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CENTROAMÉRICA.- Noviembre de 1838: Honduras y Costa Rica se retiran de la Federación Centroamericana

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Por Melchor Benavente

El primer gran desafío que tuvieron las oligarquías o elites criollas, al separarse primero de España y después de México, fue mantener la integridad territorial de la nueva república federal. Desde su nacimiento, debieron enfrentar en el plano regional la voracidad de los “hermanos mayores” (México y Colombia) y en el plano internacional a los imperialismos de Estados Unidos e Inglaterra. Esta última ya se había posesionado del territorio de la actual Belice. Estados Unidos reconoció la independencia de Centroamérica en 1822, pero Inglaterra, a pesar de tener cónsul en Guatemala a partir de 1823, nunca reconoció la existencia de la República Federal de Centroamérica como tal.

La disolución de la Republica Federal (1824-1838) fue producto de una combinación de factores locales, regionales e internacionales. Uno de los factores internacionales que incidieron en su disolución, y que ha sido muy poco estudiado, fueron los roles que desempeñaron México y Colombia, cuyas elites dominantes hicieron reclamos territoriales.

Las reclamaciones de México: Chiapas y el Soconusco

Las autoridades de la Republica Federal siempre sostuvieron que cada nuevo Estado, al independizarse de España, o en nuestro caso también de México, debía respetar la “utis posedetis juris”, es decir, mantener los territorios que estaban bajo la jurisdicción de cada quien. El problema fue que, en algunos casos, la corona española cambiaba constantemente las jurisdicciones de cada virreinato o capitanía general.

La anexión a México no fue pacífica ni aceptada por todas las provincias. El Salvador tuvo el honor de encabezar, en 1822, la resistencia militar contra el ejército interventor mexicano, al mando del general Vicente Filísola. En diciembre de ese mismo año, El Salvador proclamó su anexión a Estados Unidos, buscando el apoyo militar en la lucha contra el ejército mexicano. Obviamente, Estados Unidos nunca respondió a la propuesta, y el asunto quedó en el olvido porque el emperador mexicano, Agustín de Iturbide, fue derrocado en marzo de 1823 y México se reorganizó como una república federal. En esa época, Estados Unidos era visto, en toda América Latina, como una nación progresista y democrática, un ejemplo a seguir.

Cuando se produjo la segunda independencia de Centroamérica, en julio de 1823, al romperse la anexión con México, este país cobró la factura por su corta intervención (1821-1823): Chiapas fue anexado a México el 14 de septiembre de 1824, y con ello la población indígena perteneciente a la etnia maya quedó dividida por artificiales fronteras nacionales.

La República Federal de Centroamérica ofreció vanamente a Estados Unidos otorgar una concesión para construir el canal interoceánico por Nicaragua, con el objetivo de obtener su apoyo para neutralizar las pretensiones territoriales de México e Inglaterra.

No obstante, unos meses antes, en Julio de 1824 el Soconusco se había separado de Chiapas, y mediante el Acta de Tapachula, solicitó su anexión a las Provincias Unidas de Centroamérica. Cuando se creó el Estado de Los Altos en 1838, el Soconusco solicitó su anexión al mismo. El conflicto territorial se resolvió finalmente en 1842 cuando México anexó militarmente el Soconusco, bajo la protesta del entonces Estado de Guatemala.

Las reclamaciones de Colombia: la costa caribe de Centroamérica

Por intrigas de poder de la oligarquía colombiana, el rey de España emitió la Real Orden del 30 de noviembre de 1803, por medio de la cual estableció que “(…) "las islas de San Andrés y parte de la Costa de los Mosquitos desde el cabo Gracias a Dios inclusive hasta el río Chagres quedan separados de la Capitanía General de Guatemala y dependientes del Virreinato de Santa Fe (actual Colombia)."

Las autoridades de la Capitanía General de Guatemala, solicitaron al rey una revisión de la decisión tomada, y el resultado fue que la Real Orden Real de 1803 fue derogada por el Real Decreto de 1806, y trasladó la defensa militar de la isla de San Andrés y cayos adyacentes a la Capitanía General de Guatemala.

La gran Colombia de constituyó en 1821-1822, casi al mismo tiempo de la primera independencia de Centroamérica. Proclamada formalmente la independencia de Colombia, en 1822 tomó posesión de la isla de San Andrés y cayos adyacentes, en el caribe centroamericano, con la clara intención de convertirse, igual que México, en una potencia regional.

El Estado de Costa Rica, parte de la República Federal de Centroamérica, limitaba al sur con Colombia, puesto que Panamá en ese momento no existía como país, sino que era una provincia más de la gran Colombia.

En 1825 la República Federal de Centroamérica firmó un tratado de “Liga y Amistad Perpetua” con Colombia, pero los reclamos territoriales de esta última siempre quedaron pendientes, mientras ocupaba en los hechos las costas y mares que reclama Centroamérica.

Fracasó la gestión diplomática

Desde noviembre de 1823, las autoridades de las provincias unidas de Centroamérica, propusieron la realización de una Asamblea Americana, encabezada por Estados Unidos, con el objetivo de promover la unidad de las naciones recién independizadas en el continente, y de paso discutir los reclamos territoriales sobre los territorios que Centroamérica reclamaba como suyos.

La propuesta de una Asamblea Americana fue retomada por Simón Bolívar, quien convocó a un Congreso Anfictiónico, que se instaló el 22 de junio al 15 de julio de 1826 en la Sala Capitular del antiguo convento de San Francisco de la ciudad de Panamá. Estuvieron presentes delegados de la Gran Colombia, República de Centro América, México y Perú. Bolivia, que había sido creada en 1826 con la Constitución aprobada por el Congreso de Chuquisaca, envió delegados, pero estos no llegaron a tiempo. Gran Bretaña y Holanda mandaron una delegación de observadores. Estados Unidos fue invitado por Santander, en ese momento presidente interino de la Gran Colombia.

Como era de esperarse, México y Colombia se negaron a discutir el problema de los territorios de Chiapas, Soconusco y del mar y costa caribe de Centroamérica, y con ello fracasaron los intentos por promover un arbitraje sobre los diferendos territoriales. Estos conflictos territoriales quedaron en el olvido con el estallido de la guerra civil centroamericana,  a pesar que en 1836 el gobierno del general Francisco de Paula Santander se apoderó violentamente de Bocas del Toro y de sus islas, que eran parte del territorio de Costa Rica, lugar donde  se establecieron algunos colonos extranjeros tomando en cuenta antiguas concesiones otorgadas por el gobierno federal.

Morazán triunfó militarmente, pero ¿Por qué se destruyó la Federación?

A pesar de los triunfos militares del general Francisco Morazán en la guerra civil centroamericana (1826-1829), la Republica Federal fundada en 1824, estaba exhausta, dividida, rodeada de enemigos internos y externos, casi fragmentada al iniciarse la década de los años 30 del siglo XIX.

José Cecilio del Valle (1777-1834) fue electo presidente de la República Federal en 1833, pero murió en 1834, debiendo realizarse otra elección, en la que salió electo el general Francisco Morazán para un segundo periodo presidencial. Las pasiones y rencores que se consideraban sepultados por el fin de la guerra civil, volvieron a encenderse.

Las tendencias localistas eran muy fuertes, debido a que con la corta vigencia de la Constitución de Cádiz, se le otorgó mucha autonomía a las municipalidades en todas las provincias. Esta tradición de autonomía municipal hubiese sido el verdadero soporte de un federalismo autentico, pero no lo fue. Se proclamó el federalismo, pero en realidad lo que hubo siempre fue la hegemonía de Guatemala sobre el resto de las provincias. Quienes disputaban esa hegemonía era la oligarquía salvadoreña que fue precisamente la única base de apoyo real del general Morazán

El debate en todos los pueblos se encendió en torno al federalismo y al cobro de excesivos impuestos. Guatemala era el Estado de mayor población y, por lo tanto, tenía mayoría en el Congreso Federal. El gobierno federal tenía su sede en Guatemala y por eso se identificaba al federalismo con la vieja hegemonía colonial de Guatemala. El cobro de impuestos era para sufragar los gastos del gobierno federal, que siempre era identificado con el control de la oligarquía guatemalteca sobre el comercio y las aduanas.

Las reformas “liberales” de Morazán, a pesar de sus ataques a la Iglesia Católica, nunca tomaron en cuenta a las masas indígenas, las que eran reclutadas obligatoriamente para participar en guerras civiles de criollos. Nunca se otorgó a los indígenas, que eran la mayoría de la población, el status de ciudadano, ni se les garantizó la propiedad de sus tierras comunales, las cuales eran desmembradas por terratenientes añileros y cafetaleros. Los indígenas eran seres humanos de segunda categoría.

Y se produjo una enorme contradicción: la oligarquía y la Iglesia Católica encontraron en las oprimidas masas indígenas el apoyo necesario para destruir el experimento del Estado Federal.

Hace falta realizar un estudio más exhaustivo de las verdaderas causas de la destrucción de la federación centroamericana.

1838: se separan Nicaragua, Honduras y Costa Rica

Hubo muchas presiones para reformar la Constitución de 1824, y sobre la necesidad de construir un Distrito Federal para que la sede del gobierno federal no fuese en Guatemala, ni en el capital de ningún otro Estado. Pero la reforma constitucional no llegó a producirse.

El 30 de abril de 1838, por medio de un pacto entre liberales y conservadores de la época, se reunión en León, Nicaragua, una Asamblea Nacional Constituyente, asestó la primera puñalada a la agonizante república federal, mediante el siguiente decreto legislativo: “1°. El Estado de Nicaragua es libre, soberano e independiente sin más restricción que la que se imponga en el nuevo pacto que celebre con los otros Estados de Centro-América, conforme a los principios de un verdadero federalismo.

2°. Nicaragua protesta del modo más solemne pertenecer a la nación de Centro América, por medio del pacto indicado. 3°. Corresponden al Estado las rentas que concentraba la nación, administrándose por ahora como hasta aquí en todo lo que no se oponga al presente decreto. (…) 9°. Nicaragua guardará la mejor armonía con los demás Estados del Centro, i les prestará los ausilios que le sean posibles para la defensa de su independencia i libertad. (..)”.

El 30 de mayo de 1838 el Congreso Federal, antes de cerrar sus sesiones ordinarias, emitió un decreto que manifestaba: “son libres los Estados para constituirse del modo que tengan por conveniente, conservando la forma republicana popular representativa y la división de poderes”. Con este decreto, se produjo la segunda estocada mortal contra la agonizante república federal que en ese momento estaba formada solo por El Salvador y el recién fundado Estado de Los Altos, que se había separado recientemente del Estado de Guatemala

El desmoronamiento continuó cuando una Asamblea Nacional Constituyente, reunida en Comayagua, Honduras, el 27 de octubre de 1838, proclamó lo siguiente: “El Estado de Honduras es libre, soberano e independiente”. El 5 de noviembre reafirmó la decisión: “El Estado de Honduras es libre, soberano e independiente del antiguo gobierno federal, del de los demás Estados y de todo otro gobierno o potencia extranjera”, ocasionando un tercer golpe mortal al Estado Federal

El 27 de mayo de 1838 se produjo el primer golpe militar en el Estado de Costa Rica, propinado por Braulio Carrillo contra Manuel Aguilar y Juan Mora, Jefe y vice Jefe de Estado, y convocó a una Asamblea Nacional Constituyente que en su corto funcionamiento emitió el decreto del 14 de noviembre de 1838 declarando que Costa Rica asumía la plenitud de su soberanía y formaba un Estado libre e independiente, aunque siempre seguía perteneciendo a la familia centroamericana. Esta fue la cuarta cuchillada contra el federalismo.

Es interesante observar como el asesinato del Estado Federal, por parte de los Estados de Nicaragua, Honduras y Costa Rica, se hizo en aras de un nuevo federalismo y un nuevo centroamericanismo que las oligarquías jamás impulsarían.

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