Por Carlos A. Abarca V.

 I. El pasado reciente de la Iglesia Católica goza todavía el silencio de los historiadores laicos. Tal vez sus archivos estén cerrados con doble llave después de la guerra centroamericana, de las crisis éticas, de apostolado y de poder que ha vivido en el período de 1970 al Papa Francisco I. De cualquier modo ya es hora de un examen de conciencia histórica.  

Este artículo ordena una lista de los sacerdotes, misioneros, monjas y obispos que fueron asesinados en Centroamérica, entre 1967 y 1998. Es un minúsculo aporte al conocimiento de esa historia que está pendiente. Una ubicación de algunos hechos y acontecimientos que esperan el análisis histórico. Una invitación a explicar esos procesos históricos por el método relacional y crítico.         

II. En los días siguientes a la noticia de que el Papa Francisco I había acogido varias iniciativas para beatificar al Arzobispo Romero y Galdámez, en muchas mentes pudo haber surgido el recuerdo de Karol Wojtyla censurando al sacerdote y poeta Ernesto Cardenal Martínez porque ejercía funciones en el primer gobierno sandinista.

Cardenal Martínez hubiera entrado al santoral cívico político de la República de Nicaragua. Hoy está sentado en el olimpo, a la diestra de las musas. El Arzobispo Romero ocupa las últimas páginas del Martirologio, el libro de los mártires santificados por la Iglesia Católica. Según varios periodistas fue beatificado “por predicar el Derecho Humano a la vida”. Según el vaticano, el Arzobispo es reconocido mártir «por odio a la fe», por Decreto del 3 de febrero de 2015 del papa Francisco I correspondiente a la Congregación para las Causas de los Santos.

Monseñor Romero no murió como soldado en guerra de los ejércitos de liberación de América Latina. Fue asesinado, en las circunstancias conocidas, por el subsargento, Marino Samayor Acosta, por órdenes del mayor Roberto d'Aubuisson creador de los Escuadrones de la Muerte y del partido ARENA, y del coronel Arturo Armando Molina, Presidente de El Salvador entre 1972 y 1977. Pocos años después, Marisa d' Aubuisson, hermana del militar, creo la fundación promotora de la beatificación del arzobispo.

El primer sacerdote, guerrillero y mártir de la historia contemporánea de América Latina, fue Camilo Torres Restrepo. El cura colombiano murió el 15 de febrero de 1966 en Patio Cemento,municipio de San Vicente de Chucurí, Santander. Cayó en la primera acción armada en la que intervino, tras combates con tropas de la Quinta Brigada de Bucaramanga, comandada por el coronel Álvaro Valencia Tovar, en el gobierno de Misael Pastrana Borrero.


En esas décadas hubo un lapso luminoso en la historia social del cristianismo revolucionario. A la luz del movimiento Comunidades Cristianas de Base, de origen brasileño se legitimaron la buena nueva del Concilio Vaticano II (1962-1965), las Conferencias de Medellín (1968) y Puebla (1979) y, la de Santo Domingo (1992), en un entorno ya dominado por el tradicionalismo eclesial y el apostolado conservador.

Pero, entre 1976 y 1989 fueron vilmente asesinados no menos de treinta y tres sacerdotes y monjas; personajes de vida religiosa y monástica centroamericana. Catorce en los años 70-80, dieciocho hasta 1989 y uno en 1998. Por orden jerárquico: dos obispos, dieciocho sacerdotes, seis religiosas, cinco seminaristas y dos miembros de la congregación salesiana. Quince fueron fusilados en El Salvador, diecisiete en Guatemala y uno en Nicaragua.

Estas muertes provocadas fueron otro saldo de las contradicciones del desarrollo capitalista y el imperialismo, de la democracia representativa con militarismo, de la civilización de bolsas de valores, guerras y paz armada. El silenciamiento horrendo de estas vidas nobles, como el de miles de civiles que cayeron en la guerra contrarrevolucionaria de Centroamérica reclama, en lo que compete a la Iglesia, que las estrategias de política exterior del Vaticano sean, al menos, arrancados al olvido.

En particular, desde el papado de Juan XXIII (1958-1963), las que estableció Juan Pablo II con el gobierno norteamericano y el Presidente Ronald Reagan y el manejo de esos temas durante la gestión de Benedicto XVIII.

Luego del pontificado de Pablo VI (1963-1978) y tras la muerte (asesinato?) de Juan Pablo I ese mismo año, la “Santa” Sede activó sus relaciones diplomáticas con EUA. En la crisis financieras, monetarias y petroleras de 1971-73 y 1979-83 al Vaticano no le convenía que sus negocios fueran descubiertos y tener que tributar con enormes sumas sobre los bienes inmuebles, las ganancias de sus inversiones bancarias, ni de sus empresas, como el Instituto Farmacológico Sereno, la industria mundial de píldoras anticonceptivas contra la cual Paulo VI había invocado la “ira de Dios”. Tampoco, la presencia del Obispo de Roma en la Junta Directiva del Banco Cisalpino de Nassau, Bahamas.

“El FINANBANK era otra gigantesca financiera, utilizada en limpieza de dinero sucio y que trabajaban la mafia y el Vaticano a través de empresas de Canadá y México, un canal que hacía llegar a EUA los dólares de la mafia, ganados en operaciones delictivas. Llegaba en maletas y se invertía en bonos del Estado que luego se enviaban al Finabank para limpiarlos y negociarlos. Si la mafia quería hacer regresar a Italia este dinero previamente limpio, utilizaba los canales del Banco del Vaticano”.

http://www.monografias.com/trabajos15/vaticano/vaticano2.shtml

En el contexto de la depresión capitalista de 1979-1983, en el Vaticano se estableció una burocracia muy centralizada. Ello le permitió a Juan Pablo II (1978-2005) involucrar a la “Santa” Sede en los grandes acontecimientos geopolíticos mundiales. Cuando Reagan asumió la presidencia, en enero de 1981, ya se habían trazado los primeros contactos estratégicos entre ambos gobiernos.Cada viernes por la noche, el jefe del cuartel de la CIA en Roma llevaba al palacio papal los últimos secretos proporcionados por satélites espías, y las escuchas electrónicas eran realizadas con bastantes abusos por los agentes de la CIA, que dirigía desde 1981 William. Casey, católico practicante”.

Ese año el Vaticano difundió el rumor de que si la URSS invadía Polonia, el papa viajaría a su país natal. Moscú se comprometió a no intervenir en seis meses, si Wojtyla frenaba la ola de huelgas dirigidas por Lech Wałęsa y Solidaridad. “La misma encíclica Laborem Exercens (1981) parece diseñada para darle fundamento ideológico y teórico a los sindicatos Solidaridad” y, con ello, al solidarismo frente al sindicalismo. Reagan y Wojtyla organizaron una cruzada anticomunista que atacó también a movimientos cívicos, grupos de estudiantes, partidos políticos, regímenes y gobiernos del espectro de izquierda socialista, socialdemócrata y socialcristiana.

En América Central hostilizaron en particular a los dirigentes cristianos y militantes de la Teología de Liberación, contexto en el cual fueron asesinados los religiosos citados. Reagan se alió con la jerarquía de la Iglesia nicaragüense, en especial con el Arzobispo Miguel Obando y Bravo, entonces en confrontación teológica y política con los partidos y sectores democráticos y prosandinistas o con las bases militantes del FSLN y el FMLN en El Salvador. Asimismo la alianza cubrió a varios de los dirigentes de iglesias Católica, Metodista, Presbiteriana y Luterana. http://www.voltairenet.org/article124602.html

La renuncia ética de Benedicto XVI, la elección de Francisco I y algunas de sus primeras medidas de gobierno llenan de esperanza a los creyentes católicos. Aunque en Europa se afirma cada vez más la derecha política y América Latina sufre parálisis reformista.

III Fuentes:

http://www.monografias.com/trabajos15/vaticano/vaticano2.shtml

https://es.wikipedia.org/wiki/Teología_de_la_liberació

http://www.voltairenet.org/article124602.html

www.mercaba.org/Pastoral/C/comunidades_eclesiales_base_LA.htm

http://www.martires.8m.com/index.htm

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