Historia

Por Armado Sosa

Hace treinta años, el mundo se daba cuenta del famoso acuerdo de Oslo, con lo que la OLP presidida por Yaser Arafat y el primer ministro del estado sionista de Israel Isaac Rabin, lograban el fin de las hostilidades y la solución de crear dos estados, además de ceder el gobierno en las zonas de Gaza y Cisjordania a la Autoridad Palestina.

La reacción democrática: una táctica del imperialismo para contener el ascenso de las masas

La década de los ochenta del siglo pasado, se caracterizó por un fuerte ascenso revolucionario de las masas, principalmente en los países periféricos.

En 1979, los intereses imperialistas fueron fuertemente impactados por dos revoluciones victoriosas en dos sitios estratégicos. La primera fue a principios de ese año, cuando el monarca títere que gobernaba Irán, fue derrocado por una insurrección de masas encabezadas por el ayatola Jomeini representante del ala chiita del mundo musulmán.

Los yanquis tuvieron que salir con el rabo entre las patas y dejar una de las reservas de petróleo más grandes del mundo en manos de un gobierno nacionalista burgués hostil a sus intereses. El episodio del secuestro del personal de la embajada en Teherán mostró a cuál punto este estallido revolucionario los dejó groguis.

En julio de ese año en otro lado del planeta, en Centroamérica, la dictadura más antigua de la región fue derrocada por una insurrección armada liderada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Este triunfo abrió las puertas a una situación revolucionaria en casi toda el área. Las guerrillas del FMLN y de Guatemala, la URNG combatían y mantenían el control de importantes regiones de sus respectivos países. Esta situación en el patio trasero podría ser el bracero que se podría desplazar hacia las puertas del imperio.

La respuesta por parte de la burguesía imperialista fue la de utilizar la zanahoria y el garrote para contrarrestar la ola revolucionaria. Por un lado, sin casi la necesidad de intervenir directamente con tropas en el terreno, los yanquis armaron hasta los dientes a la contrarrevolución nicaragüense y los ejércitos del istmo para golpear físicamente a las masas. Por otro lado, una ofensiva diplomática para llevar a la mesa de negociación a las direcciones burguesas o pequeño burguesas nacionalistas, que también tenían interés en parar el ascenso revolucionario.

Esta combinación de métodos fue la que dio pie a la política de reacción democrática que se concretizó de con diferentes acuerdos en los cuatro rincones del planeta. El acuerdo de Esquipulas, los de Oslo, los de Sudáfrica y otros más que se sucedieron pusieron un alto a la ola insurreccional y los llevaron hacia la ilusión de la democracia burguesa, en lugar de un gobierno de los trabajadores.

Treinta años de platos de babas, bombas y acentuación de la colonización.

Lejos de cantarle loas a los famosos y tristes acuerdos de Oslo, la prensa burguesa de todos los lados pone en evidencia lo que los socialistas revolucionarios denunciamos en su momento, lejos de la euforia reaccionaria que se vivía en ese entonces.

Arafat, Rabin y el imperialismo tenían como objetivo aplacar el volcán revolucionario que había hecho erupción en el apartheid palestino. Desde 1987 los jóvenes palestinos salieron a enfrentar a la super poderosa armada sionista, armada hasta los dientes con las transferencias yanquis, con piedras. Este levantamiento conocido como la Intifada no decrecía a pesar de los intentos de Yaser Arafat y de las balas del ejército sionista. La situación también ardía en el Líbano con la guerra civil donde el movimiento Hamas se fortalecía en la frontera de Israel.

Desde ese punto de vista, los acuerdos lograron su objetivo de parar la ola revolucionaria y dejar el tiempo para que los sionistas y el imperialismo se recuperaran para volver a la ofensiva. Lo que se llevó un gran golpe fueron las aspiraciones del pueblo palestino de construir un estado. La solución propuesta en los acuerdos de los dos estados no era más que un plato de babas que no tenía la más mínima posibilidad de cuajar.

“Treinta años después, la prensa saca una conclusión sombría. Los asentamientos israelíes se han multiplicado en Cisjordania, y la perspectiva de un Estado palestino es más remota que nunca. Para Amira Hass, corresponsal israelí en Cisjordania del diario israelí de centroizquierda Ha'Aretz, el proceso de Oslo simplemente ha "engañado" a los palestinos. "Israel se ha absuelto de la responsabilidad del ocupante por la población ocupada y su bienestar, al permitir la creación de una Autoridad Palestina que actúa como subcontratista del ejército israelí", escribió. Según ella, Israel incluso ha "guardado su pastel y comérselo también" al mantener el control del espacio terrestre, marítimo y aéreo de los Territorios Ocupados, pero también de sus fronteras y economía. Una situación que puede tener su origen en las discusiones de Oslo. Hace unos días se desclasificaron las actas del Consejo de Ministros israelí del 30 de agosto de 1993. Como dicen los documentos, Yitzhak Rabin y Shimon Peres explicaron a sus colegas que, para llegar a un acuerdo, "los negociadores palestinos habían renunciado a sopesar la cuestión esencial de los asentamientos [judíos] en Cisjordania", escribe Dmitry Shumsky en otro artículo de Ha'Aretz.” (Courrier International)

Estos documentos ponen en evidencia el rol claudicante de la dirección de Fatah, la corriente mayoritaria de la OLP. LA creación de la Autoridad Palestina estaba sujeta a que éstos jugaran el rol de la policía y de la represión de todos los movimientos que estuvieran por fuera del reconocimiento de los acuerdos. Pero el pecado capital era el reconocimiento por parte de la ANP del estado sionista. La OLP de Arafat y los esbirros que controlan ahora la ANP tienen más miedo al movimiento de masas que de la armada de ocupación. En lugar de volverse hacia las masas que luchaban y que siguen luchando, esta dirección se volvió hacia sus enemigos jurados.

“Yasser Arafat está aún más tentado por las negociaciones directas con Israel porque, además de los problemas financieros encontrados por una OLP abandonada por las monarquías petroleras del Golfo, "tiene una visión casi fantasiosa de Israel y los judíos. Les da poderes sobrenaturales que les permitirían, por ejemplo, hacer la paz con el Irak [de Saddam Hussein] y suministrar petróleo iraquí a Israel y a un futuro Estado de Palestina. Que [era] puro delirio".

Yitzhak Rabin quien, "a pesar de su desconfianza hacia un Arafat a quien considera un payaso patético vestido con ropas ridículas, cree que la OLP debe ser ayudada a aplastar a Hamas [Movimiento de Resistencia Islámica, islamo-conservador], Arafat tiene a sus ojos más legitimidad que las FDI [el ejército israelí] para hacer este 'trabajo sucio'".” ( Courrier International)

El territorio que controla la ANP es exiguo y su autonomía es un remedo. El proceso de colonización no se ha detenido y es todavía más fuerte que en la época en la que se firmaron los acuerdos.

“Su autogobierno más amplio se limita ahora, sin embargo, a un 18% del territorio de Cisjordania, y a otro 21%, aunque sin competencias sobre seguridad. La franja de Gaza, sometida a bloqueo por Israel, escapa desde hace 11 años al control de la Autoridad Palestina.

Cuando Rabin y Arafat se dieron la mano en presencia del presidente Bill Clinton en los jardines de la Casa Blanca vivían unos 110.000 colonos en Cisjordania; ahora son más de 400.000, según datos de la ONG pacifista israelí Paz Ahora. Hasta este mismo año, las autoridades israelíes habían venido cumpliendo la palabra empeñada en Oslo de no autorizar ningún nuevo asentamiento. Mientras tanto, fomentaban el desarrollo de los ya existentes y hacían la vista gorda ante la proliferación de outpost, o colonias avanzadas no aprobadas, que se han extendido de forma salvaje.” (El País)

La síntesis de todo esto, se puede ver reflejada en las palabras de esta activista de los derechos humanos.

“La activista, analista y abogada de derechos humanos canadiense-palestina Diana Buttu recuerda cómo ella y su padre ―que había emigrado de su Nazaret natal, entonces bajo control militar israelí― lloraron de emoción al ver por televisión desde Toronto la ceremonia de la firma de los acuerdos. “Sentía que, por primera vez, el mundo nos veía”, recuerda en una cafetería de la ciudad israelí de Haifa…. “Oslo no puso fin a la ocupación. La continuó y normalizó. Nos sacó del marco de que hay un ocupado y un ocupante […] Ha sido indudablemente un éxito para Israel”.

Por una Palestina laica y democrática

La única salida para las masas palestinas que siguen enfrentando el poder sionista colonialista es la creación de un estado palestino laico y democrático. El racismo sionista basado en la confesión religiosa debe verse contrarrestado con la creación de un estado laico. Pese a que por el momento los movimientos islamistas son los que se enfrentan con las armas a los ocupantes sionistas, cosa que es progresiva, no dejan de expresar estas corrientes fundamentalistas que no garantizan a las masas sus aspiraciones estratégicas de construir una sociedad democrática que les garantice cumplir con el proyecto histórico de borrar de la faz de la tierra el estado sionista. 

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