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HONDURAS.- La doble moral de Trump con el Cártel Hernández

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Por Sebastián Ernesto González

Dos semanas ya, de haber metido a toda la población hondureña en una polarizada y mediática lucha, llena de morbo y presentada a través del juicio que se le realiza al ex diputado Juan Antonio Hernández, hermano del presidente impuesto, Juan Orlando Hernández. La narco novela ha dividido a los hondureños entre; los que quieren que caiga la narcodictadura y por el otro, los que le entregan la vida y el alma a los narco dictadores.

¿Quiénes dieron el golpe de Estado del 28 de junio de 2009?

Si nos remontamos a los hechos del 2009, recordaremos que el Partido Liberal, Partido Nacional, la empresa privada, la iglesia, la cúpula militar y la policía fueron los que organizaron, ejecutaron y consolidaron el golpe de Estado. Lo hicieron con la venia del pentágono, un golpe blando al eslabón más débil de ese entonces, de los países que conformaban el ALBA, iniciando así, una escalada contra los gobernantes afines al fenecido Hugo Chávez.

Además de estos sectores, ahora se oficializa algo que ya en todo el país se hablaba, la penetración del narcotráfico en las estructuras del Estado, o bien, la penetración de los políticos en el narcotráfico. En el gobierno de Manuel Zelaya y en medio de la crisis del golpe de estado, algunos personajes fueron seguidores y defensores del gobierno del Poder Ciudadano, con el paso del tiempo fueron cambiando su preferencia, se puede mencionar al General Romeo Vásquez, el sabelotodo Arturo Corrales, el Pastor Evelio Reyes, el asesor Marvin Ponce, el embajador en Cuba Andrés Pavón, y así se puede seguir el listado y llenar un libro. En aquel momento parecía extraño que primero defendieran a Mel y luego, repentinamente cambiaran de bando, pero ya se sospechaba de una de dos cosas: o les sabían algo muy ligado a la delincuencia o les compraban la conciencia.

Con el juicio que se le realiza a Juan Antonio Hernández, ya queda totalmente evidenciado que el narcotráfico apoyó políticos y financió campañas del Partido Nacional y Partido Liberal. He ahí la explicación del porque muchas personas se cambiaron de bando. Pero también facilitó el asesinato impune de valiosos compañeros de lucha.

El juicio: ¿Un remordimiento de conciencia o manipulación de masas?

La política estadounidense en Honduras, fue que el golpe se consolidara, no reconocieron a Micheletti, pero dieron todo el apoyo para que Porfirio Lobo, sustituto del presidente interino, se afianzara y que luego le siguiera Juan Orlando Hernández.

El golpe de estado polarizó la sociedad. La lucha contra el mismo, bajo la dirección del Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe, demostró que el pueblo estaba dispuesto a insurreccionarse, tal y como se demostró cuando en septiembre del 2009, el presidente Manuel Zelaya se atrincheró en la embajada de Brasil. Los barrios y las colonias fueron tomadas por los habitantes. Entonces, el imperio y la OEA trazaron un plan, que la población bajara los ánimos y enrumbara la lucha de la calle a la lucha electoral. De esta forma conformaron el Partido Libre, como parte del acuerdo de Cartagena.

Mientras tanto, el narcotráfico ya nadaba como pez en el agua en todo el país, ahora ya no es extraño el comprender porque tuvimos el récord Guinness con la mayor cantidad de asesinatos sin estar en guerra. La impunidad campeó en todo el país, producto de el control que ejercieron los narcotraficantes sobre las instituciones militar y policial, igual que los operadores de justicia. Si alguien daba indicios de no seguirles el juego, simplemente lo hacían a un lado, como el caso del Comisionado Ramón Sabillón o el militar Santos Rodríguez Orellana. O peor aún, los asesinatos de Alfredo Landaverde, especialista en el tema del narcotráfico o Julián Arístides González, Zar Antidrogas.

Todo esto lo sabían las autoridades en Estados Unidos, pero siguieron apoyando política y financieramente este régimen, les siguieron dando apoyo militar. Como broche de oro le obsequiaron un país al nuevo clan, el de los Hernández. Y permitieron que el régimen instaurado post golpe, tuviera licencia para matar a los miembros de la resistencia. Por un lado, eliminaban la competencia en la nueva actividad económica de los narcos gobernantes, y por otro asesinaban impunemente a líderes populares y de lucha social, tal es el caso de Manuel Flores, Bertha Cáceres, Margarita Murillo y muchos más.

Con 10 años de tener al país como un narcoestado, el imperio pretende cambiar el régimen por un gobierno que siempre sea obediente, pero no cuentan con el apoyo social, y ante una inminente desbarajustada cachureca, el único partido que contaría con una militancia sólida es el partido Libre, quien se catapultaría como futuro ganador en las siguientes elecciones generales.

Una carta que el imperio no pudo controlar desde el golpe: ha sido el comportamiento de malestar que sigue motivando a luchar a la población, por eso optaron entregar el país a los narcotraficantes, a que la población llevara al Partido Libre al poder. Para el imperio este hecho significaba retroceder. Los poderes en Estados Unidos, se nos dice que son totalmente independientes, pero igual, no podemos descartar, que el juicio entablado a Tony Hernández no sea más que un proyecto finamente trazado para manipular las masas. De esta forma, en vez de salir a las calles, mejor esperar que se condenen a Tony y que se lleven a JOH.

El panorama

La situación actual es la siguiente: todo un pueblo, de uno y otro bando embelesado en un juicio que se realiza lejos de Honduras. Los dirigentes de una oposición que se niegan a movilizar a las bases para sacar la dictadura. Una base de la oposición que lleva 10 años a la expectativa de que el régimen post golpe caiga, y que durante todo este tiempo ha caído en una crisis financiera que le asfixia lentamente. Las enormes caravanas hacia Estados Unidos solo fue un respiradero que buscó la población que se encuentra hirviendo en una olla de presión. Pero el gobernante Trump ha castigado una vez más a la población hondureña poniendo trabas bilaterales en México y Guatemala. El país requiere un cambio, pero el dilema que tienen es cómo hacerlo sin que caiga en manos de una oposición que puede salirse del camino que el imperio quiere.

A Juan Orlando Hernández, hasta ahora, lo mantiene en el poder la fuerza militar, pero aunado a esto, una aparente desunión de los líderes de la oposición, que ante la opinión pública se proyectan como una contundente fuerza anti JOH, pero en los hechos concretos aducen a una “solo mala mirada” para argumentar que no es posible una unión para sacar a la población a las calles. Luis Zelaya se negó a formar parte de la alianza en las elecciones del 2017, Nasralla poco a poco se fue desligando de libre posteriormente y ahora está más unido con Luis Zelaya. Ahora, la dirección de Libre aduce no convocar a las calles en alianza con Luis y Nasralla por la negativa de estos a unirse cuando se ha requerido.

En conclusión; no hay indicios de unidad entre la oposición, y quiérase o no, hay que admitir que la base sigue siendo amorfa en nuestro país, como para decidir “anarquizarse” por si misma y tumbar la dictadura. Es una población que sigue creyendo en un “cacique” que le diga que hacer, y esto es lo que le ha permitido seguir controlando los hilos a Juan Orlando Hernández. Por otro lado, el imperio gringo, tiene preferencia por que fuera un personaje ligado a Luis Zelaya el que sustituya a JOH ya que, dentro de Libre no encuentran aun un personaje que les garantice ser obediente al pie de la letra.

En el siguiente proceso electoral, sin el financiamiento del dinero que se roban del erario público y sin el dinero del narcotráfico, se avizora dentro del Partido Nacional una desbandada enorme del barco, el Partido Liberal seguirá sufriendo el cruento error de haber asestado el Golpe de Estado del 2009 y peor aún, con personajes contrarios al grupo de Luis Zelaya, que están señalados en el narcotráfico. Salvador Nasralla es un candidato que hala un significativo porcentaje de votantes, pero no lo que se necesita para ganar unas elecciones. Si el siguiente proceso electoral fuera totalmente transparente, sin duda alguna que el ganador sería el Partido Libre. He ahí el dilema de los gringos y el porqué siguen manteniendo a JOH en el poder a pesar de que es el cabecilla del narcotráfico en el país actualmente.

¿Qué hacer?

Un elemento más que JOH supo manejar, es cooptar el movimiento popular y social, de una u otra forma los amarró, en aquellos casos que no pudo, simplemente usó el poder y la represión. En el 2009 existía la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, que aglutinaba todo el movimiento social, gremial, popular y campesino, fue quien alimentó al Frente Nacional de Resistencia Popular en la lucha contra el golpe. Este año, se creía que La Plataforma sustituiría ese liderazgo y la población se generó expectativas, sin embargo, después de la visita de la Doctora Figueroa a la embajada, todo cambió. Además, ella siempre puso un parangón en la lucha, que era social y no política, una vez más la base de oposición se desilusionó.

Una población deseosa de liderazgo pero que no hay líderes con poder de convocatoria y que quieran convocar, nos deja un panorama desesperanzador, limitado exclusivamente al siguiente proceso electoral. Las direcciones de sindicatos y gremios, totalmente burocratizados y señalados por actos de corrupción, no dan muestras ni de querer dejar las organizaciones ni de querer llevar a las bases a luchar. Una población que no se quiere mover sin llevar un líder al frente, nos dejar sin un arma para ir contra el régimen.

La Convergencia contra el Continuismo, vendría a ser el espacio que más se acerca a una estructura transparente para desear dirigir, el camino sería fortalecerla y alimentarla. Debemos seguir emplazando a los dirigentes opositores para que convoquen a las calles y a las direcciones sindicales, gremiales y populares que se sumen a las acciones de la Convergencia.

Un amplio sector de la oposición se niega a movilizar a las masas porque tienen la esperanza que los gringos se llevarán a JOH en un helicóptero para juzgarlo y condenarlo en Estados Unidos. En realidad, Estados Unidos y los grupos empresariales de Honduras le tienen más miedo al pueblo en las calles que a la propia narcodictadura.

No, señores ilusos, el camino para derrocar a la dictadura es la convocatoria a un paro general de todo el pueblo hondureño.

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