CARTA NUMERO UNO

Jueves 23 de julio de 2009

Candelario

Amigo poeta:

Te saludo donde quiera que te encuentres. He sabido de tus cartas por noticias de algunos que han ido al pueblo, no se cuantas me has mandado, ni por qué me las escribes a mí que no se leer, ni tengo los medios para recibirlas; pero me gusta que me escribas, seguilo haciendo: para suerte en bocas de algunos se irán convirtiendo en cuentos de camino real y así llegarán a mis orejas. Por lo que cuentan, me parece que estás llevando la vida cuesta arriba. Cuando yo vivía en el valle, antes de que me vendieran y me suspendieran en el aire como garza para traerme a estas montañas, yo llevaba la vida en lo parejo, todo era pura parejura, siempre de aquí para allá y de allá para acá, con carga, a diferencia de hoy que me va, de arriba, para abajo, y de abajo para arriba, en lo que la carga es más dificultosa; carga, siempre es carga, pero las cuestas no siempre son las mismas, lo mismo que las consideraciones.

Ahora, las serranías ayudan a ampliar el eco de mis rebuznos en las montañas y espero que estos te lleguen a manera de respuesta. De tus cartas he oído comentar al Cacique mayor, que no sabe de qué te afliges: dice que todo está escrito en la piel de las hojas, en los echaderos que dejan los venados al amanecer y en los cantos que graba el agua en las piedras de ríos y quebradas. Dice que guerra siempre ha habido, y que toda guerra es económica, que es sencillo, fácil de ver, que para ellos, el pueblo Tolupán, siempre ha sido la vida una derrota de la guerra que los conquis-tadores blancos han traído a su tierra, a manera de hambre, miseria, vicio y destrucción; que todo está repujado en sus cuerpos, en su desmejoramiento, en su carencia y olvido de no saber cuantos lunas y estaciones han pasado, desde que la guerra llegó para no irse. Le he oído decir que la muerte puede ser una mirada o un vacío de la invisibilidad de que sos un cadáver que vive y respiras. ¡Qué de qué te afliges! Que la guerra está hecha de partes grandes y de partes pequeñas, que toda guerra es económica, que es fácil de ver, eso oigo, pero no entiendo, ya que yo no soy lo que tu crees, soy burro, jumento de carga, valgo más por mi lomo, que por otras virtudes. Mi carga es pesada, siempre lo será, soy burro, bestia de pobre: que hay veces me carga y todavía se me monta en las ancas.

Para mí sólo queda una resistencia: plantarme y joderlo, me monta leña, me da riata y yo me le pongo más testarudo, cerrado, necio. Y digo no y muchas veces hasta he logrado que mis dueños se mueran de una cólera. Por eso, yo no entiendo otra cosa que cincha, aparejo, tenedora y carga. Y si es así, la guerra si es económica y eso es fácil de entender, hasta cuando te enjalman, te rodean de corrales o te pelan el lomo. Eso es lo que te digo en un rebuzno de buen conversador.

No sé si llegue a saber todo lo que me llegues a escribir, pero sigue, que por lo menos sabré si la guerra que a vos te jode es la misma que la mía, de burro amarrado, contra fiera suelta. Y eso es pétreo, burro es burro, dicen los chanchos, que se la pasan bien, mientras les llega la hora y se divierten haciendo burla de los burros, que por suerte, no comemos chicharrones; ya que ellos si se hartan de nuestra bosta con la serenidad de diputados levantando la mano.

No sé cómo me conocés, que yo de vos, sólo se que me mandás cartas. Eso está bueno, que dicen que los burros hemos adquirido fama, por la curiosidad de los poetas. Y que te digo, estoy en un pueblo pacífico, de buenas maneras; la guerra es de los cardemales, los vendemales y sus tales por cuales, de ambición desmedida como demonios. Eso lo sé, porque conozco los sustos de los caminos.

Te saluda retozón y amistoso.

Palmerolo

Tu paisano.

Hemeroteca

Archivo