Por Melchor Benavente

El pasado jueves 14 de noviembre un grupo de madres de presos políticos desesperadas por que la situación de sus hijos (hasta ese momento eran 135 prisioneros políticos) estaba quedando en el olvido, se declararon en huelga de hambre en la iglesia San Miguel Arcángel de la ciudad de Masaya.

La escogencia de esa iglesia no fue una casualidad. Esa parroquia está a cargo del padre Edwin Román, ampliamente conocido en Nicaragua por brindar solidaridad y acompañamiento espiritual a los actos de resistencia contra la dictadura Ortega-Murillo.

Las huelgas de hambre por la libertad de los presos políticos forman parte de las tradiciones de lucha contra la dictadura somocista, que han sido rescatadas en esta coyuntura precisamente para lograr la liberación de los últimos presos políticos.

Un contexto de aguda represión

Una buena parte de los presos políticos fueron excarcelados en mayo-junio de este año, pero la dictadura dejo una cantidad de mas de 100 presos que fue aumentando lentamente en el tiempo, hasta llegar a la cantidad de 135.

Mientras tanto, en las calles se mantiene el estado de excepción en los hechos que impide cualquier protesta o marcha. La Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) ha intentado recuperar las calles más de una docena de veces, pero ha sido infructuoso. En ese contexto de aguda represión, la huelga de hambre de las madres de presos políticos se convirtió en un hecho trascendental.

Huelga de hambre y cerco policial

Las madres decidieron iniciar la huelga de hambre en una Iglesia, creyendo que al menos el templo religioso seria respetado por la dictadura Ortega-Murillo, pero no fue así.

Inmediatamente después que se hizo publica la declaratoria de huelga de hambre, la dictadura ordenó que les cortasen el agua y la luz, al mismo tiempo que montó un cerco con las tropas especiales de la Policía Nacional, para aislarlas de la solidaridad.

La huelga de hambre implica no consumir alimentos en señal de protesta, pero se requiere consumir mínimamente agua para mantenerse con vida por algún tiempo. ¡Al quitarles el agua, el salvajismo de la dictadura no tuvo límites! Al cortar la energía eléctrica, las madres no tuvieron como recargar sus celulares, quedando en completo aislamiento.

Las organizaciones autoconvocadas en resistencia en Masaya hicieron múltiples esfuerzos por burlar el cerco policial, logrando introducir pequeños recipientes con agua, pero la Policía detectó los movimientos y se tomaron la casa de los vecinos para evitar el abastecimiento de agua.

La situación se tornó mas compleja cuando se conoció que el padre Edwin Román es diabético, y necesitaba inyecciones de insulina diarias. La huelga de hambre se transformó en el acto de protesta mas importante del ultimo periodo, y en un verdadero drama humano.

Impacto internacional

Poco a poco la noticia de la heroica huelga de hambre de las madres de presos políticos y el cerco policial sobre la iglesia San Miguel Arcángel de Masaya, fue reproducida por los grandes medios de comunicación internacionales.

Nuevamente, la lucha contra la dictadura en Nicaragua tenía un realce mundial. Diversos organismos internacionales, como la OEA, ONU, el Vaticano, la orden de los jesuitas a nivel latinoamericano, se pronunciaron condenando la brutalidad de la dictadura, a favor de levantar el cerco policial contra la huelga de hambre.

La llama de la solidaridad

En la ciudad de Masaya, los vecinos de la Iglesia San Juan Bautista, fueron rodeados por las turbas mientras celebraban una misa en solidaridad con la huelga de hambre. Hubo enfrentamientos a golpes en la puerta de la Iglesia.

En la catedral de Managua se inicio otra huelga de hambre, pero las turbas de la dictadura llegaron a tomarse el tempo, acorralando a las madres. Con este acto de fuerza, obligaron a negociar la salida de ambos, liquidando ese foco de resistencia. Hubo intentos de establecer otra huelga de hambre en la ciudad de Matagalpa, y la repuesta fue la misma: represión a palos, para desalojar a los huelguistas.

Capturan a 13 dirigentes de la UNAB

Las madres lograron en nueve días de huelga de hambre, desencadenar una enorme ola de solidaridad nacional e internacional, que sacó del olvido el tema de la existencia de mas de 135 presos. Esta lista aumento a 150 cuando la Policía capturó a 13 dirigentes de la UNAB, que intentaron romper el cerco policial, y ahora están presos y siendo procesados por falsos delitos de tenencia de armas, uso de explosivos y terrorismo.

La Iglesia cede a las presiones

En los días siguientes, la dictadura se adelantó a tomarse o rodear las iglesias donde podrían instalarse otras huelgas de hambre. Los obispos de la Iglesia Católica terminaron cediendo a las presiones de la dictadura, y el Nuncio Apostólico fue en persona a Masaya a sacar a las madres y al padre Román, con el argumento que sus vidas estaban en peligro, como verdaderamente si lo estaban. Todos fueron internados en el hospital Pellas.

El sacrificio de las madres rindió sus frutos.

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