Por Carlos M. Licona

Cuando se suspendieron las clases en el sistema educativo del país, el 13 de marzo, apenas se llevaban unas 5 semanas, iniciando así una crisis económica y de colapso en el sistema de salud pública que ha afectado a la gran mayoría de la población.

La realidad de nuestros educandos

Muchos hondureños quedaron sin empleos, la economía informal se desapareció con la cuarentena absoluta y de repente como en una película de ficción, las personas en los hogares se quedaron de brazos cruzados debatiendo sus pensamientos en el cómo llevar alimentos a sus hogares. Según el Ministerio del Trabajo y el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), hasta el mes de julio la pérdida de empleos en las familias hondureñas rondaba el medio millón de individuos, una cantidad muy elevada si se toma en cuenta que la Población Económicamente Activa (PEA) de Honduras en el 2019 fue de 4220294 (cuatro millones doscientos veinte mil doscientos noventa y cuatro). blogs.unah.edu.hn (20/12/20).

Estaríamos hablando de un índice de 11.8 % de personas que perdieron el empleo. Es de resaltar que aquí no entra la economía informal como ser vendedores ambulantes, mujeres que trabajan en casa, comerciantes individuales, lavadores y cuidadores de carros, jornaleros, etcétera. Cifras que engrosan terriblemente la cantidad de personas desempleadas.

La educación pasó inmediatamente a un lugar sin importancia para la subsistencia, entre comprar una recarga de datos y comprar tortillas prevaleció lo segundo. De esta forma muy rápido se evidenció la desigualdad educativa; muchos educandos quedaron totalmente al margen del sistema educativo al carecer de una computadora o de un teléfono inteligente. Se desvincularon y aun no aparecen, sufriendo las consecuencias de un sistema injusto e incapaz de solventar la crisis.

La dinámica establecida por las autoridades del Ministerio de educación para determinar si el alumno ha estado en contacto con el docente es que se identifique mediante un mensaje vía WhatsApp, información que es canalizada por la aplicación ODK COLLECT. Obviamente, un alumno sin un celular inteligente y sin datos no podría enviar un mensaje de conectividad.

Pero enviar el mensaje tampoco es suficiente, deben poseer un aparato con capacidad para descargar tareas e imágenes que cada semana un docente o varios docentes les envían como tareas. Todavía hay otro escollo para el que logra hasta acá descargar los trabajos asignados y es el comprenderlos y poder realizar las tareas, luego enviarlas a cada maestro de la mejor forma posible.

¿Y los maestros estaban preparados?

Definitivamente no. Ni siquiera el sistema de salud pública estaba preparado para enfrentar la crisis, de ahí que no es casual que muchos médicos y enfermeras hayan muerto y cada día nos llega la noticia de otro galeno más que fenece. El gobierno aprovechó la situación para desfalcar ante la vista de todo el pueblo al fisco y no se interesó ni mejorar la situación del sistema de salud ni el educativo. La mayoría de los docentes tampoco estaban preparados para levantar una educación virtual y hasta ahora la situación sigue igual, son pocos quienes han aprovechado para aprender y obtener conocimiento que no se tenía, pero todo es ensayo y error, aprende el alumno y aprende el docente, sin embargo, la peor parte se la lleva el alumno, quien debe comprender y adquirir conocimiento de contenidos poco digeribles. A esta situación hay que agregar si el docente no tiene la facilidad para editar una imagen, tomar una foto, resumir y  sintetizar una teoría o explicar un algoritmo en un vídeo de 4 minutos.

Las falencias son muchas para ambos lados, sin embargo, en el caso de las madres y padres de familia con hijos en educación básica se les vuelve tortuosos los días ante cada tema que deben asimilar y ayudar al educando para que comprenda.

En base a lo anterior se puede afirmar que el docente aunque quisiera dar reforzamiento se le hace muy complicado dadas las circunstancias actuales, explicarle a un alumno tal y como se haría en forma presencial se vuelve una odisea y los baches van quedando en el camino con la misma facilidad en que pasan las semanas.

Conclusión: nadie estaba preparado para la crisis.

Evaluación educativa

No hay duda, que este tema debe ser muy discutido por todos los docentes hondureños, a tres meses de terminar el año lectivo sumergidos en una crisis mundial ocasionada por la pandemia en que nos tiene el virus Sars-Cov-2, el tema actual en el país es sobre si es correcto o no una posible “promoción automática” del alumnado en general.

Para ello, se vuelve importante conocer y comprender los conceptos sobre evaluación. Según UNIR (Universidad Internacional de la Rioja) Revista “La evaluación educativa es un proceso continuo y personalizado dentro del sistema de enseñanza-aprendizaje cuyo objetivo es conocer la evolución de cada estudiante para, si es necesario, adoptar medidas de refuerzo o de compensación para garantizar que se alcanzan los objetivos educativos definidos para su nivel. Es, por tanto, una herramienta de gran utilidad para tomar decisiones pedagógicas para mejorar el desempeño de un estudiante...

...La importancia de la evaluación va más allá del seguimiento escolar de los propios estudiantes. Se trata de un instrumento de seguimiento y valoración de los resultados obtenidos por los escolares para, al mismo tiempo, poder determinar si los procedimientos y metodologías educativas elegidas están siendo los adecuados.

...A la hora de realizar la evaluación distinguimos varios sistemas o técnicas que se utilizan de forma complementaria: Observación, pruebas, revisión de tareas (ensayos, análisis, resúmenes, etc.), entrevistas.”  Unir Revista (20/07/20).

Considerando los conceptos anteriores se puede enfatizar que la evaluación debe ser continua y personalizada para conocer cómo avanza el educando en el proceso de aprendizaje, de esta forma se hacen los correctivos pedagógicos necesarios. Pero hay que agregar algunas características de la evaluación como el ser flexible, cuantitativa, formativa, científica, igualitaria, entre otras.

En el contexto actual de nuestros alumnos, muy difícilmente se podría realizar una evaluación que cumpla con los objetivos de la misma, en el caso de que se pretenda hacer correctivos para mejorar el aprendizaje. Además, lo del aprendizaje mínimo se vuelve muy engorroso para medir, si se toma en cuenta la facilidad con que se pueden enviar imágenes a través de las mismas redes virtuales y tener la oportunidad de copiarse las mismas entre compañeros que tienen la tecnología necesaria.

¿Castigar a los haraganes o velar por los miserables?

No hay duda alguna de que las crisis desnudan a cada individuo y le sacan la mejor parte de sí mismo, o al contrario, cada persona se acomoda a sus circunstancias y observa la arena desde lejos. Pero esto también sucede en ambos bandos; en los docentes y en los educandos. Por lo tanto, hablar de realizar una evaluación a los educandos se vuelve injusta y desigual, pero peor aún; se pierde la objetividad al pretender asignar una calificación que en la mayoría de los casos va a tomar elementos muy subjetivos para darles un valor cuantitativo. Veamos un ejemplo; un alumno pasó conectado toda la semana, pero las tareas se las copió a otro que solo se conectó un día, pero fue suficiente para hacer sus propias tareas.

Otro alumno tuvo el deseo y el interés de realizar las mismas tareas y se sintió apto para hacerlas, pero no las pudo enviar porque en su casa no había dinero ni para comida. ¿Qué escala usaría la maestra para asignar una calificación a dichos alumnos?

Otro ejemplo, en la casa solo hay un celular y la mamá se lo lleva al trabajo porque lo necesita, su hijo queda con ganas de hacer sus tareas pero su madre llega en la noche y ya él está casi dormido, así pasan los días y no pudo cumplir con sus tareas. ¿También hay que reprobarlo?

La mitad del aula no tienen ni internet ni aparatos, pero la maestra les lleva todas las semanas el material impreso para que trabajen, el problema es que la maestra no puede revisar las tareas ni hay forma de llevarse los cuadernos ni de revisarlas en la escuela donde se ven, la maestra es de alto riesgo de contagio y de muerte, ¿Cómo los evaluará?

Los ejemplos son diversos y los encontramos a cada instante, entonces, porqué se pretende castigar a los haraganes en vez de tenderle una mano a los que no tenían comida en su casa.

Lo que se debe exigir

Un magisterio sensible debería estar exigiendo un bono estudiantil para que el alumnado que ya se resignó a perder el año lectivo regrese, darle oportunidad de que avance en la medida que se pueda y el siguiente año hacer un plan extremo de nivelación y de readecuación de contenidos. Se debe exigir al gobierno que la conectividad gratis sea inmediata para docentes y alumnos, capacitaciones intensas sobre el uso de plataformas virtuales, impresión y distribución de material para alumnos que no tienen aparatos inteligentes.

En última instancia, se debe considerar llevar al aula de clases a los alumnos que no tienen ninguna posibilidad de usar la enseñanza virtual, el magisterio no debe desechar en ningún momento a este enorme porcentaje de educandos, se deben buscar todas las soluciones posibles para que no pasen a engrosar el número de desertores.

El dirigente del magisterio que aspire a dejar huella y volverse un estadista, debe considerar estas opciones antes de simplemente decir “no a la promoción automática”.

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