Europa


Por Nicolás Le Brun
Desde el estallido de la crisis del 2008, las medidas para hacer pagar a los trabajadores y el pueblo europeos los platos rotos no han cesado: Uno tras otro plan de ajuste, los diktats de Bruselas,  impulsados por los gobiernos de Francia y Alemania principalmente y seguidos por el gobierno de Inglaterra.
La receta es simplista, pues para los gobiernos de la burguesía, las aspiraciones de las masas son válidas únicamente si estas no son antagónicas con las ganancias de los bancos y los industriales. Así  pues, el diseño del plan busca destruir el sistema social “deficitario” y poner el dinero ahorrado en manos de los bancos.
Europa se latinoamericaniza
En la década de los años 80 se impulsó en la totalidad de los países los planes de ajuste estructural que acabaron con las empresas, la salud y la educación públicas, además de la mayor parte de las garantías sociales. Sin embargo, la raíz y los causantes de la crisis que estalló en diferentes etapas no han pagado ni un céntimo y siguen en el poder.
Durante los años 70, con la eliminación del patrón oro, los Estados unidos se lanzaron a prestar a los países de Latinoamérica sumas enormes para “el desarrollo” bajo condiciones de usura. Los gobiernos y burguesías  locales desviaron la mayor parte de los recursos y cuando llegó la hora de pagar los créditos, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, es decir los administradores financieros del imperialismo, diseñaron los rigurosos planes que fueron aplicados con distintas intensidades en nuestros países. Pero el resultado ha sido el mismo, la pauperización de la clase trabajadora, la desaparición de la escasa industria local y de la mayor parte de la producción agrícola de pequeña y mediana talla. Los datos que arroja la distribución de la tierra en nuestro continente son contundentes.
Con este conjunto de medidas, los países industrializados se garantizaron que los países pobres siguieran siendo sus consumidores de bienes, no sólo industriales, sino también de productos agrícolas como los granos y cereales así como de servicios.  La dependencia que tienen los países pobres de los productos importados es cada vez mayor. Los vaivenes del mercado, como una consecuencia de la creciente centralización de la producción mundial en pocas manos han causado ya varias malas jugadas con resultados catastróficos para las economías más débiles.
En Europa, la diferencia entre Norte y Sur está lejos de ser un mito basado en que los primeros son detentores de un don que los inmuniza de la plaga de recesión y de la austeridad. Sin embargo, detrás del mito hay una relación de poder que las economías más fuertes del área han aplicado desde décadas atrás; pero con la entrada en vigencia del tratado de Maastrich y la unificación monetaria con el euro, el plan económico para dominar a las economías más débiles tomó más cuerpo.
Decadencia, endeudamiento y desempleo
Pero además se dio una fuerte destrucción de la industria de estos países que llevó a la pérdida de la mayor parte de su capacidad productiva. En el período de 1975 a 1985, decenio en el cual se llevó a cabo la mayor parte de la re estructuración productiva, sólo en España se perdieron cerca de 820 000 empleos. Esta reducción no sólo alcanzó a España, también países como Francia (421 000), Italia (531 000) perdieron un gran contingente de empleos industriales. Los que ganaron fueron los países como los Estados Unidos, con cerca de 11 000 000 de empleos industriales y Alemania con cerca de 230 mil empleos más en la industria. Esto es una pequeña pincelada de lo que implicó la reconversión productiva en los países del sur de Europa y de la centralización de la producción industrial en los países del norte. Los empleos que se generaron después se basaron mayoritariamente en sectores como la construcción, que después de la crisis ligada a la burbuja especulativa, prácticamente despareció.
Los préstamos que dio la banca alemana a las diferentes economías del Sur fueron aumentado progresivamente, creando una fuerte dependencia del capital especulativo y la capacidad de pago de estos países.
La mayor parte de estos préstamos no fueron a las arcas del Estado como la mayor parte de los neoliberales quieren hacer  ver. En España, por ejemplo, el grueso de la deuda externa que tiene el país proviene de la deuda privada y también de las empresas semi- estatales con participación del sector privado en porcentajes variables.
Las cifras del endeudamiento público y privado hablan por sí solas y demuestran que los que están parasitando de esta crisis son los que reciben la mayor parte de los recursos, y los trabajadores y el pueblo son los que están perdiendo más, cuando no han tenido ninguna responsabilidad  en el estallido de la misma.
La deuda privada en Alemania, Francia, España, por citar algunos ejemplos, es mayor que la deuda contraída por el Estado para los servicios públicos y otras necesidades del mismo. El porcentaje de la misma con respecto al Producto Interno Bruto es de alrededor de 100% en Alemania, 243% en Francia y de 310% en España. Buena parte de esta deuda se ha sido contraída por el sector bancario que ha sido sujeto de múltiples “rescates” financieros desde el año 2008.
Esto demuestra que el sector privado ha gestionado los recursos de una manera ineficiente, si tomamos en cuenta que es el sector que más ingresos ha recibido, pero por el contrario es el sector que menos rendimiento ha dado y que ha recurrido a nuevos y jugosos endeudamientos.
Los datos al año 2010 son elocuentes. En España en ese período la deuda privada tuvo un crecimiento de 60% del PIB, Alemania del 9% (el grueso de su deuda privada aumentó en la década anterior con un 56%), Francia un 32% del PIB y Portugal con un 39% del PIB. Los porcentajes de aumento en el mismo período en el sector público reflejan otra tendencia, que es a la disminución de la misma en comparación con las década anteriores, es decir la entrada en vigencia de la austeridad que se recarga en la clase trabajadora. Así por ejemplo en España el porcentaje de aumento de la deuda en ese mismo período es de sólo un 1% del PIB, 16% del PIB en Alemania, 24% en Francia y un 45% en Portugal.
El gasto público no es la fuente de la debacle económica. Las baterías de la prensa reaccionaria y de los gobiernos se han puesto detrás de las conquistas de los trabajadores europeos como si estas fueran la fuente de todos los males. Los subsidios de desempleo, las pensiones, la educación y la salud están en la mira de los agentes del capital. Esto bajo el eufemismo de aumentar la competitividad de la zona euro con respecto al resto del mundo.  Es decir que para que los productos europeos sean competitivos tiene que darse una baja en los costos de producción, siendo éstos las cargas sociales y los impuestos que paga el capital.
El modelo alemán de producción logró avances  inusitados aplicando el congelamiento de los salarios durante una década, lo que provocó una devaluación de los mismos. Los salarios se deprecian en lugar de mantenerse. Los escuálidos aumentos otorgados por el gobierno de Merkel y los empleadores han sido producto de una suma que no compensa los años de estancamiento. Estos van de un 4,5% a un 7,5% como máximo.  Sólo en período anterior, los precios sufrieron un aumento del 2,8%, el mayor desde 2008, lo que provocó la reacción de varios sectores.
En consecuencia, la clase trabajadora europea se ve enfrentada a la mayor amenaza a sus conquistas y garantías en varias décadas. El traslado de las industrias a otros países del continente y de la misma eurozona donde los salarios son un tercio de los que se pagan en países como Francia dibuja la tendencia.
El pacto fiscal legitima la austeridad
El grueso del pacto fiscal corresponde a la imposibilidad de los estados a no tener déficits más allá del 3% del PIB, pero sobre la base de reducir la deuda pública, eliminando en consecuencia todo lo posible el gasto en educación, servicios públicos y subsidios de desempleo, al transporte público y otros que forman parte de la forma de vida de la clase trabajadora y que son importantes conquistas. Este pacto fue combatido por el nuevo presidente francés durante la campaña electoral y ha sido ratificado por los senadores franceses a mediados de este mes de octubre. Esta famosa regla de oro es la que prevé sanciones contra los países que la incumplan. Con la creación de una entidad que centralice el control de los  presupuestos, la soberanía de las naciones, sobre todo las que más dificultad tienen, queda completamente reducida.
Huelga general europea.
El año 2010 se caracterizó por una gran movilización de cerca de 100 000 trabajadores en Bruselas para protestar contra la austeridad. Las huelgas generales en varios países no han dejado de producirse y nuevas están previstas en países como Portugal. Sin embargo, como venimos insistiendo en artículos anteriores, es más que necesario enfrentar esta ofensiva de Merkel-Hollande y sus aliados de forma contundente. La manera de vencerlos es actuar unificados como lo hacen los burgueses.
Es necesario por lo tanto que las bases discutan y voten una gran movilización y paralización en todos los rincones de Europa para empezar el camino para la construcción de los Estados Unidos Socialistas de Europa. El ejemplo lo están dando los trabajadores de España, Grecia y Portugal, que van juntos a la huelga general el 14 de noviembre.

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