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EL SALVADOR.- Aunque lave su rostro, la FAES no cambiará su esencia.

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Por: Alberto Castro

La Fuerza Armada de El Salvador (FAES), está registrada en  la historia de la República de El Salvador, por cometer actos negativos y por lo tanto carece de gestas que le decoren valor y mucho menos heroísmo, basta señalar el comienzo de la cuenta dictadura militar que dio inicio en 1931 y finalizó en 1979, pero que posterior a ello, pasó a actuar bajo parámetros de terrorismo de Estado y crímenes de lesa humanidad; aún están pendientes procesos judiciales pendiente en contra de algunos criminales de guerra que pertenecieron a  esa institución. Desde el etnocidio que casi extermina todas las comunidades nahuas en El Salvador (22 de enero-11 de julio de 1932), hasta las masacres como las del rio Sumpul (14 de mayo de 1980); El Mozote (10-11 de diciembre de 1981); y muchas otras, dan muestra del papel histórico que ha desempeñado como institución de Estado.

Los Acuerdos de Paz de Chapultepec firmados el 16 de enero de 1992, supusieron cambios cualitativos y cuantitativos para la FAES, en lo primero lo más significativo es cuanto a su política y doctrina que debía ser apegada a los Derechos Humanos, pasando a integrarse al remozamiento democrático en la posguerra lo cual implica sometimiento a las autoridades civiles. Cuantitativamente se impuso la reducción de efectivos militares, mediante depuración, supresión de la Guardia Nacional, Policía de Hacienda y servicios de inteligencia. A treinta años de los Acuerdos de Paz, la FAES ha recobrado un papel importante en la vida del país, por lo tanto, dado su reputación histórica debemos ser escépticos a ello.

¿Cómo regresaron los militares a la vida política nacional?

Fue el ex Francisco Flores quien en el año 2003 regresó los militares a las calles, lo mismo repitieron Antonio Saca, Mauricio Funes, Sánchez Cerén y ahora Nayib Bukele, cinco periodos presidenciales en 18 años de repetir la misma medida de diferentes maneras.

Lo insólito es que desde entonces las principales maras y pandillas han crecido y desarrollado al mismo ritmo que la FAES ha ido tomando mayor participación en tareas de seguridad pública, lo cual refleja que en el fondo la inseguridad favorece la aplicación militarización de la seguridad pública, pues de otra manera no podría ser posible que pese a que hace treinta años se ponía fin a una guerra civil, ahora se vitorea entre la población la presencia de efectivos militares en las calles, la aprobación no parte de un olvido de la memoria histórica, aunque mucho se podría atribuírsele al FMLN precisamente el haber sido quien profundizó la militarización y promovió  una imagen saneada de la FAES.

El visto favorable de la militarización sin resistencia se dio por la inseguridad, violencia y delincuencia de la cual aportan una gran cuota las maras y pandillas, pero quienes no son los únicos causantes.

Debemos frenar su avance

Ya vimos que hasta hace treinta años que la FAES era un actor de la vida política nacional, por lo que tenia criterio político parcial, siendo defensora primordialmente del interés de la oligarquía, ahora tiene imparcialidad en teoría mediante regulación legal, pero lo cierto es que ha cobrado mayor participación en la actividad Estatal debido a las características del actual Gobierno, dado el cambio que está teniendo el régimen de democracia burguesa al autoritarismo.

Bukele ha encontrado en los militares importantes aliados para desarrollar su proyecto, eso explica el porqué ahora hay más elementos militares desde los Acuerdos de paz, y, pese a que los EEUU recortó ayuda esto no fue impedimento para su robustez; se ha superado con  el aumento gradual en los presupuestos. Como vemos ha cobrado mayor participación en la vida política pero no cobra protagonismo pues tiene funciones determinadas, ya no hablamos solo de su injerencia en labores de seguridad pública, es útil en cualquier labor que antojadizamente disponga Bukele.

Recientemente sirvió para la confiscación y operación temporal de dos rutas de buses, esto nos demuestra que la gestión pública esta militarizada, lo demostrado en las cuarentenas por la pandemia no fue efímero y casual sino parte del plan Gubernamental basado en hacer uso ordinario de facto sobre esta institución que, como en el pasado representa una amenaza, pues es un grupo armado que representa intereses ajenos al pueblo, por lo que debemos luchar por la desmilitarización al igual que antes.

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