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HONDURAS.- El papel del ala crítica del Movimiento Estudiantil Universitario en las próximas elecciones

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Por Andrés Morales

El momento de las elecciones estudiantiles está por ser un hecho. Dentro de dos meses, en abril del presente año, está prevista la realización de estos comicios que contrastan con la deplorable situación nacional, en donde persiste el dominio de un gobierno arbitrario instaurado por un fraude en las elecciones generales del año 2017, y que aun se sostiene por el agrado de los militares.

Un breve recorrido de situaciones dentro de la UNAH

Si efectuáramos un breve recorrido de las situaciones ocurridas alrededor del movimiento estudiantil en los últimos años, precisaríamos al menos de algunos momentos claves que definen la situación actual del movimiento de cara al nuevo proceso de elecciones estudiantiles:

La crisis que se vivió en la UNAH en el año 2017 llevó al movimiento estudiantil a una encrucijada: la toma indefinida de la universidad, y la captura de varios compañeros; estas acciones tuvieron como resultado la intervención del Congreso Nacional en las decisiones que terminaron en un periodo de letargo en el alma mater. La comisión encargada de solventar la problemática, tan solo dejó a medias el trabajo de agendar las nuevas elecciones y ni siquiera tuvo prioridad en gestionar la libertad definitiva de los compañeros ―que en la actualidad varios de ellos están libres de cargos judiciales.

El clima que se vivió en el año 2018, fue la garantía de un periodo de quietud dentro del movimiento estudiantil universitario: las asociaciones estudiantiles no celebraron ―hubieron pocos casos― elecciones periódicas dentro de sus carreras, y los viejos liderazgos del MEU terminaron saliéndose del espacio en condición de egresados; otros por diferentes circunstancias, se fueron acercando a las Ongs, que les fueron haciendo llegar becas y viajes al extranjero; mientras que otros fueron consiguiendo puestos al interior de las dependencias del Estado. Con esta situación se inauguraba un nuevo ciclo en el movimiento estudiantil.

La dinámica del movimiento estudiantil se reactivó en el año 2019, producto de las masivas y recurrentes movilizaciones de los maestros y médicos aglomerados en la Plataforma en Defensa de la Salud y Educación Pública. Nuevos rostros dentro del espacio que antes ocuparan representantes de asociaciones y movimientos independientes, surgieron al calor de las tomas y manifestaciones a nivel nacional. Los pocos representantes estudiantiles que estuvieron asumiendo en ese entonces, no contaban con un programa de reformas internas que sólidamente les respaldara con políticas concretas ―contrario al movimiento en los años 2015-2017―; en este caso particular, la reivindicación de la lucha de los médicos y maestros y el profundo malestar hacia la represión que dejó ver la bala viva dentro del campus universitario, era el único sustento subjetivo que le dio fuerza al movimiento.

Todavía en el año 2019, varios sectores esgrimían sutilmente sus propósitos en la crisis: una facción pujaba por tener en orden los lineamientos para las elecciones estudiantiles, aglomerados en la MECREE (Mesa de Construcción del Reglamento Electoral Estudiantil): reglamentos, y un buen clima de relaciones con las autoridades universitarias para así conseguir los cargos de representantes; otra facción asumía las acciones inmediatas como las tomas y manifestaciones y además definieron sus posturas como negativas de cualquier proceso de conciliación con Herrera y Cía; y finalmente, la facción que intentó ampliar los espacios de organización y que en lo que corrían los últimos meses del pasado año 2019 consiguió sumar fuerza en la Coalición Universitaria.

Esta última instancia de organización, que a pesar de haber tenido amplias jornadas de intercambio y debate sobre la crisis universitaria, y reunir la presencia de movimientos independientes, profesores y trabajadores de la Universidad, no logró granjearse –como sí lo hizo al inicio de sus reuniones– mediante ocurrían diferentes circunstancias en la UNAH, de la presencia y continuidad de muchas asociaciones de carrera; y en el momento que Francisco Herrera la perfiló como el espacio más idóneo para ejecutar el Encuentro Nacional por Honduras (ENAH), los sectores estudiantiles que estuvieron dentro de la Coalición no aceptaron bajo ningún motivo, la propuesta de llevar a cabo dicho encuentro. Las reuniones que antes aglomeraran a una cantidad considerable de estudiantes, y que demostraran un interesante proyecto de organización, fueron reduciéndose paulatinamente.

En lo que va el año 2020, la aparición de propaganda dentro del campus universitario aludiendo al Encuentro Nacional por Honduras y a las elecciones estudiantiles, y el llamado a las inscripciones de movimientos y candidaturas, dejó en claro la nueva situación a enfrentar: un nuevo proceso eleccionario que es inevitable por la importancia política que tiene tanto a nivel universitario como a nivel de país.

Nuevos actores surgieron durante el periodo de aparente inactividad del movimiento estudiantil, y en el momento menos inesperado surgió la Regeneración Estudiantil Democrática RED, que aglomera a un grupo de estudiantes afines al rector, y que como primera actividad pública lanzaron la propuesta del Encuentro Nacional por Honduras.

Coincidimos con el compañero Fernando Ramírez al definir el papel de la Regeneración Estudiantil Democrática dentro de la Universidad, como «un espacio de recepción de concesiones políticas…»[1]; y con la compañera Ninoska Alonzo quien advierte que «La RED nunca ha expuesto públicamente cuál es su proyecto político en el mediano y largo plazo -más allá del ENAH-, y lo que se percibe, en la esfera pública, es que es un actor estudiantil de corte oficialista que tendrá un papel importante en el proceso electoral de abril.»[2]

El pasado 24 de enero la RED lanzó un comunicado llamando la atención sobre una «coalición de Centros Regionales» que promovía la postulación de la presidencia de la FEUH desde un centro regional universitario[3]; y a inicios de febrero anunció una alianza con varios movimientos independientes entre ellos el MER-LZ y el MRB, y además varios dirigentes de los Centros Regionales. El MAU estableció su criterio entorno a pertenecer a una alianza compartida con la RED ya desde el pasado 20 de noviembre de 2019, en donde dejaba por sentado lo que sigue:

«…hemos tomado la decisión de desligarnos del espacio de la Regeneración Estudiantil Democrática (RED). Ya que se han evidenciado irregularidades que generan desconfianza; en cuanto a los actores, estructura, accionar, etc. Dentro de dicha plataforma. Reconocemos que las autoridades Universitarias no deben de ser consideradas como “aliadas” de los y las estudiantes, ya que estas han sido partícipes de los procesos de criminalización, persecución, exclusión y expulsión de estudiantes universitarios y universitarias».[4]

Varias asociaciones de carreras de los centros regionales aclararon en un comunicado del 12 de febrero del presente año, no pertenecer a la Alianza de Centros Regionales liderada por la Regeneración Estudiantil Democrática. Al parecer el proyecto vacío de la RED promovido por Herrera avanza, pero no con toda la aceptación de los movimientos y asociaciones. La naturaleza subordinada e instrumentalizada de la RED a las autoridades universitarias, manifiesta más claramente su intención en cooptar las fuerzas estudiantiles para justificar un proyecto que no contrasta con las verdaderas intenciones democratizadoras del ala crítica del movimiento. Por todo lo anterior, tal parece que la RED no es una vía creíble que tengamos que seguir.

¿Participar en elecciones apostándole a las alianzas?

La historia del movimiento estudiantil de la primera década de este siglo hasta el presente, ha demostrado que las luchas de las distintas agrupaciones que conforman esta plataforma ―que ha mutado en varias denominaciones (POE, IOE MAEI, MEU)―, han estado encaminadas a reivindicaciones de derechos políticos como ser la organización de asociaciones de carreras, la preparación de elecciones estudiantiles, el llamado a convocar una Asamblea Constituyente Estudiantil (propuesta del MAU) y la modificación de la normativa académica. Todos estos esfuerzos, de alguna manera, acentuaron la preparación de los diferentes sectores a los objetivos propuestos, como ser las elecciones.

Existe todo un camino escabroso y complicado trazado por el movimiento estudiantil, que define claramente la realidad y el cumplimiento de sus objetivos. No cabe duda que al finalizar el debate por la construcción del Reglamento Electoral, el movimiento estudiantil aún no definía las estrategias bien deliberadas que pusieran en su justa dimensión el tema electoral; quizá esto sucedió por distintas razones que nos damos la tarea de precisar lo mejor posible: no fue previsto el intercambio, ni ningún método que diera secuencia de toda la construcción política de una generación que ya estaba a punto de salir de la Universidad, con la nueva generación de dirigentes. No hubo programa político a discutir que colocara el resurgimiento de la FEUH, y el nuevo poder estudiantil dentro de los órganos de gobierno, entre otras discusiones necesarias.

Ante todo este abismo de discusiones pendientes, llegó la convocatoria a elecciones, y la pregunta por la participación del MEU en estos comicios infló los ánimos de algunos compañeros y compañeras que hoy han lanzado sus posturas. Ninoska Alonzo supone que el MEU «por su naturaleza como movimiento social… debe velar por ser un espacio de contrapoder capaz de crear una relación orgánica con el poder institucional de la Universidad. En otras palabras, debe ser un ente independiente de la institucionalidad, que no participe de forma directa en elecciones».[5] En resumidas cuentas: «… si bien el MEU no debe participar de forma directa en elecciones, éstas sí son un mecanismo necesario para garantizar la institucionalización del poder estudiantil».

En el ámbito regional los movimientos estudiantiles centroamericanos que han participado en elecciones, definen en la actualidad, para bien o para mal, una mayor aceptación de estudiantes sin ser dependientes a la oficialidad de las universidades. Es el caso del MEUC en la Universidad de San Carlos de Guatemala y ORGANÍZATE en la UCR de Costa Rica[6]; si bien estos movimientos no ganaron sus respectivas elecciones en cada universidad, representan sin lugar a dudas a las oposiciones de izquierda en el panorama claramente ideológico por la disputa del poder estudiantil.

Si bien los movimientos sociales ―dentro de los cuales el movimiento estudiantil se ha granjeado un lugar muy apropiado― manifiestan una identidad arraigada a sus acciones propias de resistencia como lo plantean varios entendidos sobre el tema, el ala crítica del movimiento estudiantil debe hacer un doble esfuerzo que consiste en dotar a sus espacios de discusión de un basamento ideológico claro, donde se trace el camino por definir estrategias de largo plazo, que combinen el resistir contra las arremetidas de la oficialidad de forma permanente y no en cada coyuntura imprevista; y buscar con urgencia la manera de disputarse el poder en estas elecciones de abril. En otras palabras, participar en elecciones con movimientos en alianza que cuajen un programa de gobierno para todos los niveles electivos definidos en el Reglamento Electoral Estudiantil: tanto la FEUH como el autogobierno.[7]

Nacen nuevas alianzas

Ante el anuncio de prórroga de las inscripciones de movimientos para este viernes 21 de febrero, es necesario desbrozar a algunas de las alianzas que se disputarán cargos en las próximas elecciones.

A principios de este mes se anunció con bombos y platillos el nacimiento de una alianza a nivel nacional que involucraba a movimientos independientes, entre ellos el MAU, el MER-LZ, el MRB de Ciudad Universitaria y el movimiento ligado a Herrera, RED; y algunas asociaciones de centros regionales como ser el CURLP, CUROC, UNAH-VS, CURNO y CURC. Esta alianza fue denominada PODÉS.[8] Entre los sectores estudiantiles conscientes del papel que está jugando Herrera dentro de su plataforma RED, se combinan una suerte de desconfianzas por la presencia de de esta alianza nacional. Un comunicado del 12 de febrero dejó por sentado el sentir de varias asociaciones de carrera de centros regionales:

«3. Aclaramos a toda la población Universitaria que NO SOMOS PARTE DE NINGUNA ALIANZA NACIONAL (PODÉS) que se profese ya que consideramos que se debe ser consecuente entre el actuar y el hablar, por ende, no pertenecemos, ni vamos a apoyar a la llamada ALIANZA NACIONAL EN LA UNAH».[9]

El ala crítica del espacio que aglutina a varias asociaciones de carrera y movimientos independientes MEU, lanzó un comunicado el pasado 18 de febrero llamando la atención sobre el nacimiento de una alianza nacional GANE que aglutina a varias asociaciones de carrera, movimientos independientes, centros regionales y un frente universitario. Esta nueva alianza persigue los objetivos que antes formaran parte del programa político del MEU en favor de reformas democráticas dentro de la UNAH.

«3. Que muchos de estos espacios (asociaciones y movimientos independientes) han resuelto conformar una Gran Alianza Nacional Estudiantil (GANE) conformada por distintas facultades de Ciudad Universitaria y Centros Regionales. RECONOCEMOS a este nuevo actor, como un grupo de estudiantes que representan los verdaderos intereses de la comunidad universitaria y del pueblo de Honduras en general en favor de la educación pública».[10]

Debemos estar atentos al resurgimiento de corrientes afines al gobierno nacionalista

La historia reciente de la Universidad, al menos la que se refiere a las administraciones de los gobiernos estudiantiles, ha sido marcada fuertemente por el predominio de gobiernos nacionalistas que han llevado a niveles impensables de corrupción al alma mater. Las corrientes nacionalistas que surgieron en la Universidad desde los años sesenta en adelante, han demostrado ser los enemigos declarados de las demás agrupaciones estudiantiles que estuvieron vinculadas a las luchas sociales en contra de los gobiernos castrenses; de allí que en los años ochenta la represión contra los frentes opuestos al oficialista FUUD (Frente Unido Universitario Democrático), el FRU y el FUR, llegara a convertirse en una política de exterminio derivada de la Doctrina de Seguridad Nacional impulsada desde los gobiernos militares.

El papel del FUUD en promover el exterminio de jóvenes opositores a los gobiernos conservadores y pro-gringos, es un pasado nefasto que aún cobija a todas las corrientes cachurecas existentes y las que están por nacer en este próximo embate electoral. Si bien el FUUD aún no tiene una inscripción formal en los comicios de abril, es innegable que surgirán otros movimientos enarbolando expresa u ocultamente la bandera nacionalista. Si de dinero para campañas electorales se trata, el partido de gobierno lo tiene a disposición del tesoro público de los hondureños.

La preocupación de los nacionalistas por ganar adeptos en este nuevo proceso electoral es un hecho, y ante la organización de movimientos y alianzas que le harán frente a las candidaturas, no piensan quedarse sin ningún espacio de influencia dentro de la UNAH. Prueba de esto, es una reunión llevada a cabo a inicios de febrero en el Comité Central de este partido, en donde Reinaldo Sánchez y otros personajes no menos nefastos, instaron a varios estudiantes a encabezar organizaciones que puedan entrarle a la contienda electoral. Debemos estar atentos, de estas señales claras, del surgimiento de nuevos movimientos nacionalistas.

Todos con la Alianza GANE y demás alianzas afines

El panorama electoral está previsto dentro de dos meses, y en lo que corren los días y semanas el tiempo apremia a las nuevas organizaciones que necesitan darse a conocer entre el mar de estudiantes universitarios. Habiendo definido a los movimientos que surgieron, entre ellos a la Regeneración Estudiantil Democrática (Red) ―que es una expresión del gabinete de Herrera―, el panorama nos lleva a apostarle a las nuevas alianzas a nivel nacional como lo es GANE. El camino es unir esfuerzos en la difusión de estas propuestas que nacen de los sectores estudiantiles que siguen luchando por una Universidad pública, gratuita y de calidad.

 

[1] Fernando Ramírez, «La universidad que nos queda. Anotaciones sobre la crisis del movimiento estudiantil, en Polémica y Partido socialista Centroamericano, 11 de febrero 2020».

[2] Ninoska Alonzo, «El Movimiento Estudiantil Universitario en la encrucijada: apuestas políticas y desafíos en torno a la transformación de la Universidad», Polémica y Revista de Centroamérica, 18 de enero de 2020».

[3] Comunicado. Se construye nueva Alianza en la UNAH, 24 de enero de 2020.

[4] Comunicado del Movimiento Amplio Universitario (MAU), 20 de noviembre de 2019.

[5] Ninoska Alonzo, «El Movimiento Estudiantil Universitario en la encrucijada: apuestas políticas y desafíos en torno a la transformación de la Universidad»…

[6] «Costa Rica: Elecciones de Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica», La Izquierda Diario, 11 de noviembre de 2019.

[7] «Reglamento Electoral Estudiantil», Diario Oficial La Gaceta, 1 de abril de 2019. Título IV, capítulo único, niveles y cargos electivos, p. 11.

[8] Vanguardia Estudiantil, «Podés: Nace una alianza de Centros Regionales de la UNAH», 11 de febrero de 2020.

[9] Comunicado de Centro Regional de Comayagua, 12 de febrero de 2020.

[10] Comunicado del MEU, Ciudad Universitaria, 18 de febrero de 2020.

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