Historia


Por Melchor Benavente

El 3 de septiembre de 1938, en la casa de habitación de Alfred Rosmer, en la localidad de Perigny, en las afueras de París, Francia, bajo condiciones de persecución y clandestinidad, los seguidores de León Trotsky fundaron la Cuarta Internacional.

La conferencia reunió delegados de 26 países, había mucho entusiasmo, pero la reunión también estuvo marcada por la tragedia. Los principales organizadores del primero Congreso no pudieron asistir: Rudolf Klement y León Sedov (hijo de Leon Trotsky), a quienes se les había encargado la tarea de preparar la reunión, acababan de ser asesinados por agentes del servicio secreto soviético (GPU, posteriormente se convertiría en KGB). El propio Leon Trotsky no pudo asistir, porque la mayoría de los países (salvo México, donde estaba asilado) le negaban visa de ingreso. Y para colmo, la GPU había logrado infiltrar la conferencia con la presencia de un supuesto opositor de izquierda ruso, Mark Zborowski, llamado “Etienne”.

Los orígenes: la Oposición de Izquierda Internacional

La Oposición de Izquierda surgió como una corriente contra la degeneración burocrática del Estado soviético y del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), después de la muerte de Lenin en 1924.

El reflujo de la revolución en Europa, especialmente después del fracaso de la revolución en Alemania, obligó a los comunistas a discutir cómo mantener en pie el primero gobierno obrero. Trotsky y muchos otros dirigentes bolcheviques crearon la Oposición de Izquierda, insistiendo que lo más importante era promover el triunfo de la revolución en otros países, mientras se lograba resistir y avanzar económicamente dentro de la URSS con un plan de industrialización por medio de planes quinquenales.

Stalin fue el principal vocero de la teoría del “socialismo en un solo país”, planteando que se podía construir el socialismo en Rusia, independientemente de lo que pasara en el resto del mundo. El retroceso de la revolución mundial desarrollo tendencias nacionalistas dentro del PCUS, y Stalin logró imponerse sobre las criticas de la Oposición de Izquierda. Desterró a Trotsky en 1927, creyendo que así terminaría con el principal teórico de la oposición. Desde el exilio, Trotsky procedió a organizar la Oposición de Izquierda Internacional con el objetivo de rescatar al PCUS y a la Tercera Internacional de las garras del stalinismo. Durante mucho tiempo, Trotsky insistió en la necesidad de reformar y rescatar a la internacional comunista, actuando como una oposición leal.

Sin embargo, el ascenso de Hitler al poder en Alemania, en 1933, fue el punto de ruptura con el stalinismo. El proletariado alemán fue derrotado por las políticas erróneas de Stalin, que se negaba a impulsar una política de frente único con la socialdemocracia para cerrarle el paso a Hitler. La división de la clase obrera alemana permitió a Hitler atacar a ambos y tomar el poder.

El Bloque de los cuatro

En agosto de 1933, se reunió en París una conferencia internacional de los partidos y grupos que se oponían a la política del stalinismo: La Liga Comunista Internacional, que agrupaba a los seguidores de Trotsky, el Partido Socialista Obrero de Alemania, Partido Socialista Revolucionario y Partido Socialista Independiente de Holanda. Se emitió una declaración política a favor de construir una nueva internacional. En 1936, cuando se volvieron a reunir, el grupo de los cuatro se redujo finalmente a los fieles seguidores de Trotsky.

Algunos de estos consideraron que en ese momento no existían condiciones para crear la Cuarta Internacional. Trotsky tuvo que debatir y convencer a sus seguidores sobre la importancia de crear la Cuarta Internacional, para evitar la pérdida del programa socialista y las tradiciones de lucha que había representado el triunfo de la revolución rusa. Estaba en juego el futuro de la revolución mundial y con ello el destino de la humanidad.

En los debates preparatorios, Trotsky argumentaba que el triunfo de Hitler llevaría inevitablemente a una nueva guerra mundial. La URRS estaba en peligro. Por ello era necesario crear una nueva organización comunista internacional.

El Programa de Transición

A finales del siglo XIX, la socialdemocracia obtuvo beneficios materiales para la clase trabajadora europea, todavía en momentos de expansión capitalista. Por esta razón, los partidos socialdemócratas se volvieron reformistas: hablaban de revolución social únicamente en los días de fiesta. El programa de las reivindicaciones mínimas era el único valido para los socialdemócratas.

La fundación de la tercera internacional en 1918, fue una ruptura con el reformismo y oportunismo de la socialdemocracia, pero el comunismo en poco tiempo terminó siendo controlado por la burocracia stalinista, una especie de negación del leninismo. Había que retomar el hilo roto por el stalinismo.

A Trotsky se le encargó la tarea de elaborar el programa de la nueva internacional, que retomara los avances del bolchevismo, la lucha por la democracia obrera contra la degeneración totalitaria del stalinismo y que planteara la necesidad de acabar con el capitalismo en todo el mundo. Partiendo de la premisa básica que el capitalismo es un sistema que ha agotado las posibilidades de desarrollo, y que arrastra a la humanidad a la barbarie.

La Cuarta Internacional debía formular un puente entre la realidad objetiva, y el atraso en la conciencia de la clase trabajadora, planteando consignas que ayudasen a los trabajadores a movilizarse y en ese proceso estos adquirirían conciencia sobre la necesidad de tumbar al sistema capitalista

El Programa de Transición rompió con la dicotomía entre “programa mínimo” y  “programa máximo”, un planteamiento de la socialdemocracia que el stalinismo había retomado.

El saludo visionario de Trotsky

A pesar de considerar la creación de la Cuarta Internacional como la tarea más importante de su vida, Trotsky no pudo viajar a Francia, a la conferencia de fundación. Se vio forzado a grabar un mensaje:

“(…) Los hechos confirmaron tanto nuestros análisis como nuestros pronósticos. Nadie puede negarlo. Ahora es necesario permanecer fieles a nosotros mismos y a nuestro programa. No es fácil. Las tareas son tremendas, los enemigos innumerables. (…) no somos un partido igual a los demás. No ambicionamos solamente tener más afiliados, más periódicos, más dinero, más diputados. Todo eso hace falta, pero no es más que un medio. Nuestro objetivo es la total liberación, material y espiritual, de los trabajadores y de los explotados por medio de la revolución socialista. Si no la hacemos nosotros, nadie la preparará ni la dirigirá. Las viejas internacionales –la II, la III, la de Ámsterdam, y podemos agregar también el Buró de Londres– están completamente podridas.

Los grandes acontecimientos que se ciernen sobre la humanidad no dejarán piedra sobre piedra de estas organizaciones que se sobreviven. Sólo la IV Internacional mira con confianza el futuro. ¡Es el partido mundial de la revolución socialista! Nunca hubo un objetivo más importante. Sobre cada uno de nosotros cae una tremenda responsabilidad histórica.

El partido nos exige una entrega total y completa. (…) No somos un partido como los demás. No en vano la reacción imperialista nos persigue furiosamente. La camarilla bonapartista de Moscú la provee de asesinos a sueldo. Nuestra joven Internacional ya tiene muchas víctimas. En la Unión Soviética se cuentan por miles. En España por docenas. En otros países por unidades. En este momento los recordamos a todos con gratitud y amor. Sus espíritus continúan la lucha entre nosotros.

Los verdugos, llevados por su estupidez y su cinismo, creen posible atemorizarnos. ¡Se equivocan! Los golpes nos hacen más fuertes. La bestial política de Stalin no es más que una política desesperada. Pueden matar a algunos soldados de nuestro ejército, pero no atemorizarlos. Amigos, repitamos nuevamente en este día de celebración: no nos pueden atemorizar.

La camarilla del Kremlin necesitó diez años para estrangular al Partido Bolchevique y transformar al primer Estado obrero en una siniestra caricatura. La III Internacional necesitó diez años para abandonar su propio programa y convertirse en un cadáver maloliente. ¡Diez años! ¡Sólo diez años! Permítanme terminar con una predicción: durante los próximos diez años el programa de la IV Internacional se transformará en la guía de millones de personas y estos millones de revolucionarios sabrán cómo dar vuelta al cielo y la tierra”.

El asesinato de Trotsky y la dislocación de la Cuarta Internacional

Stalin logró finalmente silenciar Leon Trotsky el 21 de agosto de 1940, cuando un agente stalinista se infiltró en su casa de habitación en Coyoacán, México, y logró asesinarle. Los pronósticos de Trotsky sobre los grandes acontecimientos que se avecinaban se cumplieron casi el pie de la letra.

Hitler rompió su pacto de no agresión con Stalin, e invadió la URSS. El heroísmo de las masas soviéticas impidió el desastre. Durante la segunda guerra mundial había una situación revolucionaria a nivel mundial, pero no había una conducción revolucionaria. Trotsky, el ultimo y experimentado dirigente bolchevique, había sido asesinado. La naciente Cuarta Internacional fue sometida a presiones terribles, pero su conducción, con mucho esfuerzo, no logró aprovechar las oportunidades. El fascismo, por un lado, y el stalinismo, por el otro, perseguían y mataban a los militantes de la Cuarta Internacional.

Esta es la explicación del porque no logró desarrollarse. Ocurrieron otros fenómenos imprevistos. Al final, la URSS salió victoriosa de la segunda guerra mundial, y con ello se fortaleció el stalinismo por algunas décadas más, hasta su derrumbe en 1990.

En el periodo de la postguerra hubo muchas discusiones y divisiones dentro de la Cuarta Internacional, precisamente porque no se lograba entender los nuevos fenómenos. No había una dirección probada y experimentada que orientara.

La excepcionalidad se convirtió en regla general

Otro fenómeno en contra fue que se produjo un boom capitalista con la reconstrucción de Europa, y la mayoría de las revoluciones que se produjeron fueron en el mundo colonial o en los países atrasados, las que eran encabezadas por direcciones burocráticas o pequeñoburguesas.

En una de sus partes, el Programa de Transición contemplaba que. “(…) no se puede negar categóricamente, por anticipado, la posibilidad teórica de que, bajo la influencia de circunstancias completamente excepcionales (guerra, derrota, crack financiero, presión revolucionaria de las masas, etc.), los partidos pequeñoburgueses, incluyendo a los stalinistas, puedan ir más lejos de lo que ellos mismos quieren en la vía de una ruptura con la burguesía. En cualquier caso, una cosa es indudable: aunque esta variante, sumamente improbable, se realizara alguna vez en alguna parte, y el “gobierno obrero y campesino”, en el sentido arriba mencionado, se estableciera de hecho, representaría meramente un corto episodio en la vía hacia la verdadera dictadura del proletariado”.

El triunfo de las guerrillas en China, Vietnam, Cuba, etc, fueron posibles por la combinación de circunstancias descritas por Trotsky en el Programa de Transición. Estas direcciones se vieron forzadas a ir más allá de sus propios planteamientos. Esta situación retrasó nuevamente las posibilidades de desarrollo de la Cuarta Internacional. No obstante, los procesos de restauración capitalista en todos estos países, vuelve a poner, con muchas décadas de retraso, la necesidad de construir una nueva dirección revolucionaria, bajo el programa y las banderas de la Cuarta Internacional.

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