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EL SALVADOR: el pueblo votó contra los ricos

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Por Germán Aquino

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El desgaste de más de 20 años de gobierno de ARENA, producto de la implementación del modelo económico neoliberal que golpeó fuertemente a la clase trabajadora, sectores populares y la clase media, incidió para que la mayoría de salvadoreños votaran por el FMLN. Al partido ARENA no le quedó más remedio que aceptar los resultados por muy escaso margen de diferencia.

Los ricos quieren ahora escamotear el triunfo popular contra la derecha, siendo conciliadores con el FMLN y con el electo presidente Mauricio Funes, para convertirlos en los nuevos y eficientes administradores del Estado burgués. Por eso ahora aceptan el discurso de la alternancia en el poder, que tanto criticaron a través de los medios de comunicación.

¿Alternancia en el gobierno?

La alternancia en el gobierno ha sido una de las muchas tácticas utilizadas por la burguesía salvadoreña como medida para contener la organización y movilización independiente de los trabajadores y el pueblo. Con ello procuran que la antigua oposición se desgaste en el gobierno, oxigenando a sus partidos tradicionales. En 1984, previo a la aprobación de la Constitución Política, ante el desgaste del ultraderechista Partido Conciliación Nacional (PCN), y el ascenso de la guerrilla del FMLN, la burguesía salvadoreña permitió la alternancia en el gobierno facilitando que el Partido Demócrata Cristiano (PDC) llegara al gobierno teniendo como presidente impuesto al Ingeniero Napoleón Duarte.

Con ello pretendían debilitar la insurrección popular, dando al mundo la imagen de que El Salvador era una democracia atacada por la guerrilla del FMLN. El gobierno la “esperanza verde” se caracterizó por ser un gobierno títere de la intervención norteamericana. Aunque realizó algunas reformas, no solucionó los principales problemas y más bien la guerra civil se profundizó. El ascenso del PDC al gobierno en 1984 fue la respuesta de la burguesía salvadoreña y del imperialismo al ascenso y desarrollo de la revolución en Centroamérica.

Las elecciones de 1989 permitieron que ARENA llegara por primera vez al gobierno con el Presidente Alfredo Cristiani, quien sentó las bases para el reinado de ARENA. Cristiani pasó del Diálogo a la Negociación con el FMLN, la que culminó con la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, acuerdo muy importante para la implementación de las políticas neoliberales.

ARENA no muere todavía

Desde entonces, el FMLN ha participado en cuatro elecciones presidenciales, en los que fue acumulando paulatinamente un caudal electoral, pero no lo suficiente para ganarle a ARENA, hasta el año 2009. Los datos oficiales del TSE confirmar que Mauricio Funes fue electo presidente con 1,354,000 votos (51.32%) y a ARENA 1,284,288 votos (48.68%), ganando el FMLN por escasos 69.712 votos. Aunque el FMLN aumento su votación, el declive de ARENA relativo, porque todavía conserva la fuerza para constituirse en una amenaza para el futuro gobierno.

La mayoría del pueblo salvadoreño dio un voto de castigo contra ARENA y un voto de confianza al FMLN, aunque debemos recalcar que la victoria se produjo por una mínima diferencia. Los areneros no dejarán pasar el tiempo para transformar la derrota en una oportunidad para desgastar al FMLN y recuperar el gobierno.

El FMLN debe cumplir sus promesas electorales

El pueblo tiene ansias de un gobierno que le resuelva sus problemas, y el FMLN tiene la necesidad de ganar más electores para consolidar su proyecto político. Si Mauricio Funes quiere terminar su periodo presidencial, el FMLN tiene que cumplir sus promesas de campaña. Tiene que democratizar el sistema político, lo que pasa obligatoriamente por cambiar totalmente la antidemocrática Constitución de 1983, a pesar de que Funes ha dicho que no piensa ni siquiera reformarla.

El próximo gobierno tiene que tomar medidas urgentes para amortiguar el impacto de la crisis económica del capitalismo. Mauricio Funes tiene que definirse: si quiere tener buenas relaciones con los ricos y los militares, que han explotado, dominado y masacrado al pueblo salvadoreño, o si quiere mantener la alianza con los pobres, víctimas de la represión de los militares, ultraderechistas y genocidas.

La victoria del 15 de marzo es un triunfo del pueblo, pero los ricos que financiaron a ARENA todavía no han sido derrotados. Contrario a que muchos creen, no viene una luna de miel entre los diferentes sectores sociales, sino más bien un incremento de las penurias del sistema capitalista, lo que provocará más luchas por parte de los trabajadores.

La dirección del FMLN debe romper cualquier alianza con los empresarios y gobernar en beneficio de los trabajadores y del pueblo. El FMLN debe ser consecuente con el programa democrático que defendió en el transcurso de la campaña electoral.

Estas elecciones permitieron ver la verdadera ideología e intereses de todos los partidos políticos. La polarización política fragmentó al PCN y PDC. Un sector le dio su apoyo a ARENA, garantizándose privilegios a nivel de el asamblea legislativa, pero otro sector le dio su apoyo al FMLN garantizándose los favores del poder ejecutivo. Fueron los intereses particulares y no motivaciones ideológicas, los que los causaron dichas fracciones. En ambos casos no fue la democracia el motivo, sino el vil interés material.

No al gobierno de Unidad Nacional con los empresarios.

El pueblo salvadoreño voto mayoritariamente contra los burgueses y su partido ARENA, por lo tanto no tiene cabida un solo burgués en el nuevo gobierno. Debemos ser consecuentes con el mandato popular. Por eso llamamos a los trabajadores a luchar por un gobierno del FMLN y de las organizaciones obreras, campesinas y populares, sin burgueses.

El FMLN insiste en conformar un gobierno de Unidad Nacional con los empresarios. Si esto ocurre, los empresarios desde el gobierno van a defender sus propios y mezquinos intereses. Ante la inminente agudización de la crisis de la economía capitalista, los trabajadores debemos prepararnos para luchar por la defensa del empleo y del salario

El 15 de marzo el pueblo ganó una batalla pero no la guerra, esta victoria electoral tiene que ser el inicio de nuevas batallas. La organización, la movilización y la lucha de la clase trabajadora, el campesinado y demás sectores son tareas impostergables para garantizar el bienestar de todos.

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