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Ya salió El Socialista Centroamericano No 172.-

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EL SALVADOR.- ¿Quién es el verdadero ganador?

Los apretados resultados de la segunda vuelta electoral en El Salvador muestran una situación altamente contradictoria: la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) continuará al frente del gobierno, pero también se ha producido un fortalecimiento o recomposición de la derecha agrupada en el derechista partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).

 

Con un alta abstención, las cidras muestras que en la segunda vuelta el FMLN incrementó en 180,000 la cantidad de votos a su favor, pero el ARENA logró recuperar 442,000 votos, dando lugar a ese escaso margen de diferencia. De nada sirvió al FMLN su política conciliadora con la alianza UNIDAD que lidera el expresidente Antonio Saca, puesto que la mayoría de los votos de este segmento de “centro derecha”, giró hacia su viejo partido ARENA.

El FMLN ha logrado mantenerse al frente del gobierno porque, en términos generales, los programas asistenciales que desarrolló el gobierno de Funes le permitieron consolidar una base social, cuya fragilidad es más que evidente.

Las políticas neoliberales aplicadas crudamente y sin anestesia por los anteriores gobiernos de ARENA, acrecentaron los niveles de pobreza. Por eso fue que en el año 2009, con muchas ilusiones democráticas, las masas dieron un contundente triunfo electoral al FMLN. El pueblo salvadoreño tenía la esperanza de que se produciría una mejoría social y económica. Pero no fue así. La economía se encuentra en un virtual estancamiento, la violencia de las pandillas es imparable, y para coronar, se ha fortalecido un nuevo sector burgués emergente vinculado al FMLN que se ha nutrido de los negocios con el Estado y con los recursos provenientes del Alba.

Pero cuatro años después, aunque haya vuelto a ganar por solo 6,000 votos, la realidad es que la derecha logró recuperar terreno, y casi recupera el poder, explotando los errores de las políticas económicas aplicadas por el gobierno de Funes, que era el gobierno del FMLN.

Esta contradicción entre el grupo de Funes y el partido FMLN fue aprovechada maquiavélicamente por éste. A la base siempre se le dijo que si no había más avances en lo económico y social, era porque el presidente Funes lo impedía, pero al mismo tiempo el FMLN aprovechaba la popularidad del estilo moderado de gobernar de Funes

Durante la campaña electoral, el FMLN ha alardeado de que ahora gobernará directamente la militancia ex guerrillera. Incluso, algunas de las huelgas de empleados públicos de los últimos meses, fueron alentadas por los sindicatos bajo control del FMLN, lo cual era correcto por la situación de deterioro de los salarios.

Pero el nuevo gobierno Sánchez Cerén- Oscar Ortiz, a pesar del discurso sumamente moderado y conciliador con los empresarios de la ANEP, será mucho más débil que el de Funes, porque se ha producido un cambio en la correlación de fuerzas que favorece a ARENA.

Paradójicamente, los ex comandantes ya empezaron a llamar al diálogo a la derecha para poder gobernar y “construir juntos el país”. Y esto no es un casualidad, es la consecuencia lógica de la política del FMLN desde los Acuerdos de Paz, y especialmente del periodo del gobierno de Funes.

El diálogo con ARENA y el resto de la derecha no significa otra cosa que la búsqueda de una negociación por parte de los grupos burgueses emergentes con la oligarquía tradicional, para hacerse un espacio y tener una tajada segura de la plusvalía producida por los trabajadores. Y ARENA lo sabe perfectamente y por eso presionó al máximo para anular las elecciones, porque es su mecanismo de chantaje para doblegar al FMLN en la mesa de negociaciones.

Desde el Partido Socialista Centroamericano (PSOCA) llamamos a los trabajadores salvadoreños, a cerrar filas porque el próximo gobierno del FMLN aplicará medidas similares o peores a la del gobierno de FUNES. El FMLN, al negarse a convocar a una Constituyente y cambiar el orden económico y social impuesto por ARENA, está resucitando un sistema bipartidista, en el que el poder será compartido por los dos nuevos partidos, en pleito constante por cuotas de poder.

La tarea fundamental de los revolucionarios en el próximo periodo es construir una alternativa independiente, revolucionaria y socialista, que supere al FMLN pero que rescate las tradiciones heroicas de la guerrilla, bajo un programa de lucha anticapitalista.

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