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NICARAGUA.- Un enfoque critico y autocritico sobre la rebelión de abril del 2018

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Por Sebastián Chavarría Domínguez

Han transcurrido cuatro largos años, desde aquel fatídico 19 de abril del 2018, cuando una protesta estudiantil fue reprimida a balazos, en los predios de la Catedral de Managua. Esta masacre encendió la chispa de la rebelión, y abrió un periodo de grandes movilizaciones populares contra la dictadura.

Hoy existe el criterio general de la rebelión que se inicio en abril del 2018 fue aplastada por la dictadura, y que estamos sufriendo las consecuencias. Prevalece la desmoralización y el desánimo. Para recuperar la iniciativa y continuar la lucha es indispensable un balance critico y autocritico de los aciertos y errores cometidos. Es posible que nos equivoquemos en algunas afirmaciones, pero solo el debate permitirá aclararnos posibles errores de análisis. Solo así podremos levantar la cabeza, terminar con la dictadura e iniciar la democratización real de Nicaragua.

La debilidades y contradicciones de la lucha estudiantil

Hasta abril del 2018, el sandinismo mantenía un férreo control sobre las universidades. La represión del 19 de abril del 2018 generó una ola de solidaridad en los diversos recintos universitarios, y la movilización estudiantil fue acuerpada por sectores populares, iniciándose en poderoso ascenso de masas.

Pero, debido al control totalitario de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), el organismo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en las universidades, la movilización estudiantil era muy espontanea, caótica, desorganizada. No había grupos estudiantiles de oposición en las universidades.

Por un lado, el espontaneísmo era una ventaja, porque la energía juvenil se expresaba libremente, pero, por otro lado, al no existir ni conducción ni organización previa, que tuviese autoridad política sobre los estudiantes, la movilización espontanea termino siendo copada, en pocas semanas, por elementos lúmpenes, que actuaban como jefes de pandillas en los recintos tomados. El caso mas emblemático fue el de la UPOLI, al final los estudiantes tuvieron que abandonar la toma e irse a refugiar a la UNAN, donde también se presentó el mismo fenómeno.

El rol nefasto de los elementos lúmpenes

Todos coincidimos en el rol de vanguardia de los estudiantes, como el sector social que desencadenó la enorme ola de movilizaciones populares contra la dictadura. En cierta medida, se ha magnificado la lucha estudiantil, pero no se han analizado los problemas que terminaron liquidando a esta vanguardia estudiantil.

Uno de esos problemas fue que, en la medida que crecía la represión y las condiciones de lucha eran más duras, incluso con batallas campales en las calles, se sumaron a la lucha elementos lúmpenes de los barrios. Estos mostraron una enorme audacia en el enfrentamiento con la Policía, y a partir de ese momento comenzaron a tener incidencia, desplazando lentamente a la dirigencia estudiantil que se había puesto al frente de la lucha.

La dictadura, al ver la rebelión en las universidades, ordenó el cierre de clases. Pero las orientaciones que emanaron de los ONGs que funcionaban como dirección política, fueron realmente desastrosas. El famoso “paro estudiantil” llamó a los estudiantes a no asistir a clases en protesta contra la represión, pero no se dieron cuenta que la estrategia de la dictadura era precisamente desmovilizar y dispersar la protesta estudiantil. Al quedar vacíos los recintos universitarios, los lumpenes avanzaron en el control de las tomas, imponiendo sus métodos antidemocráticos. No había asambleas estudiantiles, no se consultaban las decisiones, estas quedaron en manos de improvisados jefes que, contradictoriamente, reprodujeron los mismos métodos burocráticos de UNEN.

Ascenso popular, represión y retroceso

Para contener o frenar el ascenso popular, la dictadura mantuvo una estrategia combinada de represión, repliegue táctico y negociaciones. Cuando una fase fallaba, venia una nueva fase. Primero intento contener con la represión, pero como las marchas de producían en casi todos los municipios, la represión resulto ineficaz. Después vino al repliegue táctico, la Policía no salía a las calles, y se creó una sensación falsa, artificial, de que el sandinismo había muerto o estaba abatido. Pero esto fue una maniobra defensiva para engañar, porque en realidad se estaba reagrupando para contra atacar.

Si bien es cierto que los estudiantes detonaron la lucha democrática, estos se replegaron y fueron los sectores populares quienes continuaron la pelea. Del 19 de abril al 30 de mayo, el ascenso de la lucha popular se extendió a lo largo y ancho en el país.

No obstante, la masacre de la gigantesca marcha del 30 de mayo, marcó un punto de inflexión. Ya no había seguridad en las calles, y las marchas comenzaron a declinar. Esta caída de la dinámica de la movilización fue lenta hacia abajo

La ACJD y la AMS: direcciones improvisadas

En el periodo del 19 de abril al 30 de mayo, también se produjeron maniobras políticas de la dictadura. Una de ellas fue la convocatoria al Dialogo Nacional. Debido al largo periodo de luna de miel entre la dictadura y los empresarios del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), que se rompió en abril del 2018, no había una oposición organizada que pudiera ser la contra parte de la dictadura en el Dialogo Nacional.

Por ello la Iglesia Católica, que había sido convocada como mediadora, tuvo que improvisar el 6 de mayo una conducción política, estructurando la llamada Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), compuesta por elementos del COSEP y de algunos movimientos sociales que habían surgido al calor de la rebelión de abril.

En ese mismo periodo se constituyó la Articulación de Movimientos Sociales (AMS) que reunió a los ongs y movimientos sociales críticos al COSEP. A pesar de las diferencias de lenguaje, en términos generales no hubo un cuestionamiento de fondo a la propuesta de Dialogo Nacional, como una posible salida a la crisis. El discurso de la AMS era mas intransigente, pero no planteaba una salida distinta.

Espontaneísmo contra una dictadura centralizada

Otra enorme debilidad de la rebelión de abril del 2018 fue el espontaneísmo generalizado, no solo del movimiento estudiantil, sino también de los sectores populares. Debido a la opresión burocrática del FSLN en el transcurso del tiempo se desarrollo un sentimiento de rechazo contra cualquier conducción centralizada.

El resultado fue que el aparato centralizado del FSLN, explotó esa debilidad del espontaneísmo a su favor. En realidad, lo espontaneo no puede destruir a una conducción organizada y centralizada, sobre todo que el FSLN viene de la escuela guerrillera y de una larga tradición de lucha centralizada.

La conducción de la ACJD y de la AMS, cada cual, desde su punto de vista, hicieron apología del espontaneísmo, como expresión democrática del pueblo, ambas agrupaciones se resistieron a crear una red de organizaciones populares de base a nivel territorial, priorizando la representación por sectores, y por grupos.

La maniobra del primer Dialogo Nacional

Cuando la dictadura estaba acorralada por la movilización de masas y el aislamiento internacional, convocó al Dialogo Nacional, para ganar tiempo. La dictadura engaño a todos haciéndoles creer que podía ceder las elecciones anticipadas. El Dialogo Nacional inicio el 16 de mayo y terminó el 16 de junio.

Nunca hubo intención de la dictadura para hacer concesiones reales, simplemente estaba reorganizando sus fuerzas para iniciar una contra ofensiva militar contra los tranques y barricadas

Los tranques: una táctica defensiva

Después de la masacre del 30 de mayo se inicio el lento repliegue del movimiento de masas. Ese era el momento de convocar a una Huelga General pero la ACJD estaba empeñada en que el Diálogo Nacional rindiera frutos, haciendo todo tipo de concesiones, incluso en un momento determinado hasta ofrecieron desmontar los tranques.

Lo que no se ha discutido es que después de la masacre del 30 de mayo, la mayor parte de los activistas se atrincheraron en los tranques, como una táctica defensiva. Incluso, los tranques estaban desligados unos de otros, sin coordinación entre ellos. Este factor facilito la contra ofensiva de la dictadura. Los tranques reflejaron una incipiente forma de organización popular, por ello la dictadura, una vez que había logrado frenar las enormes movilizaciones, como la del 30 de mayo, se concentro en reventar los tranques.

La ofensiva contra los tranques comenzó el 16 de junio cuando la dictadura dio por finalizado el Dialogo Nacional. La táctica dilatoria le había dado resultados. Del 16 de junio al 19 de julio se desarrolló la llamada “operación limpieza” por medio de la cual la dictadura aplastó tranque por tranque, hasta que el 19 de julio de 2018 Daniel Ortega proclamo su victoria e inicio una nueva etapa represiva contra los sectores populares que se habían rebelado.

Los dos “paros nacionales” de los empresarios

Después de la masacre del 30 de mayo, estaban dadas las condiciones para la Huelga General, pero los empresarios del COSEP venían maniobrando desde el interior de la ACJD para evitar un desbordamiento popular, que ellos no pudieran controlar.

El primer “paro nacional”, del 14 de junio, aunque fue obedecido por los sectores populares, en realidad era un lockout. Los empresarios mandaron a su personal de vacaciones, no fue producto de la organización y la disciplina popular. Fue convocado para presionar a la dictadura, cuando este se alistaba para dar por muerto el Dialogo Nacional.

El segundo “paro nacional” fue convocado el viernes 13 de julio, por la presión popular que exigía detener las masacres de los paramilitares. Para no quedar mal parados ante la población, la ACJD convocó al segundo lockout pero ya el daño estaba hecho, la dictadura había logrado destruir esa forma organizativa defensiva como fueron los tranques.

La dictadura logró imponerse

Hemos analizado las principales causas por las que la dictadura logró imponerse. Aunque el levantamiento popular de abril del 2018 ha sido denominado como una “insurrección”, realmente no lo fue. Se produjo un gran estallido social, una amplia protesta social en muchos municipios, pero no llego a convertirse en una insurrección. Los empresarios del COSEP, por un lado, y la dictadura por el otro, trabajaron para evitar que las movilizaciones terminaran en una insurrección triunfante.

Y no estamos discutiendo conceptos, sino la dinámica social que se desarrollo entre los meses de abril a junio del 2018. Las movilizaciones tenían una dinámica hacia la insurrección, pero por falta de una conducción política clara las condiciones fueron desaprovechadas, y la dictadura aprovecho esta debilidad para dar la estocada final.

A partir del 19 de julio del 2018 cambió radicalmente la correlación de fuerzas, y aunque continuó el descontento y la resistencia popular, la dictadura había logrado imponerse, al menos por algún un tiempo.

No hay dictaduras eternas. La derrota del levantamiento de abril del 2018 le ha permitido a la dictadura sobrevivir cuatro años más. Para continuar una lucha efectiva, debemos aprender de nuestros aciertos y de nuestros errores.

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