Historia

La carta que publicamos a continuación fue publicada en el semanario Avanzada Socialista No 80 en octubre de 1973, en Argentina, por un militante crítico del Partido Socialista chileno.

Compañeros de Avanzada Socialista: presente

He seguido con atención la serie que Avanzada Socialista ha publicado sobre la tragedia de nuestro proceso revolucionario. Con algunas opiniones de la publicación socialista hermana puedo no estar de acuerdo, pero sí en puntos de importancia, como ser que todos los revolucionarios del continente tienen mucho que aprender de nuestro desastre y que en gran medida la escalada sangrienta de los yanquis y los momios (alta burguesía) fue posible gracias a nuestros errores y vacilaciones y la confianza que había en las Fuerzas Armadas y Carabineros. Y sobre esto quiero hacerles llegar mis apreciaciones.

Como en todo proceso revolucionario, el problema de la política hacia las Fuerzas Armadas y de Orden fue decisivo en Chile. Quizás en ningún otro punto se cometieron tamañas patudeces (tonterías) como en éste y que habríamos de pagar tan caro.

Lo lamentable es que en Chile hubo condiciones para ganar a gran parte de los soldados, suboficiales y también oficiales por la defensa del gobierno legítimamente constituido del compañero Allende y contra la sedición y el golpe. Comenzaba a darse la división en las Fuerzas Armadas. Lo sucedido en Valparaíso y Talcahuano —aunque el más importante— no fue de hecho aislado ni excepcional. La lucha política había penetrado profundamente en los Institutos armados. El imperialismo, los momios y el freísmo (derecha democristiana) aprovecharon esto con gran habilidad. Como lo probaron los documentos de la ITT, los yanquis alentaban la sedición desde antes de ser presidente el compañero Allende. Los partidos burgueses, en especial el ultraderechista Partido Nacional (PN) y Patria y Libertad (un grupo fascista), se volcaban enérgicamente a ganar los militares.

La política de la izquierda

Frente a esto, la izquierda tuvo la política del avestruz: esconder la cabeza para no ver la realidad.

El compañero (Luis) Corvalán, secretario general del Partido Comunista (PC), decía en “Chile Hoy” (6/4/73): “estoy seguro de que las Fuerzas Armadas, formando o no parte del gobierno, seguirán manteniendo su defensa y respeto del Gobierno legítimamente constituido y, por lo tanto, sacan mal las cuentas (sic) aquellos que piensan que la salida de los militares del gabinete les deja las puertas abiertas para lanzar, cuando se les venga en gana, un movimiento sedicioso como el de octubre. Si tal cosa ocurriera, se encontrarán de nuevo con una respuesta más enérgica de los trabajadores y el pueblo, y con la adhesión de las Fuerzas Armadas al gobierno del país”. Ahora está visto quién sacó mal las cuentas.

Leseras (tonterías) como éstas se repetían todos los días, orientaban la política de la Unidad Popular (UP) y el gobierno, y confundían a las masas. Porque las conclusiones de lo que decía el compañero Corvalán son sencillas: si estamos seguros de que las Fuerzas Armadas seguirán defendiendo al gobierno popular, ¿para qué necesitamos ganar políticamente y organizar a los soldados, suboficiales y oficiales antigolpistas? Era mejor no hacer olitas. Con ese criterio, era igualmente innecesario —o peor aún, provocativo— organizar a los trabajadores en milicias con un comando centralizado y único. ¿Para qué, si podíamos confiar en las Fuerzas Armadas?

Eso no es invento mío. Por las circunstancias en que tuve que arrancarme de Chile no tengo mucha documentación pero aquí va otra prueba, aportada por el corresponsal en Santiago de “Nuestra Palabra” (diario del PC argentino): “Tanto Altamirano (secretario del PS) como Corvalán (secretario del PC) aseveraron que la unidad entre obreros, campesinos y soldados es indestructible y los partidos de izquierda no se proponen crear un Ejército Popular opuesto a las Fuerzas Armadas porque confían en el espíritu patriótico de soldados y oficiales” (NP, 27/7/73). Por esa confianza, la UP y la Central Única de Trabajadores (CUT) sólo planteaban Comités de Protección y Vigilancia en las empresas, desunidos entre sí, sin comando único —y por consiguiente- sin plan de operaciones. Así, los golpistas fueron, tranquilamente, empresa por empresa, y población por población, masacrando a los Comités y demás organismos de Defensa.

Esto hacía la UP. ¿Y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)? No actuó mejor. Y esto hay que explicarlo, porque he visto que en la Argentina se ha inflado al MIR.

En noviembre del año pasado —después de la huelga de dueños de camiones y luego de haber asumido el primer gabinete militar- uno de los principales dirigentes del MIR y del Frente de los Trabajadores Revolucionarios (FTER), corriente sindical del MIR, el compañero Cabieses Donoso, escribía lo siguiente en la revista Punto Final (órgano oficioso del MIR): “las FF.AA. tienen un papel verdaderamente patriótico y democrático que jugar junto al pueblo, apoyando a los trabajadores en su lucha contra la explotación de la burguesía … En la construcción de un nuevo Estado, de una nueva sociedad, las Fuerzas Armadas pueden, en verdad, jugar un gran papel, protegiendo a los trabajadores (sic) y la seguridad del país. Si así ocurriera -y es lo que la clase trabajadora espera al ver a las Fuerzas Armadas formando parte del gobierno-, se daría la posibilidad de superar una sociedad gastada e injusta como la actual, manteniendo a raya a los enemigos del pueblo. Solamente los hechos podrán confirmar o descartar esa posibilidad”. (“Punto Final”, 7/11/72).

Es verdad que el MIR — aunque recién después del tancazo del 29 de junio - sacó una consigna correcta: “soldado, desobedece al oficial golpista”. Pero esto no fue más allá de las palabras, ya que el MIR no daba al conjunto de los trabajadores ningún plan para impulsar, apoyar y organizar esa desobediencia y dar respaldo efectivo a los soldados, suboficiales y oficiales que defendían al gobierno legítimamente constituido. Es que el MIR, al oponerse a un frente único obrero —que incluyera al PC— contra el golpe, al oponerse a la unificación de los Cordones Industriales, al contraponer a los Cordones organizaciones fantasmas como eran la mayoría de los llamados “comando comunales”, al realizar acciones provocativas, divisionistas y descolgadas como las “tomas de calles y caminos”, etc., cerraba a la clase obrera la posibilidad de unirse para ejercer una firme presión sobre las bases y la oficialidad de las Fuerzas Armadas y de Orden.

Lo que no se hizo

La UP llega a movilizar hasta un millón de personas en los actos y manifestaciones que hacía en Santiago.

En su gran mayoría eran obreros, estudiantes, empleados y campesinos pobres de las comunas cercanas. ¿Cuántos de estos compañeros y compañeras no tendrían un pololo (novio), un hermano u algún otro pariente que fuera soldado, suboficial y hasta oficial? ¿Cuántos de estos no tenían a un carabinero como vecino que vivía en la misma población tan pobre como ellos? ¿Las cosas no hubieran sido distintas si los partidos, la CUT y los Cordones Industriales se hubieran unido para dar algunas tareas muy sencillas a ese millón de compañeros? Por ejemplo, ligarse al pariente o vecino, soldado o suboficial, para ganarlo políticamente contra el golpe y organizados en defensa de la legalidad contra cualquier intento golpista.

El momiaje (alta burguesía) mandaba sus lolitas (chicas) a rondar los regimientos, atrayendo a los pelados (conscriptos), suboficiales y oficiales a fiestas en el Barrio Alto. Allí eran trabajados políticamente y organizados al servicio del golpe por Patria y Libertad. #

¿Por qué la CUT y los Cordones no podían hacer algo parecido? ¿No lo hacían, por ejemplo, y con gran resultado, los bolcheviques en la Revolución Rusa? ¿La CUT y los Cordones no hubieran debido hacer de cada población obrera un lugar de fiesta y confraternización con soldados y suboficiales, muchos de los cuales sufren por no estar con sus familias? ¿No habría que haber tenido mano firme para abrir el muro que separaba al obrero del soldado?

La Democracia Cristiana movilizaba a las mujeres de los carabineros por aumento de sueldo. ¿Qué hacía la CUT frente a este problema? Nada.

¿Qué programa reivindicativo de reajustes (salariales) mejor trato, derechos civiles, y políticos, posibilidad de escalar todos los grados tenían la CUT y la UP para soldados, suboficiales y oficiales; cómo lo agitó y se movilizó por ese programa? No se levantó ninguna reivindicación, ni se hizo nada.

Con medidas como éstas —facilitadas por tener la UP el Poder Ejecutivo— y combinadas con una presión firme y organizada de millones de compañeros, se hubieran podido contrarrestar -en gran parte— la escalada sediciosa. Porque se hablaba de “unidad indestructible de obreros, campesinos y soldados”, pero eso era falso, porque nada se hacía para forjar esa unidad en la práctica, confraternizando, tomando sus problemas reivindicativos y —ya en un nivel superior- organizándolos para impedir la quiebra del orden constitucional, apoyándolos para que formaran —por ejemplo- comités contra la sedición con delegados en los Cordones Industriales, etc. La publicitada “unidad entre el pueblo y las Fuerzas Armadas.” se reducía a los acuerdos que por arriba hacía el compañero presidente Salvador Allende con el General Carlos Prats. Mientras tanto —durante tres años— el momiaje tuvo mano libre para ganarse a las Fuerzas rmadas y Carabineros y organizados para el golpe. Así esos acuerdos no sirvieron para nada, porque el puñado de oficiales y generales antigolpistas quedó en el aire: una parte transó y se unió al golpe y otra cayó sin pena ni gloria, como Prats.

Cuando —como en Valparaíso y Talcahuano— espontáneamente un grupo de militares se organiza contra el golpe, el gobierno, la UP y la CUT los abandonan a su suerte. Después de esa tragedia, ¿con qué ganas un militar antigolpista (fuera soldado o general) iba a arriesgar su cabeza en defensa de un gobierno que permitía la represión de quienes lo defendía a él y al orden constitucional?

La preparación de los trabajadores

Nada firme se hizo para ganar a soldados, suboficiales y oficiales. Tampoco en cuanto a organizar a los trabajadores para combatir el golpe. Y ambos puntos están estrechamente unidos, porque para volcar al campo popular a parte de las Fuerzas Armadas, había que demostrar a esos soldados, suboficiales y oficiales que el pueblo estaba organizado para combatir y vencer. Había que probar a la tropa que “cambiar de hombro el fusil”, pasarse al bando popular, no era un acto heroico pero suicida (como el de los marinos de Valparaíso).

¿Cómo se preparó, entonces, a la clase obrera y al pueblo?

Recordemos otra vez al millón de compañeros que llenaba la Alameda en los actos de la UP. En tres años de gobierno, ¿no hubiera sido posible organizar al 20%, a 200.200, en Comités de Protección centralizados por un Comando Único dependiente de un comité unificado de los Cordones y los partidos de izquierda? La CUT sólo daba la consigna de Comités de Protección y Vigilancia por fábrica. Así funcionaban sin unidad de mando y ya vimos qué pasó. Porque lo más doloroso, compañeros, es que no estábamos completamente desarmados. ¿Pero qué hacía el día del golpe al Comité de Vigilancia de una industria —que en muchos lugares hasta contaba con bazookas y ametralladoras punto 30— si no recibía orden ni plan alguno? ¿Salíamos de la fábrica para La Moneda, nos atrincherábamos en la empresa, combatíamos en la calle? ¿Con quiénes, cómo, con qué plan? La mañana del 11 de septiembre, la CUT nos dio por radio una sola “orden”: permanecer en las industrias “alertas y vigilantes” a la espera de “nuevas instrucciones”, que nunca llegaron. Silenciadas las radios legales del MIR y la UP, nadie supo más nada de las direcciones de la CUT y los partidos.

Para que los compañeros argentinos tengan clara la película de lo que pasó en Chile, imagínense a la Revolución Rusa sin un Comité Ejecutivo de los Soviets y sin un Comité Militar Revolucionario dependiente de él y comandado a la Guardia Roja. En Chile tuvimos gérmenes de Guardia Roja - los Comités de Vigilancia, etc.— Pero el PC, la derecha de mi partido, la dirección de la CUT — también el MIR— se opusieron firmemente a unificar los Cordones en una sola Coordinadora. Eso era, para ellos, hacer “paralelismo a la CUT”. Más en contra estaban aún de que ese poder obrero y popular -que hubieran sido los Cordones unificados y que también incluyeran delegados de las poblaciones, campesinos y militares antigolpistas- organizara un Comando Único de los Comités de Vigilancia.

La UP hacía esto porque siempre confió en los generales “profesionales” y en un acuerdo negociado con la Democracia Cristiana. El MIR, porque mantenía en el fondo de su política su vieja concepción guerrillera, vanguardista y descolgada del movimiento de masas.

Mucho nos faltó en Chile. La carta ha sido larga, pero todas las cosas que nos faltaron, se las puedo resumir ahora en una frase: nos faltó una política revolucionaria y un partido revolucionario obrero que le aplicara con audacia y a tiempo, como lo hizo en la Revolución Rusa el Partido Bolchevique. Un partido y una política completamente distintos del reformismo de la UP y de su complemente “guerrillero”, el MIR.

La clase media y el golpe de estado chileno

Comentarios de la redacción de Avanzada Socialista

¿Cuál fue la política de la UP frente a la pequeña burguesía?

Por la carta del compañero, vimos cómo la clase trabajadora no fue preparada para enfrentar el golpe, y cómo la derecha se lanzaba con todo para ganar a las Fuerzas Armadas. El compañero, sin embargo, no menciona una cuestión importante: si este trabajo sedicioso dentro de las FF.AA. tuvo éxito, no se debía únicamente a que la izquierda permaneciera pasiva, sino también a algo más de fondo: que el imperialismo y la gran burguesía chilena habían conseguido volcar a la clase media a la subversión. Es a caballo de este vuelco masivo de la clase media, que la CIA y la derecha chilena ganan a la mayoría de los oficiales y aíslan al general Prats y otros generales y oficiales legalistas.

La clase media funciona en Chile como vaso comunicante en relación a las Fuerzas Armadas, porque grandes sectores de esta institución, tanto en la oficialidad como en la suboficialidad, provienen de la pequeña—burguesía. Así que, durante los tres años de gobierno de la UP, la clase media estuvo bajo la mira del imperialismo, de la oligarquía, y de los monopolios, que actuaron a través, del caos económico y social (bloqueo económico, mercado negro, desabastecimiento y atentados), para volcarla a la sedición y a la quiebra del orden constitucional, y a través de ella, empujar a las FF.AA. al golpe. Frente a esto, ¿que hace la Unidad Popular? Cede.

La UP no se dio una política de total expropiación de la oligarquía y de grandes monopolios, como de los sectores mayoristas de la distribución, por ejemplo. Sin esto era imposible impedir el mercado negro y el caos económico, ya que dejaba en manos de la subversión palancas fundamentales de la economía.

¿Qué tenía que ver esto con la política para ganar o neutralizar a la pequeña burguesía?

Para verlo mejor tomemos el ejemplo de los camioneros, punta de lanza de la subversión. La Confederación de Dueños de Camiones está formada por pequeños propietarios (la gran mayoría no tenía más que un camión). Un sector del gremio (los que estaban en su dirección) eran derechistas afiliados al Partido Nacional y a la Democracia Cristiana; otro sector se decía de izquierda y pertenecía al PS, PC y Partido Radical. Pero la gran mayoría del gremio (45 mil afiliados) eran independientes que se preocupaban principalmente en ganarse la vida. Ahora muy bien: si a un camionero se le rompía la caja de cambios del camión, no había como encontrar repuestos a corto plazo. Los repuestos eran importados y estaban en manos de la burguesía mayorista que fomentaba el mercado negro, y la subversión, y que el gobierno no aplastaba.

La UP dejaba hacer a estos miserables, como también a los fascistas, al estilo de Villarín, presidente del Sindicato de Dueños de Camiones. El paro de octubre le costó a la economía chilena más de 300 millones de dólares. Y Villarín, el máximo responsable, fue “castigado” con 3 o 4 días de cárcel.

Estos problemas económicos llevaban a la desesperación a la pequeña burguesía y la convertía en caldo de cultivo de la subversión.

La Unidad Popular no se dio una política audaz, que expropiara a la oligarquía y a los monopolios, abriendo así la posibilidad de dividir la riqueza nacional con los sectores pequeño-burgueses. Nos parece que la pequeña-burguesía hubiera sido neutralizada si, por un lado, se hubiera dado respuesta a sus reivindicaciones económicas a costa de la gran burguesía, y por otro si se hubiera aplastado sin piedad a todas las direcciones derechistas de los gremios, como a Villarín, por ejemplo.

Al no hacer esto y, por consiguiente, al no neutralizar a la clase media, se rompió el equilibrio inestable del régimen de Allende, y el imperialismo y la gran burguesía pudieron dividir y aislar a los sectores constitucionales de la oficialidad en las FF.AA. y Carabineros, lo que desembocó en el golpe del 11 de septiembre.

La clase obrera, por su parte, no fue preparada para enfrentar la subversión y así fue el resultado.

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