definición superestructural y jurídica, y que no necesariamente tiene que ver con las relaciones de producción. Es decir, que se puede sancionar legalmente una forma de propiedad pública, pero que puede no darse ésta relación en la producción real. Creemos que efectivamente no se dio esta relación, y que es desde la estructura de gobierno que hemos descrito hasta aquí, desde donde se originó la subsecuente explotación stalinista del plustrabajo proletario en la Unión Soviética. Sin ésta forma de organización estatal, hubiera sido imposible la burocratización y la explotación del plustrabajo desde la estructura estatal; ¿por qué? Porque simplemente el propio Stalin y sus acólitos bien podrían haber sido destituidos en cualquier momento, así como sus directrices puramente ejecutivas.

Como bien lo señalaba Rosa Luxemburgo, esto hizo de la estructura implantada por Lenin y Trotsky una democracia burguesa, no una dictadura del proletariado: “Lenin y Trosky, por otro lado, se deciden a favor de la dictadura de un puñado de personas, es decir, de la dictadura según el modelo burgués. (…) El proletariado cuando toma el poder, no puede nunca seguir el buen consejo que le da Kautsky, con el pretexto de “la inmadurez del país”, de renunciar a la revolución socialista y dedicarse a la democracia. No puede seguir este consejo sin traicionarse a sí mismo, a la Internacional y a la revolución. Debería y debe encarar inmediatamente medidas socialistas, de la manera más enérgica, inflexible y firme; en otras palabras, ejercer una dictadura, pero una dictadura de la clase, no de un partido o de una camarilla. Dictadura de la clase significa, en el sentido más amplio del término, la participación más activa e ilimitada posible de la masa popular, la democracia sin límites.” Y más adelante: “Pero esta dictadura debe ser el trabajo de la clase y no de una pequeña minoría dirigente que actúa en nombre de la clase; es decir, debe avanzar paso a paso partiendo de la participación activa de las masas; debe estar bajo su influencia directa, sujeta al control de la actividad pública; debe surgir de la educación política creciente de la masa popular”.[9] Es decir, siendo más específicos que Luxemburgo, la dictadura soviética se convirtió en una dictadura de una fracción de la clase, no en una dictadura de la clase. Una fracción es un grupo específico dentro de una clase, y puede entrar en contradicción con otros sectores a lo interno de su propia clase. Por ejemplo, las distintas fracciones político-económicas burguesas son sectores dentro de la clase burguesa, así como las tendencias políticas revolucionarias pueden ser sectores dentro de la clase obrera. La fracción es una segmentación de la clase, y en ese sentido, es distinta de ella (similar a la distinción leninista entre partido y clase): podemos hablar de los intereses de clase un sector burgués en contra de otro, pero a la hora de hablar de los intereses de la clase burguesa en general, incluimos todas las fracciones que la forman, etc.

Es decir, yendo aún más lejos que Luxemburgo, quien no pudo ver el final del supuesto “Estado obrero” ruso como lo podemos ver nosotros ahora, podemos decir que la importancia no es simplemente democrática (como lo plantea ella), sino económica, ya que a unas relaciones de producción respectivas le corresponden formas políticas respectivas; o para recordar cual es la definición marxista de Estado que está presente en el tomo III de El capital, y que es la definición más global dada por Marx, la que pretende abarcar toda forma específica de Estado: “La forma económica específica en que se arranca al productor directo el trabajo sobrante no retribuido determina la relación de señorío y servidumbre tal como brota directamente de la producción y repercute, a su vez, de un modo determinante sobre ella. Y esto sirve luego de base a toda la estructura de la comunidad económica, derivada a su vez de las relaciones de producción y con ello, al mismo tiempo, su forma política específica. La relación directa existente entre los propietarios de las condiciones de producción y los productores directos –relación cuya forma corresponde siempre de un modo natural a una determinada fase de desarrollo del tipo de trabajo y, por tanto, a su capacidad productiva social– es la que nos revela el secreto más recóndito, la base oculta de toda la construcción social y también, por consiguiente, de la forma política de la relación de soberanía y dependencia, en una palabra, de cada forma específica de Estado.”[10] (el recalcado es nuestro). Es decir, que efectivamente ésta dictadura de una fracción no solo se oponía a la formulación política del propio Marx (los órganos “ejecutivos y legislativos al mismo tiempo”, “revocables en todo momento”, etc), sino que éstas formas políticas implicaban unas relaciones de producción no socialistas, en las que el plustrabajo podría llegar a ser (y sabemos ahora que lo fue) explotado por parte de éste sector de la clase desde el interior de esa estructura de gobierno estatal (formando efectivamente otra clase, una burguesía acomodada en la forma de la burocracia soviética).

Otra de las formulaciones de la dictadura del proletariado que hace Marx, está en sus notas críticas al libro de Bakunin El Estado y la anarquía, donde Bakunin critica las concepciones marxistas de la dictadura del proletariado: “Si el señor Bakunin conociese, por lo menos, la posición que ocupa el gerente de una cooperativa obrera, se irían al diablo todas sus fantasías sobre la dominación. Hubiera debido preguntarse: ¿Qué forma pueden asumir las funciones administrativas, sobre la base de este Estado obrero? (si le place llamarlo así)”.[11] Es decir, que las funciones administrativas, nuevamente, no implican (para Marx) un poder ejecutivo separado de un poder legislativo, sino que pueden estar estrechamente ligadas a él, tal y como un gerente en una cooperativa obrera. ¿Cuáles son las condiciones ejecutivo-legislativas sobre las que existe un gerente en una cooperativa obrera? Precisamente aquellas que no estaban presentes para el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia o para los Comisarios del Pueblo con relación al sistema de soviets: la revocabilidad en todo momento por parte de la reunión de los socios de la cooperativa quienes dan las directrices sobre qué gerenciar. El equivalente de los organismos ejecutivos rusos en el ejemplo de Marx, sería la de un gerente que se arroga el derecho de decidir sobre la cooperativa misma, sin poder ser removido por los socios mismos de la cooperativa obrera; es decir, completamente lo contrario del funcionamiento de un gerente de una cooperativa obrera (completamente contrario al funcionamiento de dictadura del proletariado que propone Marx con ese ejemplo). Es decir, que la única forma marxista en que puede existir un órgano ejecutivo (un gerente, un administrador, un funcionario, etc), es si está ligado al órgano legislativo el cual lo puede hacer revocable en todo momento: el congreso de asambleas de diputados obreros y soldados. Es el congreso de asambleas de diputados obreros y soldados (o la Asamblea Nacional, como lo dice Marx sobre la Comuna) el que debe ser legislativo y ejecutivo al mismo tiempo, no un comité ejecutivo o una serie de comités ejecutivos (ministeriales) separados de sus órganos legislativos: los soviets.

 


[1] Engels, F. “Carta a A. Bebel”. Obras escogidas. Editorial Progreso.

[2] Marx, K. “La guerra civil en Francia”. Obras escogidas. Editorial Progreso.

[3] Íbid.

[4] Lenin, V.I. “El Estado y la revolución”. Obras escogidas. Tomo II. Editorial Progreso.

[5] Desde 1918 aparecen en la Rusia bolchevique distintas tendencias socialistas que reivindican la democracia directa, el principio electivo y el control obrero de la producción (en vez del mando por decreto) en oposición a la dirigencia bolchevique (incluido Lenin). Entre ellas están los “comunistas de izquierda” (Bujarín), la Oposición Obrera (Schlyapnikov, Kollantai), el Grupo Obrero (Myasnikov), el Grupo de Centralistas Democráticos (Smirnov, Sapronov) y Verdad Obrera. Todos formaban parte del partido bolchevique, pero fueron expulsados, perseguidos o asesinados. Divergían en muchos temas entre ellos, como la caracterización de la revolución rusa, la continuación de la guerra o la paz de Brest-Litovsk, el papel de los sindicatos, o la unidad de acción, etc, pero todos compartían los elementos apuntados arriba: democracia directa, principio electivo y control obrero. Lenin, en una de sus últimas cartas a Gavril Myasnikov (militante bolchevique desde 1906) dice estar de acuerdo en que es necesario el control obrero de la producción, aunque está en contra de la democracia absoluta de la que es partidario Myasnikov en ese momento (posición que después cambiaría durante su exilio), pero esto fue justo antes de la muerte de Lenin. Es notable que muchos de estos grupos ni siquiera son nombrados por historiadores como Pierre Broué o E.H. Carr, y que incluso casi no cuentan con documentos en internet.

[6] Broué, P. El partido bolchevique.

[7] Íbid.

[8] Ramírez, R. “Sobre la naturaleza de las revoluciones de posguerra y los estados “socialistas”. Revista de teoría y política de la corriente Socialismo o Barbarie, Número 22, Año VII – Noviembre 2008.

[9] Luxemburgo, R. “La revolución rusa”. Obras escogidas.

[10] Marx, K. El Capital. Tomo III.

[11] Marx, K. “Acotaciones al libro de Bakunin Estado y anarquía”. Sobre el anarquismo.

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